Otro Djokovic

Rafael Plaza desde la ciudad de Nueva York

Fue un gesto de tranquilidad. Después de clasificarse para octavos de final del Abierto de los Estados Unidos (6-3, 6-2 y 6-2 a Sam Querrey), Novak Djokovic invitó a una niña a subir junto a él en la sala de prensa. “Tiene nueve años y ha escrito multitud de canciones”, dijo el número uno del mundo sobre Zia Uehling, una cría en el cielo mediático por unos momentos. “Es un prodigio. Una futura estrella. Y esto es una experiencia muy valiosa para ella. Hacedle una pregunta, por favor”, pidió el serbio a la prensa antes de que la pequeña explicase que escribe las letras ella misma, que además toca la guitarra y terminase cantando una canción dedicada a los niños de África. La anécdota reflejó algo más que el carácter del jugador balcánico: el Djokovic que compite en Nueva York devorando rivales (no ha entregado una manga en su camino hacia la cuarta ronda del torneo) poco tiene que ver con el Djokovic lleno de dudas que se inclinó prematuramente en los dos Masters 1000 previos.

“No estaba preparado emocionalmente para competir en Toronto y Cincinnati”, reconoció Nole. “Lo positivo de perder pronto allí es que he tenido más tiempo para preparar el último Grand Slam del año He jugado mi mejor tenis en estas pistas: cuatro finales y un título es un récord bastante impresionante. Me siento muy cómodo jugando en la pista Arthur Ashe. Y Nueva York me da mucha energía. Es un placer jugar frente a ellos. Aquí es donde quiero jugar mi mejor tenis”, avisó el serbio, que ahora peleará el alemán Kohlschreiber, vencedor 7-6, 4-6, 7-6 y 7-6 del estadounidense Isner.

“No estaba preparado emocionalmente para Toronto y Cincinnati”, confesó Djokovic

La tormenta de emociones que padeció el campeón de siete grandes amenazó con enterrarle a las puertas de la última gran prueba del calendario. ”Fueron momentos abrumadores”, recordó Djokovic. “Tuve una lesión en la muñeca durante la temporada de tierra batida que no sabía hasta qué punto llegaría, si sería un obstáculo para jugar en Roland Garros”, dijo. “Luego, perdí otra final en París contra Nadal, me recuperé y gané en Wimbledon, convirtiéndome de nuevo en el número uno del mundo”, prosiguió. “Días más tarde, me casé.  Todas estas cosas juntas son abrumadoras. Por supuesto, me dio un montón de energía positiva, pero fue algo muy exigente. Traté de disfrutar de eso y trabaje bastante bien antes de los previos al US Open. Estaba físicamente listo, pero no preparado emocionalmente”, insistió.

Ahora, Djokovic es otro. Aceptada su nueva condición de esposo y antes de ser padre, el serbio quiere dar otro bocado a la historia: conquistar el Abierto de los Estados Unidos, reafirmarse como número uno del mundo y volver a tomar la pista más grande del planeta.

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