“Me metía gol por todas partes”

Rafael Plaza desde la ciudad de Londres

La toalla que cubre la cabeza de Andrey Kuznetsov es una pantalla contra el mundo. Después de cerrar los ojos para protegerse de los nervios, el 118 de la clasificación completa una remontada increíble y apea 7-6, 6-0, 3-6, 6-3 y 6-2 a David Ferrer en la segunda ronda de Wimbledon en 3h18m. El alicantino, que hasta hace unos días no sabía si competiría en Londres como consecuencia de unos problemas estomacales que le hacían estar hinchado después de cada comida, dice adiós por primera vez a un torneo del Grand Slam después de clasificarse para octavos de final 16 veces consecutivas: desde 2010 no caía tan pronto en un grande y desde 2008 no se inclinaba contra un jugador de ránking tan bajo (Abierto de los Estados Unidos frente al japonés Nishikori) como el ruso, que nunca había ganado a un top-10. La derrota deja una pregunta que va pegada a la edad (32 años) y a los años en la élite (14). ¿Cuánta energía queda en el corazón de un competidor de hierro? ¿Cuánto le queda a Ferrer?

“Me veo bien”, asegura el alicantino, que ahora descansará y pensará si además de jugar Bastad se inscribe en algún torneo más de tierra batida antes de la gira por Estados Unidos. “Estoy entre los 10 mejores del año y ese es mi objetivo, lo que pasa es que la temporada pasada acabé número tres del mundo y fue un año muy bueno. El anterior también. Y este año está siendo positivo, pero cada año cuesta más”, sigue. “Viene más gente joven y es lógico porque ha pasado mucho tiempo sin que llegaran. Es ley de vida, pero estoy con ganas de acabar entre los 10 primeros. No me veo inferior a nadie. Ha sido un golpe duro perder en segunda ronda de Wimbledon, pero no puedo hacer nada”.

Ferrer no perdía tan pronto en un grande desde 2010

El partido es toda una sorpresa para Ferrer porque su rival embiste y resiste durante toda la tarde. Kuznetsov acaba con la friolera de 77 golpes ganadores (¡77!) que atraviesan las defensas del español como la hoja que corta con solo mirarla. Kuznetsov apuesta por el riesgo y ahí está su caballo ganador hacia la victoria (38 errores no forzados, una cifra moderada para todo lo que tira). Kuznetsov compite como un campeón criado en batallas dantescas cuando llega el quinto set, territorio de perros viejos: ahí debería temblar y claudicar porque siempre perdió (ningún triunfo y tres derrotas en encuentros decididos en la quinta manga) y su rival es un experto en situaciones similares (19-10) y ahí se impone tras ver cómo el número siete le recupera un break (de 1-0 a 1-1) e incluso tiene bola para darle la vuelta y sacar para 3-1. Desde entonces, Kuznetsov se impone con unos golpes formidables, como el paralelo con el que cierra el encuentro, toda una exhibición de artillería pesada.

“Me ha sorprendido”, confiesa luego Ferrer sobre la inspiración de su oponente, similar a la del pintor antes de dar vida a una gran obra. “Quizás, es el partido en el que más golpes ganadores me han hecho a lo largo de mi carrera. Habría que ver las estadísticas. Me metía gol por todas partes”, refleja sobre los latigazos que le arreó desde todos los lados de la pista el ruso. “Llevaba el ritmo del partido y estaba con mucha confianza. He tenido alguna opción, pero no las he podido aprovechar. Ha sido mejor, no puedo decir nada más. Realmente, me ha superado en todos los aspectos: saque, resto, de fondo… sí que me ha sorprendido que aguantara tanto tiempo. Hoy no he hecho un mal tenis. Simplemente, él ha hecho muy buen encuentro. Es más, era el que llevaba la iniciativa todo el rato”.

“Quizás es el partido en el que más ganadores me han hecho”, dice el español

Los méritos de Kuznetsov (muchos) no ocultan las carencias de Ferrer (bastantes). Al español le falta chispa para moverse, punta en el servicio y manos rápidas al resto. Además, su falta de tino para aprovechar las oportunidades de tomar la delantera en el marcador (en el cuarto y quinto set) terminan impulsando a Kuznetsov, que en cualquier caso compitie como los más grandes sin ser ni de lejos uno de ellos. Al número siete siempre le persigue el fantasma del virus que le obliga a llegar a Wimbledon entre algodones. Eso, sin embargo, no condiciona lo que pasa.

“Los problemas estomacales que he tenido en la última semana no han afectado en nada”, asegura Ferrer, visiblemente más delgado que en París, peaje del estómago enfermo. “Me encontraba muy bien físicamente y el primer partido lo había jugado bien. No tenía ningún problema físico. Habría podido aguantar otro set. No he perdido ni por físico ni por el virus estomacal que tuve la semana pasada. Aunque hubiera jugado en ’s-Hertogenbosch, este partido no lo habría ganado tal y como se ha dado”. Despedido prematuramente al segundo partido, Ferrer medita en el presente sobre cómo afrontar el futuro.

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