Tomic sentencia en Ostrava

José Izquierdo desde la ciudad de Madrid

El domingo llegaba al Cez Arena de Ostrava y todas las miradas estaban puestas en Bernard Tomic. El número uno del equipo australiano era un hombre con una misión. La raqueta número 38 del ránking ATP debía ser el encargado de liderar a Australia a los cuartos de final del Grupo Mundial por primera vez desde la temporada 2006. El rival que tenía enfrente era Lukas Rosol, derrotado en cinco sets por Kokkinakis en el partido que inauguraba la serie y que demostró una cierta mejoría con respecto al primer partido de la eliminatoria aunque insuficiente para hacer siquiera un set. Tomic amarraba el triunfo (7-6 6-4 y 7-6 en dos horas y 13 minutos de juego) y le daba a su nación -la segunda más laureada de la competición con 28 ensaladeras- el pase hacia la ronda de los ocho mejores. La grada aussie, con el capitán Masur y dos figuras veneradas como Roche y Hewitt, aplaudía la impecable actuación de un Bernard Tomic que está realizando la temporada más solvente de su carrera.

Con 22 años y tras varios años en los que su comportamiento dentro y fuera de las canchas ha dejado bastante que desear, Tomic parece un hombre nuevo. El oriundo de Stuttgart, que durante muchos cursos fue la gran esperanza de un circuito masculino necesitado de sangre fresca, ha visto que a nivel mundial tenistas como Dimitrov o Raonic le superaban en juego y resultados. A nivel local, tampoco los focos apuntan hacia él tras la rápida llegada a la élite de una camada de jóvenes y descarados australianos liderados por Nick Kyrgios y su lugarteniente Thanasi Kokkinakis, ya este último con una importancia capital en esta eliminatoria ante la República Checa. Sin tantas miradas dirigidas hacia él, Bernard parece jugar con más tranquilidad que nunca. Siempre fue un tenista poseedor de una inusual confianza en sí mismo. Tiene talento y sabe perfectamente cómo utilizar sus armas. Una vez entendidas sus limitaciones y después de haber experimentado un proceso de maduración física y tenística en su juego, enfrentarse a Tomic es hacerlo a un tenista que va a tejer una tela de araña en el juego del rival, maniatándole sin ningún tipo de compasión.

Por primera vez en muchos años Bernard Tomic está ganando a los tenistas que tiene que ganar. Y, de momento, perdiendo contra los que tiene que perder, como pudimos ver en Melbourne ante Berdych o recientemente en Acapulco cuando fue derrotado por David Ferrer. Si enfrente tiene un rival de ránking inferior, rara vez en este curso el bueno de Tomic se ha inclinado. En Ostrava ha vuelto a demostrar que está en un escalón superior al que había mostrado durante toda su trayectoria profesional. Los triunfos sobre Vesely y Rosol, ambos sin ceder un solo parcial, demuestran un gran estado de forma y también evidencian que va a ser una pieza vital para el equipo australiano de Copa Davis. Debutó en la competición en 2010 y de los dieciséis partidos disputados hasta la fecha, tan solo ha cedido en dos de ellos, siendo Florian Mayer y Roger Federer los únicos tenistas ante los que se ha inclinado.

Gracias a su rendimiento Australia ya está en cuartos de final. Quizá Tomic no sea la estrella que todos esperaban, pero si sigue a este nivel, su país va a ser candidato a ganar la Copa Davis. Con Kokkinakis creciendo a cada partido que disputado, contando con un Kyrgios recuperado de sus persistentes problemas físicos en la eliminatoria de cuartos de final ante Kazajistán, y con un fondo de armario que abarca desde tenistas potentes (Matosevic y Groth) hasta veteranos con hambre (Hewitt) y doblistas experimentados (Guccione y Peers), los de Masur solo pueden mirar al futuro con optimismo. Australia ha vuelto. Y esa es la mejor noticia para una competición como la Copa Davis.

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