Un inicio comprometido para Nadal

Rafael Plaza desde la ciudad de Melbourne

El asombro se mezcló con los aplausos entre el público invitado al sorteo de los cuadros del Abierto de Australia, que arranca el próximo 18 de enero en Melbourne. Ocurrió a la espalda de la fantástica Rod Laver Arena, salpicada por los tonos grisáceos de un día de verano convertido en uno de invierno. El azar deparó que Rafael Nadal se enfrentará a Fernando Verdasco en primera ronda, un duelo de altura. Ellos, que en las semifinales de 2009 consumieron 5h14m de intensa lucha en un partido que ya forma parte de la historia del torneo, se encontrarán de pronto en un arranque espinoso, lleno de recuerdos y fantasmas.

El mallorquín, que domina 14-2 el cara a cara con el madrileño, llega a ese partido impulsado por su recuperación, regenerado tras utilizar el final de 2015 para comenzar 2016 sin la ansiedad que le impidió competir el curso pasado. A Verdasco, que ha celebrado la victoria en dos de los últimos tres encuentros contra el número cinco (Madrid 2012 y Miami 2015), le toca medir la fiabilidad de esa reparación. En caso de vencerle, al balear le aguarda una ruta afable en la carrera por levantar un título que hizo suyo en 2009 (ganó a Roger Federer) y que perdió en 2012 (contra Novak Djokovic) y en 2014, cuando se quedó clavado en la espalda frente a Stan Wawrinka.

Así, y siempre que se imponga la lógica del ránking, Nadal cruzaría con Dudi Sela en segunda ronda, Jeremy Chardy en tercera, Kevin Anderson en octavos, Wawrinka en cuartos, Andy Murray en semifinales y Djokovic en la final. Salvo el número uno del mundo, que con su reciente victoria en la final de Doha le superó por primera vez en el cara a cara (24-23), el campeón de 14 grandes puede presumir de estar preparado para hacer frente a cualquiera de los otros, como confirmó con sus triunfos en la pasada Copa de Maestros de Londres ante Wawrinka y Murray, dos rivales de entidad.

Esto es lo que pasa después del sorteo. Nadal se entrena con Murray bajo las nubes mortecinas que amenazan con descargar lluvia sobre Melbourne a un ritmo de vértigo, de pelotazo en pelotazo. Casi a la vez, Verdasco hace lo mismo con Djokovic, que le obliga a esforzarse en intercambios larguísimos, llevándole de lado a lado como un limpiaparabrisas trabajando en mitad de una tormenta. Ya no hay bromas que valgan: el primer gran torneo de la temporada arranca en un par de días y el comienzo es de alto voltaje para los dos.

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