Un Abierto en llamas

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

En su victoria ante James DuckWorth (6-4, 6-4 y 6-2), Roger Federer planta los pies sobre una toalla blanca en cada descanso intentando enfriar las suelas de las zapatillas que arden a 42 grados de temperatura. El suizo, desde hoy el jugador con más presencias consecutivas en los torneos del Grand Slam (57 por las 56 de Wayne Ferreira), expuso su cuerpo al infierno de Melbourne, donde se compite al mejor de cinco mangas con una ola de calor asfixiante que llegó hoy y se quedará hasta el próximo sábado condicionando cada encuentro, y salió vivo, sin ser devorado por las llamas del averno. “Me encuentro bien. Aquí, hablando contigo”, dijo sobre la pista entre risas durante la entrevista posterior a su triunfo. Otros, sin embargo, no corrieron esa suerte. La jornada dejó seis retiradas, un puñado de desvanecimientos, unos cuantos vahídos y a una jugadora vomitando.

Todo quema en Melbourne: el cemento, las raquetas e incluso las pelotas. También los asientos del público. Nadie se atreve a enfrentarse al sol en las pistas exteriores, donde la sombra es un tesoro escondido y los espectadores se cuentan con los dedos de una mano porque no hay cuerpo que aguante un minuto al descubierto sin resoplar. El día amanece con más de 30 grados y llega a alcanzar los 44 durante algunos tramos de la jornada, pero como la humedad es baja (11%), la organización no suspende ningún partido ni decide cubrir las dos pistas principales del torneo preparadas para ello. Si se aplican, en cambio, treguas de 10 minutos, como en el partido entre Agniezska Radwanska y Yulia Putintseva, que pararon de jugar antes del tercer set durante más tiempo del establecido habitualmente y pudieron sortear las consecuencias del duro clima.

En consecuencia, fue un día lleno de bolsas de hielo y toallas empapadas en sudor. “Me dio la sensación de estar bailando sobre una sartén”, explicó Victoria Azarenka, vencedora en su estreno ante Larsson (7-6 y 6-2). La bielorrusa, con la cara roja, buscó la forma de refrescarse entrelazando los gigantescos sacos de agua congelada entre su vestido. “La raqueta quemaba hoy”, aseguró Anabel Medina después de entrenarse y zambullirse en un baño helado con Silvia Soler y Alexandra Dulgheru para combatir la ola de calor que tiene en alerta a toda la ciudad.

No fueron las únicas. Caroline Wozniacki, que derrotó a la española Lourdes Domínguez (6-0 y 6-2), vio cómo una botella de agua se derretía cuando no eran ni las 12 de la mañana. Daniel Gimeno Traver, eliminado por Milos Raonic (6-7, 1-6, 6-4 y 6-2), ayudó a un recogepelotas a sentarse en una silla tras desplomarse contra el piso y un rato después asistió al vahído de otro de niño. El canadiense Frank Dancevic se desmayó y luego se inclinó ante Benoit Paire por 6-7, 3-6 y 4-6. La china Shuai Peng acabó vomitando antes de perder 5-7, 6-4 y 3-6 con Nara. Otros, como Fabio Fognini, tomaron una decisión más radical: el italiano se bañó en una fuente sin camiseta y algunos espectadores le imitaron en distintas partes de la ciudad buscando aliviar el castigo de los rayos del sol.

“No basta con beber agua, que por si sola no es capaz de suplir las sales minerales que se pierden con el sudor. Es necesaria la ingesta de bebidas isotónicas”, explica Blanca Bernal, fisioterapeuta de Medina y Soler. “Es muy importante colocar las toallas con hielos alrededor del cuello, así como entre y sobre los muslos, justo por debajo de la cintura”, sigue, haciendo referencia a las bolsas que los jugadores usan en los descansos buscando rebajar la temperatura corporal. “Además, es importante mantener la cabeza tapada, incluso humedecer la gorra, así como la aplicación de crema de protección solar para evitar los efectos nocivos de los rayos ultravioleta”, resume sobre las protecciones básicas que los jugadores deben tomar para combatir el clima extremo.

“Mucho respeto hoy a todos jugadores y valientes que están viendo el Open… Es salir fuera un segundo y el calor te da un puñetazo tremendo”, aseguró Tommy Robredo en su cuenta de twitter. Quizás empujados por el calor, quizás físicamente heridos y agravados por las difíciles condiciones de Melbourne, Bernard Tomic, John Isner, Radek Stepanek y Julian Reister se retiraron antes de acabar sus partidos. Philipp Kohlschreiber ni saltó a pista, dando la opción al francés Stephane Robert de entrar al cuadro final como lucky loser y ganar a Bedene por 7-6, 6-3 y 6-0. Más allá fue la eslovena Polona Hercog. Sin competir desde octubre, saltó a pista para pelear contra Cornet, jugó seis puntos (0-1, 15-15) y decidió retirarse, llevándose una derrota en algo más de un minuto y un cheque de casi 20.000 euros, el premio estipulado por jugar la primera ronda de un Grand Slam. En Melbourne, de una u otra forma, las llamas lo envuelven todo.

Sobrevive La Armada femenina

Carla Suárez (6-3 y 6-2 sobre King) y Garbiñe Muguruza (6-2, 2-6 y 6-2 ante Kanepi) lograron las dos primeras victorias de las españolas en Melbourne tras las tres derrotas de ayer (Anabel Medina, Lara Arruabarrena y Silvia Soler) y la de hoy (Lourdes Domínguez). En resumen, solo quedan dos de las seis que comenzaron el cuadro final tras las dos primeras jornadas de competición.

La número 16 del mundo, falta de rodaje porque en pretemporada se sometió a una operación de codo, enseñó una buena cara en Melbourne: Carla puso en pista un 79% de primeros servicios, ganó el 76% de los puntos con ese saque y se disparó hasta los 17 ganadores, persiguiendo la agresividad que desde hace tiempo busca para asaltar el top-10.

Por su parte, Muguruza acabó con Kaia Kanepi, la número 23 del mundo, evidenciando el momento dulce que cruza tras ganar en Hobart el primer título profesional de su carrera, escalando desde la fase previa. Garbiñe, estrenando el ránking más alto de su vida en la élite (34), dejó la huella que la define como una tenista preparada para competir con garantías en el tenis moderno. De ganador en ganador (sumó 26), gobernó el partido llevando siempre la iniciativa ante una tenista con más galones que los suyos.

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