Tiempo de tierra

Rafael Plaza desde la ciudad de Madrid

Desde este domingo, Montecarlo abre la temporada de tierra batida europea con la disputa del tercer Masters 1000 de la temporada. Aunque Stan Wawrinka defiende la corona alzada en 2014 tras derrotar a Roger Federer en el partido decisivo, Novak Djokovic es el principal rival sobre la arcilla del Principado en la que Rafael Nadal escribió un capítulo de la historia tras ganar consecutivamente ocho títulos (2005-2011). Ahora, con el mallorquín en un momento de desconocida debilidad, sus rivales más importantes se frotan las manos mientras miran de reojo una copa que no está tan protegida como años anteriores.

Primer cuarto

Después de tres meses de temporada, la pregunta que vaga por el vestuario es aterradora. ¿Cuál es la distancia que separa a Novak Djokovic del resto de jugadores? Al serbio, que cerró la primera gira por Estados Unidos ganando los títulos en Indian Wells y Miami, le ha bastado el primer tramo del curso para recordar al caníbal que gobernó el circuito en 2011, celebrando 10 títulos y presentando candidatura a la eternidad. Ahora, Nole aterriza en la temporada de tierra con un objetivo bien claro: ganar al fin Roland Garros, que es el único Grand Slam que no tiene. No hay mejor preparación para París que salir de Montecarlo, Madrid y Roma rozando el sobresaliente.

El número uno, derrotado el año pasado en cuartos por Federer, abrirá su participación en el tercer Masters 1000 de la temporada ante Albert Ramos o Denis Istomin, clasificado como lucky loser tras la baja de Nicolás Almagro. En octavos, Djokovic podría medirse con Ernests Gulbis (ha perdido siete de los ochos partidos que disputado este año) o Bernard Tomic (no es un peligro importante sobre tierra) entre otros. Ninguno de ellos debería suponer un problema en la arcilla monegasca.

Marin Cilic, que solo ha jugado un partido en 2015 como consecuencia de una lesión de hombro, le esperaría en cuartos de final. El croata, sin embargo, necesita ritmo de competición para presentar batalla a los mejores. Por esa zona del cuadro, una de las más sencillas, también caminan Jo-Wilfried Tsonga, David Goffin o Mikhail Youzhny. Finalmente, Nole cruzaría en unas hipotéticas semifinales con Rafael Nadal, en lo que sería un nuevo capítulo de la rivalidad que serbio y español han escrito con letras de oro. Es el pulso de los pulsos sobre el suelo más lento del planeta: el mejor del momento contra el mejor de siempre sobre tierra. Si lo supera, solo Federer le separaría de celebrar su segunda copa en Mónaco.

Tres focos de este sector

Urgencia: Ernests Gulbis ha ganado un partido de ocho jugados en 2015. El letón, que ahora defiende un buen puñado de puntos (semifinales en Barcelona, cuartos en Madrid, título en Niza y semifinales en Roland Garros), tiene la necesidad de reencontrarse con la victoria antes de lo que le espera a la vuelta de la esquina.

Alergia: Compite protegido por el mejor ránking de su carrera (27 mundial), pero su balance en tierra batida es un agujero negro. Bernard Tomic, protagonista de un buen arranque de temporada, gana el 40% de los encuentros que juega sobre arcilla (13-19). En Montecarlo, el australiano tiene una gran ocasión para corregir el rumbo de su carrera sobre arcilla.

Continuidad: Jo-Wilfried Tsonga disputó su primer torneo de la temporada hace unas semanas en el Masters 1000 de Miami. El francés, de mazo ligero y golpes potentes, pisa la tierra monegasca para tomar temperatura y borrar el rastro de las lesiones que tantos dolores de cabeza le ha provocado durante toda su carrera.

