“Nos dejaremos la vida”

Rafael Plaza desde la ciudad de París

La cita es mañana: una pareja española peleará 24 años después por el título en Roland Garros. Desde los tiempos de Emilio Sánchez Vicario y Sergio Casal (1990), no había dos jugadores de La Armada en la final del segundo grande del año. Antes de medirse con los franceses Benneteau y Roger-Vasselin, Marcel Granollers y Marc López se sientan a dialogar sobre sus inicios en la élite, el nacimiento de una amistad eterna, el camino que han recorrido juntos y la oportunidad de oro que tienen por delante.

Marcel Granollers. Nos conocimos en la federación catalana

Marc López. Sí, hace muchos años. En Hospitalet, ¿no?

M. G. Allí fue. Tú entrenabas por la mañana y yo iba por la tarde. Te veía jugar entre otros.

M. L. Compartíamos entrenamientos de vez en cuando. Lo que sí recuerdo bien fue la primera vez que jugamos juntos que fue en un Challenger en Suiza en Chiasso. Que lo tiramos.

M. G. No me tenías fe ninguna…

M. L. Creo que yo perdí mi partido individual y era un malcriado. Cuando perdía en individuales no me quedaba a jugar el dobles. Me acuerdo que nos apuntamos para ver cómo iba, perdí individual y el dobles lo tiramos.

M. G. Yo era más pequeño que tú.

M. L. Y en esa época yo jugaba mejor que tú.

M. G. Ya tirabas globos por aquel entonces >(risas).

M. L. Lo hago desde que tengo 12 años. Ya me gustaría no tirar globos y tener un revés bueno recto. El globo es una escapatoria para salvar la mierda de revés que tengo.

M. G. La verdad es que tenemos muchas vivencias juntos. Son muchos años.

M. L. Yo tengo una muy bonita contigo. En Gstaad hubo una semana que ibas sin entrenador.

M. G. Te contraté como entrenador esa semana.

M. L. Ni jugamos el dobles juntos porque estabas un poco tocado y solo jugaste individual. Yo jugué con Guillermo García López, perdí en segunda ronda y la semana siguiente jugábamos juntos el dobles. Así que me quedé contigo haciendo de entrenador. Me encantó la experiencia porque ganaste el torneo. Viví una situación nueva para mí: estar ahí sufriendo. Siempre sufro, pero ahí lo hacía un poco más porque me mirabas y yo te decía dónde creía que tenías que sacar. Fue algo gracioso, pero lo recuerdo con mucho cariño porque me mirabas con fe.

M. G. Claro. Eres una persona en la que confío. Ves el tenis muy bien, me conoces mucho, sabes cómo juego y lo que puede estar pasando por mi cabeza en cada momento. Y analizas genial a los rivales. Me gusta que me digas cómo crees que debo jugar.

M. L. ¡Y ganaste aquel torneo! Y con victorias importantes: derrotaste a Verdasco, a Wawrinka…

M. G. El tenis desde la grada se ve distinto

M. L. Se ve mucho más fácil, pero desde fuera también se sufre más. Dentro eres el que decides, el que está en la grada…

“Somos de sufrir bastante”

M. G. Se sufre de forma diferente.

M. L. Somos de sufrir bastante nosotros dos. El tenis se ve mucho mejor desde fuera, pero como somos jugadores, sabemos que es difícil. Mil veces me han dicho: “Aprieta la bola. ¡Valiente!”. Y cuando estás dentro no lo ves. Yo siempre he preferido meterla dentro si no lo veo claro. Al menos doy la opción a que me la gane el otro o a que la tire fuera. No sé si es acertado o no, pero das la oportunidad. En vídeo lo hemos visto muchas veces.

M. G. Mil veces. Haces alguna jugada errónea en el partido. Ayer mismo. Estábamos 6-3 y 0-1. Le estábamos sacando mucho al revés de ellos y me dijiste con 15-30: “¿La ves a la t?”. Y te digo: “Sí, la veo”. Y le hago un saque directo.

M. L. Y con 30-30, que siempre sacamos al revés, haces un saque abierto y ganas el punto.

M. G. Y luego me preguntas: “¿La vuelves a ver a la t?”. Te digo sí. Le pega a la cinta, nos hacen break y con 0-3 me dices: “Joder con la decisión”. Sí, pero con 15-30 hemos dicho de ir a saco con esto.

