Praga como cumbre

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

La continuidad de un legado o la reinserción de una potencia. República Checa y Alemania plantean la última pregunta de temporada en el tenis femenino. Con la Copa Federación como objetivo, a competir entre el 8 y el 9 de noviembre en Praga, la posibilidad de asestar el último golpe antes de resguardarse en la inactividad del invierno. El desenlace opone a dos equipos con vastas reservas de talento, capaces de armar equipos con raquetas que figuran entre las 30 primeras del mundo. Las germanas, incapaces de alcanzar una final desde 1992, buscando invadir el campo checo, habituado a los altos vuelos en los últimos tiempos. Una final plagada de perfiles de peso en el circuito femenino, con hasta cinco jugadoras que se han asomado hasta las semifinales en Grand Slam.

República Checa figura como el último equipo dominador, porque se presenta en su tercera final de los últimos cuatro años, con el respaldo de los títulos logrados en 2011 y 2012 todavía humeantes. Es el poderío de un grupo que pasó del negro al blanco. Un equipo que se asomó el abismo en Sevilla y llegó a rozar el playoff, porque ante España levantó un 1-2, salvó pelotas de set en el quinto partido pero ya no miró atrás para ganar en casa a Italia una semifinal (4-0) sin misterio. Bajo el techo del O2 Arena buscarán alargares a sólida autoridad como locales, condición que les hizo ganar las cinco series más recientes y apenas entregar una eliminatoria en los últimos nueve años. Al abrigo de la bóveda checa se espera una pista rápida como el hielo, suficiente para montarse en las fortalezas de sus puntales. Petra Kvitova y Lucie Safarova, doble campeona y vigente semifinalista en Wimbledon, sostendrán el peso del cuadro local. La número 4, solvente como pocas en series a cubierto (19 victorias en 22 partidos), respira como candidata a su tercera corona con apenas 24 años. Lucie, heroína en la final de 2012, jugada en el mismo escenario que albergará la serie y donde se echó el grupo a la espalda cuando Petra flaqueó, ha probado fortalezas donde el suelo pide ritmo. La primera convocatoria de Karolina Pliskova, a quien dos títulos en otoño han aupado hasta el top-25, parece orientada a opción del dobles. Allí, Lucie Hradecka -y Andrea Hlavackova, reunida como pareja de dobles con ésta, presente en Praga y capaz de entrar en el equipo hasta una hora antes del sorteo- cuenta con el mayor poso de toda la eliminatoria.

Alemania acude a Praga para subrayar su condición de gigante dormido, buscando una aceleración nunca antes vista en la competición de equipos más prestigiosa del mundo: alzar la corona al año después de lograr el ascenso. Y pretende hacerlo por el camino más arduo, jugando todas las series a domicilio (tras tomar Eslovaquia en primavera y viajar a Australia mitad del año). Culminarlo, además, en casa del equipo más sólido de los últimos tiempos, oponiendo una sequía de dos décadas al grupo que ha peleado por la copa en tres de los últimos cuatro años. Para ello, un golpe de timón. La capitana Barbara Rittner, miembro del último equipo campeón, ha alistado a uno de los equipos más contundentes jamás convocados, porque sus cuatro jugadoras alguna vez ocuparon el top-15 femenino. Importante en una competición donde el punto de dobles queda reservado al quinto acto. Es el engranaje total de un grupo sólido al que las lesiones habían convertido en un cuerpo desmembrado. Angelique Kerber lidera el equipo con el aval de terminar entre las 10 mejores durante los últimos tres años. Andrea Petkovic, con el título de Sofía caliente en las manos, será la principal jugadora de la serie con inercia de resultado. Sabine Lisicki, ausente en las series de 2014 pero una baza de potencia a tener en cuenta en pistas rápidas bajo techo y Julia Goerges, habitual mecanismo de dobles y convocada con más series disputadas, como último complemento.

En Praga, dos fuerzas contrarias con desenlace incierto: la solidez checa contra el ímpetu germano.

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