Segundo cuarto

En crisis. Así encara Rafael Nadal su parte más importante del calendario, que comprende toda la gira europea de arcilla. En Montecarlo, donde ha celebrado ocho veces la copa de campeón, el mallorquín compite rodeado de problemas: no gana a un top-10 desde el pasado mes de junio, su único título de la temporada llegó en Buenos Aires (no cruzó con ninguno de los 50 mejores) y vive atormentado por las dudas que le rodean desde que regresó al circuito en el mes de enero en Doha. La arcilla, sin embargo, siempre ha sido el salvavidas del campeón de 14 grandes. Ahora más que nunca, Nadal necesita la ayuda de la superficie desde la que ha hecho carrera hasta tocar el infinito.

En Montecarlo, el número cinco mundial se estrenará ante Dominic Thiem o Lucas Pouille. El austríaco, emergente figura entre los mejores, podría ser la primera piedra de un cuadro muy duro, pese a que el año pasado el mallorquín le derrotó sin problemas en Roland Garros. John Isner sería su oponente en octavos, donde también podría cruzar con Viktor Troicki o Martin Klizan. Aunque la arcilla permite a Nadal contrarrestar el juego de tenistas como el estadounidense (de potente servicio y golpes directos), las tinieblas entre las que se mueve convierten a cualquier rival en un lobo de afilados colmillos.

Si la lógica del ránking se cumple, el mallorquín cruzaría con David Ferrer en cuartos, reviviendo el encuentro del año pasado. El alicantino sería un certero termómetro para calibrar el estado de Nadal en su reencuentro con la tierra batida. Luego, y como consecuencia de su ránking (cinco mundial, aunque las bajas han provocado que el español compita en Mónaco como tercer cabeza de serie), jugaría unas potenciales semifinales ante Novak Djokovic y la final ante Roger Federer. No obstante, para eso queda un mundo: Nadal necesita encontrarse primero.

Tres focos de este sector

Veteranía: A los 34 años, Victor Estrella jugará por primera vez el Masters 1000 de Montecarlo. El premio a su esfuerzo se traduce en oportunidades como la que afrontará en Mónaco: jugar con los mejores, en su superficie predilecta y soñar con dejar rastro en el primer gran torneo de la gira europea de arcilla.

Rareza: Pese a ser estadounidense, tradicionalmente sensibles a las pistas de tierra batida, John Isner no presenta unos números agrietados sobre arcilla. El gigantón de Carolina del Norte ha sumado un título sobre suelo lento (Houston), tiene más victorias que derrotas (39-38) y representa una amenaza para el resto.

Fibra: El vestuario está seguro de que Dominic Thiem es el mejor de la camada de jugadores de 1993. El austríaco, irreverente con una raqueta en la mano, cuenta con todas las condiciones necesarias para triunfar en la élite. A falta de un empujón definitivo, está en el buen camino.

Tercer cuarto

Las bajas de Andy Murray y Kei Nishikori colocan a Milos Raonic como cuarto cabeza de serie en Montecarlo. El canadiense, ni de lejos un especialista sobre suelo lento, ya avisó el año pasado llegando a cuartos de final del trabajo que está realizando para ser completo en cualquier pista del planeta. Su evolución (mejora en la movilidad, tolerancia a los intercambios largos y cultivación de la paciencia para aceptar que la pelota cruzará la red varias veces antes de botar dos veces) habla de la ambición que tiene el número seis por llegar más lejos que ningún otro jugador de su generación. A los 24 años, lo que le distingue del resto de sus perseguidores es algo tan valioso como difícil de conseguir: la regularidad que le ha permitido crecer para fabricarse un lugar en los puestos más altos de la clasificación.

Raonic jugará su primer partido en Montecarlo frente a Joao Sousa o Edouard Roger-Vasselin. Salvo inesperada sorpresa, el canadiense no debería hallar problemas en su camino hacia los octavos de final. La ronda de los 16 mejores, sin embargo, le plantearía un buen examen. Tommy Robredo, de la escuela de tenistas criados sobre arcilla, aparece como potencial rival de Milos por el pase a cuartos. Además, Marcel Granollers, Andreas Seppi o Adrian Mandarino podrían cruzarse con el número seis en ese mismo cruce de octavos.