M. L. A toro pasado es muy fácil.

M. G. Sí, pero hay veces que dices, ¿por qué no le he sacado ahí?

M. L. Normalmente soy yo el que no me mete una bola dentro, pero tenemos un juego que aún jugando muy mal, las metemos. A veces no basta con eso a estos niveles. Tenemos una manera de jugar, yo más que tú, que aunque lo esté haciendo muy mal paso la bola, pero a veces hay que meterla con intención. Yo he nunca he salido de la pista diciendo que habíamos perdido porque tu no habías metido una.

M. G. Siempre hay veces que uno está mas inspirado que el otro ese día, pero nos acompañamos.

M. L. No se puede ganar un dobles solo, pero yo el partido contra los Bryan lo he visto entero, porque tengo el vídeo y…

M. G. Yo no sé cómo ponerlo (risas). Me han dado tres partidos aquí y no sé ponerlos en el ordenador.

M. L. Lo que te decía. Contra los Bryan tú jugaste una barbaridad. Yo también lo hice bien, pero a veces juegas así porque tu pareja te lo facilita. El otro día con los Bryan me pusiste las cosas muy fáciles para que yo jugase bien.

M. G. Me decías: “Es el mejor partido que has jugado conmigo”.

M. L. Fue un partido redondo. Yo creo que pasamos por encima en algunos momentos del partido. No es que ganas porque ellos te lo entregan. Los puntos importantes jugamos muy valientes. Tú lo restaste todo y te moviste muy bien en la red. Sacamos bien los dos. Ganar a los Bryan de la manera que lo hicimos… diría que medio fácil. Es que fue 6-4 y 6-2. Y no es lo mismo cuando voy a restar ir 15-0 que ir 0-15, 15-30 o 30-40, por ejemplo. Ese día restaste muy bien, los Bryan me la tiraban a mí y después de un resto tan bueno…

“El partido contra los Bryan fue redondo, les pasamos por encima en algunos momentos”

M. G. Pero ahí eres tú el que va…

M. L. Sí, pero porque tú has restado bien. La bola no me llega a huevo si no restas bien. Fue un partido muy completo. También me ha pasado alguna vez jugando con Rafa [Nadal]. Recuerdo las semifinales de Indian Wells…

M. G. En 2012, ¿verdad? Siempre me lo dices.

M. L. Ese partido contra Matkowski y Fyrstenberg lo ganamos 6-2 y 6-0. Y te juro que tenía la sensación de no haber hecho absolutamente nada. De lo mínimo: meter mi saque y alguna bola de resto, pero esto pasa muy pocas veces. Está claro que un dobles no lo puedes ganar solo.

M. G. Está claro. Y está claro que si los mejores se entrenasen podrían plantar cara a los de arriba. Rafa, por ejemplo.

M. L. Si se entrenasen… si juegan un partido esporádico es difícil, pero si Rafa se entrenase y jugase cada semana el dobles podría ganar a cualquiera. Si yo he llegado a ser el número tres del mundo…

M. G. Tirando globos…

M. L. ¡Imagina Rafa! Me viene al revés, tiro globos y así he llegado a ser el número tres. Nadal que mete ganadores desde todos los lados. ¿Cómo lo ves?

M. G. Venimos de un año complicado, aunque 2013 no fue nada malo.

M. L. Para nosotros 2013 fue un año bastante bueno. Volver a clasificarnos para la Copa de Maestros, que era nuestro objetivo cuando empezamos el año, lo valoramos mucho.

M. G. Acabamos siendo la quinta pareja de la temporada.

M. L. Tampoco somos una pareja tan consolidada como para dar por hecho que vamos a ir a la Copa de Maestros y que si nos clasificamos los últimos no vale para nada. Empezó 2013, después de un año casi irreal, porque casi todo lo que jugamos llegamos a rondas finales, e hicimos semifinales en Australia. La gente me decía: “¿Qué os ha pasado?”.

M. G. Las expectativas estaban muy altas.

M. L. Demasiado altas.

M.G. Y no es fácil.

“Las expectativas estaban demasiado altas después de ganar la Copa de Maestros”

M. L. No me fui tocado de la Copa de Maestros tras perder en la fase de grupos, me fui tocado porque no jugamos bien. El primer partido contra Marrero y Verdasco lo jugamos muy mal. Perdimos fácil.

