Murray y el Grand Slam maldito

Carmen Romero desde la ciudad de Madrid

Andy Murray tenía un sabor agridulce en su paso por el primer Grand Slam del año. Hoy se ha vuelto muy amargo. Otro fracaso más, el cuarto. Ha perdido de nuevo en la final. Es el grande en el que más veces ha conseguido llegar al último partido sin éxito. A Murray le falta rematar en Melbourne.

Se agota otra oportunidad más para el británico de llevarse el grande. Al escocés le falta determinación y fuerza mental para brillar entre los mejores. Esta vez quien lo hizo fue de nuevo el número uno, el jugador que conjuga a la perfección siempre potencia física y férrea mentalidad. Es la tercera vez que Djokovic le gana el título a Murray.

Hoy el número seis ha conseguido un récord, pero no del que se pueda sentir orgulloso. Es el primer jugador de la historia que pierde cuatro veces en la final del Abierto de Australia. Desde 2010 únicamente se ausentó dos veces de la última ronda: en 2012 y 2014. El resto de años ha hecho el mismo recorrido, excelente, pero sin poder rematar. En todas las finales consiguió tener buenos momentos en los que puso contra las cuerdas a sus rivales, pero sin ser capaz de mantenerse así durante todo el partido. Los altibajos completamente opuestos del británico hacen imposible que se convierta en el campeón de Australia. Tan pronto está brillante como errático. Y si se mete profundamente en un pozo de fallos es muy difícil que consiga salir a la superficie, menos aún teniendo a los mejores del mundo al otro lado de la pista.

En 2010 conseguía por primera vez alcanzar la final del torneo, con 22 años. Hasta semifinales no perdió un solo set. Tras eliminar a Kevin Anderson (6-1, 6-1, 6-2), Marc Gicquel (6-1, 6-4, 6-3), Florent Serra (7-5, 6-4, 6-1), John Isner (7-6, 6-3, 6-2), Rafael Nadal (6-3, 7-6, 3-0 r) y Marin Cilic (3-6, 6-4, 6-4, 6-2), se encontró con Roger Federer en la final, entonces número uno. Andy había tenido un camino más que deseable hasta el último partido, pero le esperaba la peor opción para conseguir el título. El escocés no pudo plantar mucha batalla. 6-3, 6-4, 7-6 para el suizo en dos horas y cuarenta minutos de partido. Hay que decir a favor del británico que tuvo cinco bolas de set, salvadas por Federer, y atrasó la victoria del suizo en dos bolas de partido, pero no pudo con la tercera. Aquel día el entonces número uno fue muy superior.

Tras la primera final fallida, Murray dejó la sensación de ser un buen aspirante al trono mundial del tenis, pero con muchas cosas por mejorar. Sin embargo, cualquiera diría convencido que el escocés tendría más oportunidades en Melbourne que sabría aprovechar, quizá con algo de más edad, pero esto se acabaría convirtiendo en una verdad a medias.

En la siguiente edición de 2011 siguió el mismo camino a comienzo de temporada. Dejó atrás a Karol Beck (6-3, 6-1, 4-2 r), Iliá Marchenko (6-1, 6-3, 6-3), Guillermo García López (6-1, 6-1, 6-2), Jürgen Melzer (6-3, 6-1, 6-1), Aleksandr Dolgopolov (7-5, 6-3, 6-7, 6-3) y David Ferrer (4-6, 7-6, 6-1, 7-6). En la última ronda le esperaba Novak Djokovic, el gran aspirante a interrumpir la rivalidad Nadal-Federer que dominaba el circuito, además de hacerse con el número uno mundial. Entonces el serbio ocupaba el tercer puesto en la clasificación y el británico el quinto.

