“Nadie es imbatible”

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

La sorpresa fue tal que el estadio quedó en silencio. Novak Djokovic cayó eliminado a manos del checo Jiri Vesely (6-4 2-6 6-4) en su primer partido de Montecarlo. El serbio, vigente campeón del torneo y principal aspirante a la corona tras un arranque de curso espléndido, se dio de bruces con una realidad evidente en el deporte aunque casi olvidada en su sistema: ningún hombre es invencible. Así, y tras embocar la puerta de salida en el Principado, apenas a unos metros de su residencia, el de Belgrado dejó una grieta: perdió un debut 46 torneos después, algo inédito desde que Grigor Dimitrov le acorralara en una noche intensa en la Caja Mágica de Madrid durante la campaña 2013; cedió por primera vez un partido completo en 2016, habiendo resuelto los primeros 28 partidos del curso que pudo terminar; y perdió el primer partido sobre tierra batida de la temporada, un resquicio al tomar contacto con la superficie en que abordará su gran objetivo actual.

“Es una prueba de que nadie es imbatible”, asumió el número 1, que no era derrotado sin retirada desde la pasada Copa de Maestros. “He perdido muchos partidos a lo largo de mi carrera, no es la primera vez. No es sencillo aceptar la derrota, pero debo felicitar a mi rival. Ha jugado con mucha solidez, ha sacado muy bien y tácticamente con orden y agresividad. Hay muy pocas cosas que pueda destacar de mi partido”, señaló el serbio tras firmar un partido tembloroso, viendo devorado su segundos servicio (Vesely controló el 59% de los puntos librados con ese golpe), desajustado su punto de mira (cometió 34 errores no forzados) y romo de soluciones cuando trató de abandonar el fondo de pista, gobernando apenas 13 de sus 25 aproximaciones a la red – una tortura.

“He sentido bien la pelota en los entrenamientos, pero no he notado esa frescura todo el tiempo. En algún momento esto tenía que suceder. Todo ocurre por una razón. Voy a tener más tiempo libre ahora. Necesito descanso físico y mental”, indicó el serbio, que apenas tomó dos días libres desde el comienzo de 2016 y que afrontará un período de descanso antes de retomar la competición. Mentalmente el tiempo de descanso me va a servir. Han sido cuatro o cinco meses duros y necesito recuperarme. Nunca te gusta perder y pensar que eso te va a ayudar en el futuro. No tengo esta manera de pensar. Roland Garros es el gran torneo en tierra. Me encanta jugar en Montecarlo y es decepcionante perder en lo que de alguna manera es mi casa. Entreno en estas pistas, llevo viviendo aquí ocho o nueve años. No ha resultado como deseaba pero en deporte debes aceptar estas cosas”.

Fue la primera herida de un jugador intocable en 2016, capaz de coronar todos los grandes títulos ofrecidos hasta ahora en el curso (Australia, Indian Wells, Miami), con la ambición suficiente para seguir remando. “He tenido un increíble comienzo de temporada. El partido de hoy no afecta a mi preparación para los próximos torneos. Todavía tengo confianza y aún siento que estoy jugando el mejor tenis de mi vida. Simplemente voy a descansar, a veces es lo que uno necesita. Volveré a las pistas de entrenamientos, me ajustaré a esta superficie que es distinta a cualquier otra y espero poder tener un mejor nivel en el siguiente torneo”.

En Montecarlo, donde la pelea por la tierra batida se pone en marcha, una revelación: hasta el primero de la lista es de carne y hueso.

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