M. G. El segundo partido no lo jugamos mal.

M. L. Lo perdimos en el super tie-break contra Peya y Soares, que hicieron un año como el nuestro en 2012. Y después ganamos a Paes y Stepanek. Si lo analizas, solo has hecho un partido malo que es el primero. ¿Me voy decepcionado? Sí, porque cuando vamos a Londres es para intentar al menos pasar la fase de grupos e intentar defender el título, pero es muy difícil volver a repetir lo que se hizo. Es como si Marrero y Verdasco van este año a la Copa de Maestros para volver a ganar. Es muy difícil.

M. G. ¡Paes no ha ganado nunca una Copa de Maestros!

M. L. Y no sé cuántos años lleva clasificándose. Y ha ganado muchos torneos del Grand Slam. Y decía que su objetivo antes de retirarse era ganar una Copa de Maestros. Es que a lo mejor se ha clasificado 15 veces y no ha ganado ninguna vez. Y nosotros vamos la primera vez y nos traemos el título. Y Marrero y Verdasco van la primera y ganan. Esto es atípico. Es algo que no pasa. Aunque con Marrero y Verdasco

M. G. De todo un poco. Realmente, las veces que hemos jugado nos superan también de juego. Es un partido complicado para nosotros, pero ellos tienen un tipo de juego que nos molesta mucho.

M. L. Y casi siempre que hemos jugado nos han jugado muy bien.

M. G. Nos han ganado siempre bastante fácil.

M. L. Menos un año en Montecarlo que perdimos en el super tie-break, el resto de partidos los hemos perdido así.

M. G. Es que son una pareja muy buena. Sacan muy bien los dos y desde atrás son de las mejores parejas del mundo. Lo que nosotros hacemos bien, contra nosotros ellos lo hacen todavía mejor. Al final es lo que hablamos, en Australia parecía que hacer semifinales en un Grand Slam es lo normal. Y no es lo normal.

M. L. Para Nadal sí es lo normal, pero para nosotros estar en semifinales de Australia es un éxito.

M. G. Es hacer un grandísimo torneo.

M. L. ¿Dónde hay que firmar? ¿En qué papel firmamos? En 2013 no ganamos ningún torneo, pero hicimos semifinales en Australia, en Cincinnati…

M. G. En tierra no jugamos tan bien, pero acabamos siendo la quinta pareja del mundo. Digo como tú: ¿Dónde hay que firmar si alguien nos dice que terminaríamos así a principios de 2012? Yo este año habría firmado llegar a semifinales de Roland Garros con los ojos cerrados.

M. L. Yo habría firmado cuartos de final.

M. G. Después de la temporada que veníamos haciendo lo habríamos firmado. Ganamos el primer partido y te dije que había que valorar la victoria porque veníamos sin jugar y ganar un partido aquí era importante. Estábamos necesitados. Si aquí nos vamos a la calle el primer día y viendo que la hierba no es nuestro fuerte, después tendríamos que haber hecho dos torneos increíbles en Stuttgart y Hamburgo porque no habríamos podido entrar juntos en el cuadro de Toronto y Cincinnati. La final nos viene en el mejor momento posible. Nos da tranquilidad y hacer esa gira juntos. En el Abierto de los Estados Unidos sí que entramos, pero en Toronto y en Cincinnati si aquí hubiésemos perdido en primera o segunda ronda… nos habríamos ido al 40 del mundo. Y no entramos en los Masters 1000.

“Llegábamos necesitados a Roland Garros después de la temporada que veníamos haciendo”

M. L. Y ya no podríamos ni defender los puntos del año pasado.

M. G. Era una situación un poco incómoda.

M. L. Ya sabes que si algún día nos separamos será porque no quieras jugar conmigo. Estoy encantado de jugar contigo. Siempre he querido hacerlo, desde que tu pareja era Robredo. Eres el compañero ideal que cualquier jugador puede tener. Es muy duro para ti jugar individuales y dobles. Cuando te vayas haciendo mayor veremos…

M. G. Jugaré solo el dobles (risas). Hoy hemos firmado en la cámara tras ganar y hemos puesto: “Marc y Marcel forever“. Veníamos de un año complicado y es para decir que estamos aquí, que seguimos con ilusión por jugar y hacer buenos resultados.

