Almagro, un Bisonte herido

Redacción desde la ciudad de Madrid

Robustez. Potencia. Músculo. Furia. Fuerza. Cualquiera de estos conceptos se asocian a la figura de Nicolás Almagro, un jugador que se ganó, a manos de su equipo, el apodo de Bisonte por su razonable parecido. Pero ni siquiera el español ha podido esquivar la yunta para arrastrar la carga más pesada que cualquier deportista puede soportar sobre sus espaldas, las lesiones. Después de bajarse de Wimbledon, se confirmó la peor noticia: Almagro se pederá lo que resta de curso para pasar por el quirófano. Después de dos retiradas (Montecarlo y Roland Garros) y de no poder completar ni un solo partido en los tres Grand Slam del año, el murciano ha confirmado los peores presagios.

“Se trata de una lesión rara y dolorosa, pues supone el engrosamiento -con edema- e inflamación de la almohadilla plantar del calcáneo (talón)”. Son palabras de las manos que han tratado de evitar lo imposible. Juanjo Moreno, su fisioterapeuta, relataba de esta manera en TENNISTOPIC durante el Trofeo Conde de Godó el calvario que ha atravesado Almagro durante este curso. “El tratamiento que hemos seguido desde que encontramos la lesión ha sido, en un principio, antiálgico y antiinflamatorio. A partir del diagnóstico del Doctor Francisco Martínez y en consonancia con su criterio, optamos por continuar con medidas analgésicas y antiinflamatorias más fisioterapia, evitando apoyos en los entrenamientos, pero sin dejar de hacerlo para que no perdiera su buen estado de forma”.

Ni el hielo, ni los masajes. Tampoco el descanso y los días de reposo lejos de las pistas. Nada fue suficiente para salvar el paso por el quirófano en una temporada atípica. Y es que si bien en junio ha puesto punto y final a su campaña, tampoco pudo arrancar en enero. Problemas en el cuádriceps le dejaron sin poder realizar la gira australiana, perdiendo la posibilidad de defender los cuartos de final en el Abierto de Australia. Sería en febrero cuando regresaría a la competición en Viña del Mar, sobre tierra batida, su superficie fetiche. La misma que le vio tumbar por primera vez a Rafael Nadal en los cuartos de final del ATP 500 de Barcelona o alcanzar una final unas semanas antes en Houston.

Pero el yugo de las lesiones oprimió de nuevo al murciano. En Roland Garros ni siquiera pudo completar el primer set ante Jack Sock. “Son cosas con las que tenemos que convivir. No podemos hacer nada ante esto. Este año nos dieron unas vacaciones forzadas”, reconocía resignado el propio Almagro en las páginas de la revista TENIS WORLD. Tampoco llegó a tiempo para la gira sobre hierba y vio pasar el tren con dirección a Londres. “No llego a Wimbledon. Las sensaciones no son buenas. Hoy visitamos al médico otra vez y, de momento, no hay fecha para la reaparición. Lo expresaba en su cuenta oficial de Twitter el 19 de junio. En menos de diez días la decisión es irrevocable, el quirófano espera a Almagro. Pero si de algo se puede estar seguro es que el Bisonte está dispuesto a lamerse las heridas.

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