Nadal y Thiem: viejos conocidos

Javier Méndez desde la ciudad de París

Pocos dudan de que ha nacido una nueva rivalidad en tierra batida. Y esta temporada los cruces han alimentado la teoría. Por cuarto torneo consecutivo, Rafael Nadal y Dominic Thiem vuelven a citarse en una pista de tenis frente a frente: Barcelona, Madrid, Roma y París. Siempre un intenso cara a cara teñido por el polvo de ladrillo, que hasta ahora domina el español por 4-2. El origen del pulso se remonta hasta un 29 de mayo de 2014. Tres años después, se citan en el mismo escenario, la Philippe Chatrier, por una plaza en la final de Roland Garros. Presente contra futuro. Maestro y aprendiz. “Thiem es un jugador llamado a ganar este torneo”, asegura el nueve veces campeón en París. “El viernes me voy a enfrentar al rival más duro aquí”, responde el aspirante.

Thiem no esconde su candidatura, tras borrar de la Suzanne Lenglen al vigente campeón Novak Djokovic, endosándole un rosco en el tercer set. “Es un jugador que está en una progresión importante, llamado a ganar aquí, pero esperemos que no sea este año”, bromea Nadal. “He jugado contra él tres veces y es un partido fácil de analizar: o juegas bien o te vas para casa. Si juego bien, tendré opciones, si no, no”. Así de simple. El manacorense asume una realidad indiscutible. Enfrente tendrá al único jugador que ha conseguido inclinarle en tierra batida esta temporada, en los 23 partidos que ha disputado (22-1).

“Tengo que jugar con intensidad alta y hacerle sentir que no juega fácil, que va agobiado. Así mis opciones van a aumentar”, asegura el español. “[Thiem] es un jugador que pega extremadamente fuerte a la pelota, potente en general, en el servicio, el revés, la derecha… se tira encima de la bola, tiene un potencial para pegar muy fuerte y deja pocas opciones”, continúa analizando sobre el austriaco de 23 años. “Soy consciente de que hay que jugar largo, en posiciones incómodas para él. En Roma quizás no tuve mi mejor día, pero él jugó a un nivel muy alto. Golpeó muchas veces en posiciones cómodas, si ocurre lo mismo, tendré los mismos problemas”.

Lo cierto es que el austriaco comparte con Nadal la cifra de 22 victorias en la superficie más lenta esta temporada, lo que les ubica como los líderes de triunfos sobre tierra batida en 2017. Además, Thiem llega a la cita después de defender las semifinales que firmó el pasado curso. “Es genial para mí estar en semifinales de nuevo, haberlas defendido”, advierte el discípulo de Günter Bresnik. “Va a ser el cuarto partido contra él, en cinco o seis semanas. No hay secretos”. Se conocen a la perfección y, a pesar de su última victoria, el No. 7 del mundo no olvida un martirio que le condenó en las finales de Barcelona y Madrid: “Su derecha es uno de los mejores golpes que existen en el tenis”.

Y esa derecha es termómetro indiscutible de un estado de forma excepcional. Del máximo favorito a levantar su décima Copa de los Mosqueteros. Pero aún quedan dos pasos, probablemente los más duros. “Fantástico. Que se hable eso de mí es muy buena noticia, sólo puedo decir gracias a la gente que lo dice. Pero el que juega soy yo, lo que se habla desde fuera de poco sirve si yo no respondo en la pista. Esto no son matemáticas”. Este viernes, dos viejos conocidos vuelven a retarse.

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