“Todo lo que me queda es ganar, nada que perder”

Redacción desde la ciudad de Madrid

Cada golpe sobre la arcilla de Buenos Aires sirve para reconstruir la confianza del campeón. Nadal busca a Nadal en su territorio, en el escenario donde más cómodo se siente, el mismo sobre el que forjó la historia que le ha convertido en leyenda viva del tenis: a un paso de superar a Andrés Gómez con 323 victorias en arcilla e igualar a Guillermo Vilas en títulos (46) en esta superficie. Pero la raqueta no tiene memoria y el pasado no es suficiente para ganar en la pista. En cuartos del torneo argentino, el español se mide a una de las eternas promesas locales, Federico Delbonis, que está deseando demostrar por qué se colgó aquella etiqueta.

En su estreno ante otro argentino, Facundo Arguello, Rafa descubrió a Rafa por momentos. “Trabajo para que las cosas vayan lo mejor posible. Las cosas siempre son complicadas, tienen su proceso. Si no preguntadle a Juan Martín, cuando ha vuelto de lesiones, si es fácil volver y jugar muy bien desde el comienzo”, ejemplifica el manacorense ante la prensa local después de su debut. “Te enfrentas a jugadores que en general juegan contra ti con poca presión. Tú juegas con responsabilidad”. Y uno de esos jugadores sin presión es Federico Delbonis. Sólo se han cruzado en una ocasión antes en la pista (Viña del Mar 2013), en un momento en el que el número cuatro del mundo atravesaba un estado de ánimo similar.

“Es lógico que haya momentos mejores y momentos peores. No conozco más camino que trabajar diariamente para que los baches sean menores y mayores los momentos buenos”, reflexiona Nadal acogiéndose al mensaje que ha codificado el éxito de toda una vida. “Las cosas no van por mal camino, tampoco diría que de una manera fantástica desde la vuelta. Es verdad que he pasado momentos complicados. Tuve una apendicitis extraña y larga que hizo que perdiese fuerza física e incluso esa fuerza interior durante algunos momentos. Todo esto ha hecho que el físico se sienta un poco resentido a la hora de aguantar. Poco a poco lo voy recuperando”, advierte Nadal.

Sin embargo, el primer favorito en Buenos Aires no se añade más presión de la necesaria. Su palmarés habla por sí solo y poco tiene que demostrar al mundo. Aunque los resultados en este inicio de año aún no se parezcan a los que ha lucido a lo largo de las últimas temporadas. “Son muchos años los que llevo en el circuito. No me tengo que exigir ni más ni menos, tengo que hacer lo que he hecho toda mi vida: salir a la pista y dar el máximo. He hecho más de lo que hubiera soñado desde pequeño. Todo lo que me queda es a ganar, nada que perder”.

De nuevo la tierra batida argentina sirve como punto de inflexión. Hace una década, ya sirvió como punto y aparte en la carrera de Nadal. En la edición de 2005, el manacorense se marchó de este torneo con la madurez suficiente para iniciar su leyenda sobre el polvo de ladrillo. Diez años más tarde, el mallorquín pretende completar el círculo.

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