Rambo IV

Redacción desde la ciudad de Madrid

‘Eso que usted llama infierno, él lo llama hogar’. Es una de las frases célebres de la saga de cine bélico protagonizado por Sylverster Stallone. Ese infierno está ubicado en París. Lo sufre Novak Djokovic y lo custodia Rafa Nadal. “Me entrenaré al estilo Rambo para volver al número uno. Tengo muchos objetivos para 2014 y uno grande es tratar de ganarle a Rafa [Nadal] para conquistar Roland Garros”. Desafía al número uno del mundo. Amenaza un reinado mitológico. En su casa. Es la cuarta batalla.

Mayo de 2011. Para encontrar una historia con precedentes similares hay que remontarse hasta McEnroe en 1984. Djokovic ha completado uno de los mejores arranques de temporada de todos los tiempos. En los cinco primeros meses de competición encadena 41 victorias consecutivas. Nadie puede con el de Belgrado. Hasta que se topa con Federer en las semifinales de Roland Garros. El suizo acaba con su racha (7-6, 6-3, 3-6 y 7-6) y a la larga evita que el serbio opte a completar el Grand Slam en un mismo curso (conquista Australia, Wimbledon y US Open). “Volveré el año que viene”.

Una campaña más tarde el destino le brinda una oportunidad para clamar venganza ante el propio Federer. En el mismo lugar y en la misma eliminatoria. La cita, otra vez en la antesala de la final, un coto privado al que jamás había accedido Novak Djokovic. Dos horas fueron suficientes para que el serbio sellara su billete para luchar por ser parte del selecto elenco de raquetas que presenta en su vitrina una réplica de cada uno de los títulos que conforman el abanico de Grand Slam (sólo siete jugadores lo han logrado). En la última ronda esperaba el amo de llaves de París, Rafa Nadal. El español levantó su séptima Copa de los Mosqueteros en otro duelo épico. “Volveré el año que viene”.

Y así fue. En 2013 el cuadro quiso que las dos mejores muñecas de la temporada se cruzasen de nuevo en Roland Garros. El serbio ya había mancillado el honor del español en la tierra de Montecarlo, un territorio propiedad de Nadal donde había encadenado ocho entorchados consecutivos. Esta vez, estaba dispuesto a repetir su proeza en el único gran escenario que le faltaba por conquistar. La Philippe Chatrier fue testigo de una de las mayores batallas protagonizadas por los dos colosos. Cuatro horas y media de duros intercambios. Ataques y defensas. Fuego y espadas. Escudos y lanzas. Pero la historia terminó como siempre sobre el polvo de ladrillo francesa. Nadal, aclamado como rey de París por octava vez. “Volveré el año que viene”.

Las heridas escuecen. No terminan de cicatrizar. Y el dolor sólo puede desaparecer sacando la espina que atraviesa su orgullo de campeón. Mientras tanto, la sombra de Pete Sampras, Jimmy Connors o Stefan Edberg merodea la carrera de Djokovic. Como al serbio, a estas leyendas de la ATP se les resistió París. Una plaza imposible. Un infierno de arcilla teñido de rojo. “Las derrotas en los Grand Slams fueron duras, pero nos sentamos con mi equipo para analizar como mejorar. Estoy seguro que esa estrategia ha rendido sus frutos”. Es la filosofía del luchador. Es Rambo IV. Es la vuelta al infierno.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados