Tengo 100 años y quiero jugar Wimbledon

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Madrid

Cuando Gardnar Mulloy nació, los hombres aún no habían demostrado su inhumanidad. El mundo aún no conocía sus dos grandes guerras. San Mamés, el viejo, acababa de inaugurarse. La Sirenita de Copenhague recibía sus primeros visitantes mientras en Sudáfrica Gandhi pasaba sus primeras noches en prisión. Días después nació Matias Prats Cañete, maestro de nuestro oficio.

Gardnar Putnam Mulloy nació el 22 de noviembre de 1913 y acaba de convertirse en el primer miembro del Salón de la Fama del Tenis que llega con vida a los 100 años. Y lúcido, aunque un imprescindible andador le robe la sonrisa y le haga sentirse inútil. Algo que nunca ha sido. De niño, fútbol americano y béisbol. Pero con 11 años su padre construyó pista de tenis en el patio de la casa familiar en Spring Garden (Miami) y empezó su leyenda. “Con mi padre ganamos el título del U.S. National Father and Sons’ tres veces”.

“Me encantaba competir, pero cuando crecí el tenis se consideraba un deporte de nenazas en Estados Unidos”. A Mulloy le dio igual. Nunca dejó de jugar. “El tenis es el único deporte en el que siempre estás activo: corriendo, golpeando a la bola, restando… Por eso competí al máximo nivel durante tiempo y seguí en el circuito sénior. Es un deporte maravilloso”.

Saque y red. Volea y smash. Gar vivía y vive por y para el tenis. Y eso que “cuando llegaba mi momento, empezó la Segunda Guerra Mundial, justo en la cumbre de mi carrera por edad y habilidad”. Tenía 26 años. Uno más de los que se permitían para combatir en las Fuerzas Aéreas, pero consiguió entrar en la Marina y combatió en Anzio, Salerno, el sur de Francia y el norte de África. Su heroísmo durante una batalla le reportó una medalla al honor, la U.S. Navy Medal of Commendation.

Después se convirtió en uno de los mejores doblistas de los 40 y 50, con 14 finales del Grand Slam. Ganó cinco: cuatro US Nationals (actual US Open) con Bill Talbert y un Wimbledon con Budge Patty… ¡a los 43 años! Además, sumó tres títulos de Copa Davis y continúo jugando al máximo nivel hasta 1973. ¡Jugó Wimbledon con 59 años! Y en ningún momento se planteó dejarlo. El circuito sénior fue su destino. Hoy en día la competición para mayores de 80 años lleva su nombre. Cuál si no.

¿Cómo se gana Wimbledon con 43 años? ¿Cómo se juega al tenis superados ampliamente los 80 años? Responde Tony Trabert, el presidente del Salón de la Fama y en su día rival de Gardnar en una pista de tenis: “Estaba muy en forma y lo más fuerte que bebió jamás es leche. Su pasión por el tenis continúa intacta”. “No fumo ni bebo, y presto mucha atención a mi dieta”, admite Mulloy, vegetariano por convicción.

¿Y qué piensa alguien que ha visto un siglo de tenis de su deporte? “Ha cambiado totalmente. El dinero en premios se ha disparado y hay muchos multimillonarios. Nosotros jugábamos por las migajas. Todo el mundo dice que los jugadores de ahora son mejores que los se fueron hace tiempo, pero eso no tiene ningún sentido”. Y lo argumenta: “Las raquetas, las pelotas y el desarrollo del equipamiento han cambiado el deporte. Si las generaciones del pasado, jugadores como Bill Tilden, Bobby Riggs, Jack Kramer y Rod Laver, compitiesen con el mismo equipamiento ante Nadal, Djokovic, Murray y Federer, todavía dominarían cada torneo”.

Gardnar Mulloy jugó al tenis hasta los 95 años. Colecciona 127 títulos nacionales y 25 internacionales. Lo dejó por obligación. “Si jugase hoy, tendría que hacer trampas porque no puedo mantener el equilibrio. Tengo que usar un andador”. Eso sí, si le mentan la Catedral responderá al instante. “Sin embargo, si Wimbledon me invitase a competir una vez más, estaría allí al momento”. Tengo 100 años y quiero jugar Wimbledon.

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