M. L. En la final de un Grand Slam. Ahora mismo no soy consciente del partido que es. Más que pensar en los últimos españoles que llegaron a una en Roland Garros, es una barrera. Habíamos hecho dos semifinales. En la primera me lesioné yo en el primer set en el Abierto de los Estados Unidos. No pude vivirla ni optar a nada. Y encima era un partido abierto porque ese año estábamos jugando genial. Contra Stepanek y Paes, 5-5, 15-15 y me hago una rotura del gemelo otra vez. Y la del 2013 en Australia fue un partido muy feo. Jugamos mal, muy tensos. Estar en una final de Grand Slam es que es muy difícil. Va a ser un partido muy tenso porque ganar o no ganar es muy importante.

M. G. Cambia mucho, claro.

M. L. Igual no llegamos nunca más a una final de Grand Slam. Hay que intentar ganarla. Ojalá podamos ganar. A disfrutar del momento.

M. G. Pero no vamos a hacer nada distinto a lo que llevamos haciendo en los últimos días para prepararnos.

M. L. Cenaremos juntos y en el club estaremos con nuestros entrenadores, con Albert Costa, con Carlos Moyà. Y tomaremos mucho café, eso sí.

M. G. Seguimos con lo que nos ha inculcado nuestro entrenador: café, café y café.

M. L. Entrenaremos una hora al día, un poco de gimnasio, un poco de fisio y poco más.

M. G. La verdad es que hay momentos duros, momentos que no son fáciles como jugador, pero hay que aprovechar estas ocasiones al máximo. Jugar, y más como lo estamos haciendo aquí, son experiencias inolvidables que cuando dejemos de de competir las echaremos muchísimo de menos.

M. L. Afrontaremos la final como un partido más. No puedes hacer nada diferente. Calentaremos, nos activaremos y jugaremos cada punto como si nos fuese la vida en ello. Y por supuesto intentar disfrutar de la final. Hay que llevar los nervios de la mejor forma posible. Ojalá ganemos.

M. G. Si estamos en la final tenemos nuestras opciones de ganarla. Aunque parezca que está cerca, aún está muy lejos. Nos queda un partido difícil y con tensión que tendremos que jugar muy bien para poder tener nuestras opciones. Que lo vamos a intentar con el alma no hay ninguna duda.

“Vamos a intentar ganar la final con el alma”

M. L. Por encima de todo, nos llevamos genial. Tú eres muy buena persona, siempre estás disponible cuando lo necesito. Eres un amigo de toda la vida con el que me voy a ir a cenar cuando todo esto acabe. Es una amistad eterna. Y estás haciendo una carrera increíble como jugador, que no es fácil. Al máximo nivel en individuales y al máximo nivel en dobles. Siempre digo que Rafa es un ejemplo a seguir, pero tú en otra escala eres un ejemplo a seguir. Eres muy trabajador, siempre entrenas y juegas dándolo todo en cada torneo. Valoras y sufres lo que es el tenis. Sin tener un juego espectacular como el de Rafa, consigues unos resultados muy buenos. Y esto es complicado. Si sacas un huevo y tienes una gran derecha es más fácil ganar. Pero con tus armas tú ganas a base de huevos y de sacrificios.

M. G. Yo siempre te he tenido para todo. Lo que decías antes de Gstaad es un ejemplo entre muchos otros. Esa semana perdiste el miércoles o el jueves, sabías que estaba sol y que era importante para mí y te quedaste esos tres días. Ejemplos así dicen mucho de un amigo. Me ayudas a tomar decisiones. Si jugaras aquí le darías mucha guerra a más de la mitad del cuadro.

M. L. Es una leyenda esto…

M. G. No, porque juegas el Conde de Godó, pasas siempre la previa, ganas a jugadores del top-100 y le das sustos a todo el mundo. Tienes mucha mano y eres muy inteligente en la pista. Es fácil jugar contigo.

M. L. Estoy pensando cuando saco y me pongo en tu piel… (risas)

M. G. Tienes que seguir mucho tiempo más que eres un júnior en el dobles aún. Tienes solo 32 años.

M. L. Algo que prometer algo si ganamos.

M.G. Nuestros entrenadores no cumplieron en Londres.

M. L. ¿Raparme o tirarme en paracaídas?

M. G. ¿Otra vez? Algo hay que hacer.

M. L. Regalamos las camisetas firmadas, una que hayamos usado en la final, y que las sorteen.

M. G. Prometido queda.

M. L. ¡A disfrutar de la final!

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