Si lo supera, Tomas Berdych emergería como oponente en los cuartos de final. El checo, un todoterreno a estas alturas de su carrera, tiene armas suficientes para poner en apuros a Raonic, que disputaría las semifinales de Montecarlo ante Federer y la final frente a Djokovic. Casi nada en la búsqueda del primer Masters 1000 de su carrera.

Tres focos de este sector

Reedición: En 2014, Pablo Carreño fue eliminado en la última ronda de la fase previa del Masters 1000 de Montecarlo. Sin embargo, el español accedió al cuadro como lucky loser y avanzó dos rondas, siendo frenado en octavos de final por Novak Djokovic. Ahora, clasificado gracias a su ránking, el número 54 juega con ese pensamiento presente.

Alarma: Roberto Bautista sigue lejos del nivel exhibido el curso pasado. El número 15, que no ha sumado más de dos triunfos consecutivos en 2015, se acerca a la zona del año en la que más puntos deberá proteger sin que las piezas de su juego hayan terminado de engrasarse.

Experiencia: 11 años lleva jugando Tommy Robredo en Montecarlo. El catalán, al que pocos pueden ganar en pasión por el juego, vuelve a la superficie sobre la que más veces ha sonreído. Aunque el arranque de la temporada ha estado marcado por las lesiones, Robredo mira hacia el horizonte cruzando los dedos para que el cuerpo le deje competir en paz.

Cuarto cuarto

Posiblemente, su calendario de tierra batida es el más exigente de los últimos años. Roger Federer iniciará en Montecarlo una gira de arcilla que le llevará por Estambul, Madrid, Roma y París. El suizo, que perdió en 2014 la final del tercer Masters 1000 de la temporada frente a Stan Wawrinka, tiene dos metas evidentes: sumar en la Costa Azul uno de los pocos torneos de la categoría que no tiene y adquirir impulso para discutir en la superficie rojiza sobre la que ha se ha dejado una buena ristra de títulos a lo largo de toda su carrera.

El campeón de 17 grandes arrancará en Mónaco ante Jeremy Chardy o Diego Schwartzman. El francés, su verdugo en la segunda ronda de Roma la pasada campaña, tiene un arsenal para hacerle daño, aunque el duelo de 2014 en el Foro Itálico se discutió marcado por la inactividad del suizo, apartado del circuito tras ser padre por segunda vez. Aunque Alexandr Dolgopolov o Borna Coric están encuadrados en el mismo sector del cuadro que Federer, el imprevisible Gael Monfils se encontraría con él en los octavos de final.

Stan Wawrinka esperaría a Federer en cuartos en la reedición de la final de 2014. Ninguno de los dos se parece a los jugadores de 2014. Si supera a su compatriota, Milos Raonic le retaría en semifinales. Aunque el suizo ha dominado históricamente los encuentros ante el canadiense (9-1), su estilo de juego plantea un torrente de dificultades que el suizo debería rebasar para medirse luego a Novak Djokovic en la final del primer Masters 1000 de tierra batida de 2015.

Tres focos de este sector 

Novedad: Borna Coric solo ha jugado siete partidos sobre tierra batida (2-5). El joven de 18 años, que nunca ha disputado el Masters 1000 de Montecarlo, encara el desafío de hacerlo bien sobre arcilla para seguir dando pasos en su formación como tenista. De entrada, su estilo de juego debería adaptarse sin obstáculos al polvo de ladrillo.

Racha: Cinco derrotas consecutivas aparecen en el cuaderno de navegación de Fabio Fognini, que en 2014 se aupó hasta los octavos de final en Mónaco. El italiano, buen jugador sobre tierra, llega a la gira de tierra batida entre algodones y con un importante escollo en Montecarlo: le aguarda Jerzy Janowicz para empezar a orillas de la Costa Azul.

Entereza: Juan Mónaco ha dejado atrás los días grises. Tras muchos meses sin rumbo, el argentino ha escalado en la tabla (39 mundial) de la mano de sus señas de identidad. En Montecarlo, donde abrirá fuego contra el peligroso Vesely, puede recorrer una pasarela que le prepare para los siguientes torneos sobre arcilla, donde más fuerte debería hacerse.

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