Era la primera vez que se enfrentaban en un Grand Slam. Ese partido fue el que marcó las pautas de las otras dos finales más que Murray alcanzó en Australia. Ambos eran fuertes promesas del circuito, dispuestos a que se oyera su voz reclamando que las miradas se posaran también en ellos porque querían su hueco en la historia. Tenían la misma edad y las mismas ganas, pero distinto perfil y palmarés. Nole ya había ganado en Australia. Andy volvía a intentarlo tras el fracaso del año anterior. Su recorrido hasta la final de nuevo fue muy bueno. Australia era uno de los torneos donde el británico jugaba mejor, pero otra vez tocaba subir el último escalón, el más alto.

De nuevo tras dos horas y cuarenta minutos, Murray se despedía de Melbourne sin conseguir la última victoria. 6-4, 6-2, 6-3 para Djokovic, y segunda corona. El primer set indicó el resultado del partido. Un solo break en el décimo juego le hizo falta al serbio para llevarse la manga. Hasta ese momento Murray había mantenido el tipo con garra, pero ahí se vino abajo. Su saque comenzó a fallar, metiéndose en el bucle de desaciertos. En el segundo set el bajón fue evidente. Todo parecía indicar que Novak le dejaría a cero, pero los dos juegos que se llevó hacia el final de la manga le dieron un poco de aire para encarar la tercera. Algo tarde para reaccionar. En el tercer set se recompuso mentalmente, pero el cuerpo no le respondía. No era capaz de conjugar cabeza y físico para jugar sólido. El serbio no lo desaprovechó y supo ser mejor.

En 2012 perdió de nuevo contra Djokovic, pero esta vez en la penúltima ronda, una final anticipada. En la edición de 2013 de nuevo ambos jugadores estaban en partes opuestas del cuadro y solo podrían cruzarse en la final, lo que volvió a ocurrir. Entonces el serbio ya era número uno y Murray el número tres de nuevo. Desde la final de 2010 habían seguido sus caminos, pero el éxito de Djokovic había sido muy superior. Les separaban tres Grand Slams en Australia, las mismas veces que Murray había llegado a la final allí. Esta era su oportunidad de desafiar de nuevo a la élite mundial, esta vez ocupada por su misma generación.

De camino a su nueva oportunidad se vengó de Federer en la semifinal, firmando el mejor torneo hasta entonces en Australia. Tras vencer a Robin Haase (6-3, 6-1, 6-3), Joao Sousa (6-2, 6-2, 6-4), Ricardas Berankis (6-3, 6-4, 7-5), Guilles Simon (6-3, 6-1, 6-3) y Jeremy Chardy (6-4, 6-1, 6-2), se topó con el suizo en semifinales. En un partido extenuante dejó fuera a la leyenda del tenis para pasar de nuevo a la final por 6-4, 6-7, 6-3, 6-7, 6-2. Ya tenía gran parte del trabajo hecho. En la última ronda le esperaba otra vez el serbio, favorito para revalidar el título.

En aquel encuentro, Murray no pudo hacer más que entorpecerle el camino al número uno atrasándole la victoria un set más de lo necesario, lo que se tradujo en una hora más de partido que la última final que disputaron. En tres horas y cuarenta minutos Djokovic conseguía su segundo título sobre Murray en Melbourne por 6-7, 7-6, 6-3, 6-2. Hasta el tercer set el encuentro estuvo igualado, con el británico resistiendo la tormenta. Sin embargo, una vez más su bajón de nivel provocó que se le escapara el trofeo. El desgaste físico del partido de semifinales fue su sombra. Se repetía la historia. Murray le daba la corona al serbio otra vez, a pesar de haber empezado fuerte la lucha.

Hoy la final en Melbourne ha sido un déjà vu del 2013. Esta vez les separaban más puestos que nunca en el ranking, número uno contra el seis, pero el desarrollo del enfrentamiento fue el mismo. Murray venía preparado para la derrota. Cargaba con el pasado y aunque de nuevo hizo un torneo impecable, no tuvo en la final el carácter de campeón que determina a Djokovic. La historia del serbio y el escocés en Australia se amplía, como la diferencia de sus resultados. Un año más, a Murray se le escapa la final, y Nole consigue otro título, el quinto allí. La cruz del británico en Melbourne se hace más grande.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados