Nadal no tiene prisa

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

El debut fue tan recto que en la celebración una de las pelotas terminó fuera del estadio. Rafael Nadal comenzó la gira europea de tierra batida con la tranquilidad del día a día, derrotando (6-3 6-3) al británico Aljaz Bedene en una tarde tranquila y asegurando la continuidad en uno de sus torneos más adorados. En Montecarlo, a orillas del mar Mediterráneo y al abrigo de un club histórico, el balear regresó a su superficie predilecta buscando la continuidad en un nivel mejorado. Y lo hizo con varios puntos positivos: firmó un partido con ventaja permanente, alejado de la ida y vuelta experimentada en cada choque sobre el barro sudamericano;  se citó en la siguiente ronda con el austriaco Dominic Thiem, dándose la oportunidad de medir su temperatura ante uno de sus verdugos del año; y salvó el siempre incómodo primer peldaño, suficiente en una jornada que vio cómo el intocable Djokovic caía derrotado.

“Siempre hay margen de mejora”, declaró el balear ante la prensa. “Obviamente, mi nivel de entrenamientos ha sido superior al del partido. Pero creo que he jugado bien por momentos. Es el primer partido y es importante haber clasificado, especialmente tras lo ocurrido en Miami. Estamos de nuevo en el primer encuentro. Soy consciente de que debo mejorar mañana. Tengo confianza porque he estado entrenando bien estas semanas. Veremos si soy capaz de jugar de la manera en que vengo entrenando. Mañana jugaré un partido duro ante un rival complicado”, señaló sobre Thiem, capaz de derrotarle sobre la arcilla en Buenos Aires semanas atrás.

“Es un gran jugador y está teniendo una gran temporada” expresó sobre su rival, el hombre con más triunfos de la temporada (29) en el circuito. Probablemente la tierra batida sea la mejor superficie para él. Espero un choque igualado. Sé que tengo opciones y que debo jugar a buen nivel. Necesito hacerlo y voy a intentarlo” incidió. “Tiene un gran servicio y una buena derecha. Tiene todos los golpes. En Argentina logró derrotarme. Estuve cerca de ganar, con punto de partido. Sé lo que tengo que hacer. Pero hacerlo no es tan sencillo”.

Con la oportunidad de seguir sumando partidos, el balear descartó la idea de ponerse una meta en el horizonte. “No tengo expectativas. Juego cada día y de eso se trata. No me detengo a pensar en lo que debo esperar, es algo que jamás me ha preocupado. Juego mi tenis, lo hago a mi manera. Por el momento estoy en la tercera ronda de Montecarlo, es todo lo que sé ahora mismo. No me preocupan el resto de asuntos. Voy a dar lo mejor de mí, voy a jugar para lograr el mejor resultado posible, pero no sé qué va a ocurrir”, señaló poniendo el foco en la receta del trabajo diario. “Si digo que soy optimista no va a cambiar lo que suceda mañana o en las próximas semanas. Si soy optimista o pesimista es algo personal. Sé cómo estoy entrenando, veo cómo estoy trabajando. Después, necesito hacerlo bien en competición. Creo que estoy preparado para jugar bien, veremos si soy capaz de hacerlo en competición”.

La regularidad como pauta para el campeón de 14 grandes,  un jugador que ha ganado dos de cada tres partidos en la temporada 2016. “La confianza viene con las victorias. La gente que afirma tenerla sin ganar probablemente miente al decir eso. Yo necesito más victorias para sentirme con confianza al 100%. Incluso con muchas victorias nunca la he sentido plenamente” reconoció. “La confianza es un resultado de jugar y hacer las cosas de forma correcta cada día. La confianza” siguió el mallorquín, dando forma a un estado ideal para la estabilidad de un deportista “es jugar varias semanas seguidas al nivel adecuado. No se trata de algún día suelto. Indian Wells fue positivo en este sentido porque me enfrenté a grandes jugadores y fui capaz de subir el nivel durante toda la semana. Tenía confianza en Miami, pero pasó lo que pasó. Obviamente tras Indian Wells estaba más convencido que antes del torneo. Esto es la confianza en el deporte. Es una combinación de buen nivel y victorias”.

En Montecarlo, donde la gira de tierra batida sitúa a los jugadores en las faldas de la montaña, una misión evidente para Nadal: mantener el orden intacto para optar a la escalada.

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