Rublev, un personaje de película

José Izquierdo desde la ciudad de Madrid

Niño con cara de demonio. A veces rubio. A veces pelirrojo. Otro perfil precoz dotado de talento y descaro para derribar a raquetas con más experiencia y horas de rodaje en pista. Es Andrey Rublev, el tenista ruso con mayor proyección desde la irrupción de Marat Safin a finales de la década de los 90 y el gran abanderado, junto a su buen amigo Sascha Zverev, de la generación del 97. Rublev, que cumplirá 18 años en el mes de octubre, es el cuarto teenager en acceder a la segunda ronda del Masters 1000 de Miami, siguiendo los pasos de Chung, Coric y el anteriormente mencionado Zverev. El número 389 del mundo -el jugador con peor ránking del torneo- supera el debut tras entrar al cuadro final con una tarjeta de invitación y deshacerse de Pablo Carreño Busta (1-6 6-1 y 6-4 en una hora y 51 minutos), sumando su segunda victoria a nivel ATP tras la cosechada el pasado febrero en Delray Beach. En la jornada del jueves, en Crandon Park se habla mucho del joven Rublev, que comparte apellido con un famoso personaje histórico de la historia rusa que daría origen a una célebre película de los años 60.

Era 1966 y Andréi Tarkovsky, uno de los directores más influyentes de la historia del cine, estrenaba Andrei Rublev, una película protagonizada por Anatoliy Solinitsyn que narraba la historia de un monje dedicado a la pintura que llegaba a Moscú a principios del Siglo XV. La biografía del mayor iconógrafo de Rusia se convertiría con el paso del tiempo en una de las cintas más reconocidos de un genio del séptimo arte. 31 años después del estreno del film, nacía en la capital de Rusia otro Rublev. En esta ocasión llamado Andrey, con i griega, un niño destinado a convertirse en un deportista de élite. Su padre, del que heredó nombre y apellidos, era un boxeador que ha acabado siendo con el tiempo un hombre de negocios. De las mujeres de su familia heredó la pasión por la raqueta -su madre y su hermana son entrenadoras de tenis- que le convertiría años después en la gran esperanza del tenis de su país, huérfano de títulos de Grand Slams desde la retirada de Marat Safin.

Karen Khachanov (1996), cuartofinalista con 17 años en el ATP 250 de Moscú, y Roman Safiullin (1997), vigente campeón del Abierto de Australia en categoría junior, son dos de los tres tenistas con mayor proyección del tenis ruso, pero ninguno de ellos se puede acercar al nivel de expectación que levanta Andrey Rublev. Muchos periodistas españoles -entre ellos algunos de esta casa- se quedaron impresionadas con el nivel que el moscovita mostró en la final de Roland Garros Junior, dando muy pocas opciones al mallorquín Jaume Munar, que llegaba al partido por el título en un gran estado de forma pero que acabó sucumbiendo ante el empuje del talento venido de Rusia, que golpeaba la pelota con una impresionante fiereza y solidez desde todos los lados de la pista. El físico, una de las tareas pendientes de cualquier teenager, era una de las asignaturas pendientes de Rublev, pero poco a poco sus 188 centímetros de estatura se empezaron a adaptar a las exigencias del circuito profesional.

Una vez finalizada la Orange Bowl dejó atrás su etapa junior y se centró en la disputa de torneos Futures y Challengers. Antes de finalizar la temporada 2014, alzó en República Dominicana su cuarto título como profesional y preparó con calma su estreno en el presente curso. La jugada le saldría redonda al pupilo de Sergey Tarasevich, que debutaría en el prestigioso evento de Dallas alcanzado los cuartos de final y sumando ante Blaz Rola su primera victoria ante un tenista top-100. En la bóveda tejana se pudo ver a una auténtica roca en pista, con una aceleración impropia de un adolescente y con un carácter indomable que no parece conformarse simplemente con rendir a buen nivel. Rublev quiere ganar y lo demuestra cada vez que entra en una cancha de tenis. Lo experimentó Dudi Sela en Delray Beach, su segunda víctima entre los cien mejores. Y tambien Pablo Carreño ayer, que pasó a ser la tercera víctima del moscovita entre la élite del circuito, la primera en un Masters 1000. Si John Isner no conoce a Andrey Rublev, su primer rival en Miami, lo podrá conocer de primera mano en la cancha, el próximo sábado. Se estará enfrentando a un personaje de película.

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