París se nubla de sueños

Antonio Arenas desde la ciudad de París

“No estoy muy contento ahora. El partido ha sido muy duro y la jornada para los españoles ha sido catastrófica”. Son las palabras de Enrique López-Pérez, cuyo abatido rostro denota aflicción por la derrota sufrida ante el eslovaco Mecir en la primera ronda de la fase previa de Roland Garros. Enrique, que al igual que el resto de sus compatriotas tuvo que padecer los trastornos horarios sufridos por la lluvia, ya sabe que la debacle ha sido devastadora para los intereses españoles. Tan solo Íñigo Cervantes sobrevivió ayer a una criba en la que también se quedaron por el camino Óscar Hernández, Roberto Carballés, José Checa, Rubén Ramírez Hidalgo, Adrián Menéndez y Gerard Granollers. Todos ellos tuvieron que amoldarse a circunstancias meteorológicas adversas y a rivales de diferentes estirpes curtidos bajo el brillo más liviano de un sol que se niega a comparecer.

“Cuando vienes aquí quieres jugar en las mejores condiciones, pasártelo bien e irte con las mejores sensaciones posibles. Pero por una cosa o por otra te vas mosqueado y también mojado”. Y es que París, de momento, solo sabe amanecer nublado, enterrado en las inhóspitas sombras bajo las que se cobijan en estas fechas las pistas de tierra batida más famosas del planeta. El grisáceo y lluvioso panorama afecta a todos por igual, pero el eterno idilio que España ha mantenido con el Parque de Bolonia y con la copa de los Mosqueteros pesa más sobre las raquetas patrias. “Esto es territorio español pero a la generación que venimos ahora nos falta mucho para coger a los que están”. El balance (uno de ocho) es significativo. Y más cuando Rafa Nadal acaba de sincerarse de forma franca y abierta en TENNISTOPIC al ser preguntado por la posibilidad de que se repita una generación igual de raquetas españolas.

“Nunca se sabe. No tiene pinta, pero nunca se sabe. Es complicado. Soy el más joven y tengo casi 28 años. Después viene Pablo Carreño, pero de nuestra generación soy el más joven. Y llevo 12 años en el circuito. Pablo tiene un buen nivel tenístico, y es muy buena persona, me cae muy bien, la verdad. Le deseo lo mejor, pero ¿cuántos años tiene? ¿22? No es que tenga 18 tampoco. Tiene camino por recorrer, pero tiene 22 ya. Y a los siguientes aún no les vemos. No vemos a un chico de 16 años en España. Sí, está Munar que está jugando muy bien, pero hay que ver”. En la vertiente femenina Anabel Medina superó a la local Suvrinj mientras que Lara Arruabarrena vio interrumpido su encuentro ante Dulgheru por culpa de la lluvia.

En París conviven durante la fase previa una gran disparidad de estilos, nacionalidades y culturas tenísticas. Y aunque no comparezcan todavía las primeras espadas, hay millares de aficionados capaces de convivir con el frío y las intermitentes lluvias para disfrutar de 128 raquetas masculinas y 98 femeninas (disparidad que solo es erradicada en Nueva York) que se disputan 16 y 12 plazas en los cuadros finales del segundo Grand Slam de la temporada. Probablemente algunos de sus rostros pasarían desapercibidos en la tercera semana de concurso, pero en estas fechas sus perfiles brillan con un fulgor especial bajo la amalgama de nubes que se niegan a vaciar sus asientos.

Philippe Chatrier y Suzanne Lenglen habrían querido pasearse por las pistas secundarias del club parisino, pero sus escenarios están restringidos para la élite. En la fase previa se forjan los sueños, las ambiciones y los anhelos más ilusionantes que pueda tener un profesional de este deporte. Y ni la lluvia ni el viento serán capaces de ensombrecer la más justificada de las fantasías tenísticas: disputar el cuadro final de Roland Garros.

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