Samantha Stosur, 35 años de soledad

Redacción desde la ciudad de Madrid

“La presión existe porque aquí se quiere jugar bien y darlo todo. Es mi casa, mi Grand Slam”. Todos los ojos se clavan sobre sus hombros cada vez que se aproxima el inicio de temporada. La última vez que una jugadora local levantó el trofeo de campeona en el Open de Australia (1978), Samantha Stosur aún no había nacido. Han pasado 35 años desde que Chris O’Neil se convirtió en la última aussie capaz de dejar el trofeo en las Antípodas.

Christine O’Neil emuló a los grandes mitos del tenis australiano: Evonne Goolagong, Margaret Court o Nancy Wynne. Mientras Navratilova y Evert se batían por el liderato del circuito, sobre la hierba del Kooyong Club pasó a ser la primera jugadora de la Era Open que conquistó el título sin portar la condición de cabeza de serie (derrotó a la estadounidense Betsy Nagelsen 6-3 y 7-6 en la final), hasta que Serena Williams emuló sus pasos en 2007 partiendo desde el top 81. Ni los más pesimistas podían imaginar que aquel triunfo sería el último de una jugadora local, en un torneo en el que en 43 de las 53 ediciones disputadas, el trofeo no había salido de Australia.

Australia vuelve la vista atrás y sueña despierta. Lo hace de la mano de su mejor espada en el circuito femenino, Samantha Stosur. Ya en 2011 la de Brisbane logró tumbar 21 años de sequía en los Grand Slam. Y es que ninguna raqueta de su país había coronado un major desde que lo hiciese Evonne Goolagong en Wimbledon. Ahora, Sam es la encargada de portar las esperanzas de toda una nación de volver a vibrar por un éxito local. Pero está sola contra el mundo. Es la única australiana en el top 140 de la WTA. Mira por el retrovisor y tiene que retroceder hasta el top 141. Allí se encuentra Casey Dellacqua, la siguiente compatriota en el ranking.

Uno de los servicios más prodigiosos del circuito femenino, no hiere en la Rod Laver Arena. En Australia jamás ha pasado de la cuarta ronda y en las dos últimas ediciones sólo ha podido sumar una victoria. En 2013, Jie Zheng puso fin a su camino en la segunda ronda, mientras que un año antes sería Sorana Cirstea la que le obligó a despedirse en su estreno en casa. “Los últimos dos años han sido decepcionantes. Espero que esta próxima edición pueda aprender de estas experiencias y jugar mejor. Es lo que quiero hacer y sé que si juego bien tengo oportunidad para hacer una actuación decente”. Son palabras de Stosur en el Sydney Morning Herald.

Antes de la cita en el primer Grand Slam del curso, su calendario hará dos paradas en la Copa Hopman (jugará al lado de Bernard Tomic), entre el 28 y el 4 de enero, mientras que una semana más tarde hará su debut oficial en la temporada en Hobart, un torneo en el que no participaba desde 2004. La australiana estrenará, además, un nuevo rostro en su banquillo, Miles Maclagan, coach que trabajó con Andy Murray, Philipp Kohlschreiber o Marcos Baghdatis y que irrumpió en el tenis femenino de la mano de Laura Robson. “Mantiene un buen comportamiento en la pista, parece ser muy profesional. Siempre me dio buenas vibraciones. Hemos compartido mesa un par de veces, aunque todavía me queda mucho por conocerlo. Pero por lo que he visto hasta ahora, muy bien”.

Los problemas físicos en el tobillo que la expulsaron del top 10 la pasada campaña ya casi están olvidados. La australiana prepara su puesta a punto final. El sol aprieta más que nunca en Melbourne Park con la misma intensidad que la exigencia se posa sobre la raqueta de Stosur. Su objetivo está escrito: tumbar la maldición. La de los 35 años de soledad.

Descubre el perfil de Samantha Stosur: “Sammy, Steffi, Cathy y Lyme”.

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