Una Garbiñe que espera

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

“Entiendo la situación” expresó Alejo Mancisidor a Garbiñe Muguruza en una de tantas visitas al banquillo de la caraqueña. Después de alcanzar en Wimbledon su primera final de Grand Slam, después de hacerse un hueco entre las 10 mejores tenistas del circuito, la hispano-venezolana volvió a competición y disputó un partido de impotencia ante la número 54 del mundo. La caraqueña, inclinada por la ucraniana Lesia Tsurenko por 7-5 6-1, cedió en un encuentro marcado por la inseguridad en el patrón, por una inusual falta de iniciativa, llegando a entregar nueve juegos de manera consecutiva antes de abandonar el torneo en el primer partido. Como si los galones renovados pesaran como el plomo Muguruza, con cualidades probadas para apartar a cualquier rival, se mostró presa de sí misma, incapaz de gobernar con fuerza los puntos ante una jugadora de muy inferior recorrido.

Así, y tras comenzar el encuentro a contracorriente (1-3 apenas abierto el partido), Muguruza comenzó a escuchar la receta. “Estás siendo muy previsible” le espetó Mancisidor apenas en la segunda pausa. “Tienes que intentar ser agresiva, acelera el juego”. Fue una versión nada fiel al espíritu de Muguruza. Una jugadora que impresiona por la alegría de juego, a la que hay que frenar de vez en cuando, convertida en una versión agarrotada. “Necesitas un poco más de agresividad” escuchó una tenista que marca el terreno precisamente por ofrecer un tenis desbocado. Como pedir fuego a un incendio. Así, y tras recuperar el terreno perdido (del 1-3 se pasó en pocos minutos al 5-3) Garbiñe se diluyó en un encuentro donde supo marcar pero no definir el juego.

Muguruza, que sacó para ganar la primera manga, desapareció del encuentro durante nueve juegos. Un letargo en el que pasó de tener dominado el primer set (5-3), a encontrarse con un encuentro perdido (5-7 0-5). “Ella sólo te esta metiendo las bolas, pero tú ni atacas, ni defiendes. De repente tiras dos palos” incidió Alejo sobre un partido jugado a tirones. “Si con bolas a media pista no subes a la red, es imposible que ganes ni a ésta ni a la 500. No te puedes ir para atrás si la bola esta alta en el cuadro de saque” insistió el entrenador sobre un patrón, el dominio de la mitad de pista, con el que Garbiñe construyó muchas de sus bazas sobre la hierba de Wimbledon. “Con 5-4 tienes tres bolas en mitad de pista y retrocedes” le recordó Mancisidor sobre el juego con el que pudo cerrar el primer set y que, sin embargo, entregó en blanco en un mar de dudas antes de ver abierto el abismo.

En Toronto, donde Garbiñe compitió con crédito renovado, una misión por delante: la necesidad de asimilar lo conseguido.

Una jornada removida

Varios fueron los nombres destacados que se despidieron de Montreal a las primeras de cambio, dejando sin opciones de continuar en Canadá a jugadoras que buscan un puesto en las WTA Finals de Singapur. Así, la rusa Daria Gavrilova sorprendió (4-6 7-5 7-5) a la checa Lucie Safarova, séptima cabeza de serie, que ha entregado tres de los seis partidos jugados desde que pisara la final de Roland Garros. Igualmente, Belinda Bencic derrotó (7-5 7-5) a la danesa Caroline Wozniacki, antigua campeona y cuarta preclasificada del torneo. Y en un duelo inédito en circuito WTA desde la temporada 2011, Victoria Azarenka apartó con contundencia (6-2 6-3) a la checa Petra Kvitova, tercera favorita y la jugadora de mayor ranking caída hasta ahora en Toronto.

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