Mayer muere para revivir a Argentina

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Esta fue la primera consecuencia del partido individual más largo en la historia de la Copa Davis, el segundo de siempre en cualquier competición: Leonardo Mayer no pudo sentarse tras consumir 6h42m para derrotar 7-6, 7-6, 5-7, 5-7 y 15-13 a Joao Souza en el cuarto punto de la eliminatoria entre Argentina y Brasil. Tieso como un palo, el número 29 mundial se puso a dar vueltas por el albero, se apoyó en la red después de cojear durante un buen rato y acabó rompiendo a llorar, dejando libre toda la tensión de un pulso de los que marcan una carrera y dejan huella en el alma. Deshidratado, el argentino recibió suero en el vestuario tras dejar atrás 477 puntos, que son los que tuvo que competir para abrochar el duelo, y canceló su conferencia de prensa, incapaz de recuperarse de semejante paliza. Con la obligación de ganar para no dejar a la selección albiceleste peleando por evitar el descenso en septiembre, Mayer se acercó al triunfo (7-6, 7-6 y 4-1), dejó escapar esa holgada ventaja para encontrarse peleando en la quinta manga, vio cómo su rival anulaba los primeros 11 puntos de partido (¡11!) y terminó celebrando un triunfo que empató el cruce (Argentina, 2-Brasil, 2). Mañana, Federico Delbonis y Thomaz Bellucci reanudarán el quinto punto de la eliminatoria (6-3 y suspensión), que se postergó por falta de luz cuando la tarde caía sobre Buenos Aires a toda velocidad.

Antes de la seis horas, Daniel Orsanic, el capitán argentino, cargó con dos bolsas de hielos que colocó sobre las piernas de Mayer, ardiendo como las llamas de una antorcha. Souza, acalambrado desde la mitad del quinto set, recibió masajes a cuatro manos en cada descanso, tal fue el desgaste físico al que se sometieron los dos oponentes durante el partido. Para entonces, el encuentro ya se había convertido en una cruzada de hostilidades: bajo un sol de justicia, el gentío festejó cada punto de pie, como los goles de un equipo de fútbol en una final importante. ”¡Vamos, vamos, Argentina! ¡Vamos, Vamos, a ganar! ¡Que esta barra quilombera no te deja de animar!”, cantó la grada mientras Mayer y Souza echaban un pulso de estilos distintos sobre la superficie más lenta del circuito, que ayudó a derribar el récord de partido de mayor duración en la competición por países (las 6h22m del McEnroe-Wilander disputado en 1982), todavía a mucha distancia del más largo de siempre (las 11h05m del Isner-Mahut en Wimbledon 2010).

“¡Es imposible jugar esto!”, se arrancó Mayer sobre la pista, ovacionado por la afición argentina. “Estas son las cosas que lo rompen a uno”, se despidió el líder de la selección albiceleste, que se abrazó con todo el equipo mientras le caían las lágrimas por la cara. “Me duele todo”, acertó a decir Souza, que en menos de 48 horas jugó dos partidos al mejor de cinco mangas que se estiraron durante más de 11 horas. “Ganó Mayer porque alguno tenía que ganar”, cerró el brasileño.

“Le dije que le admiraba”, confesó el seleccionador argentino. “Se lo dije mucho antes de que terminara el partido. He tenido el inmenso placer de estar al lado de un jugador que puso todo su orgullo, es un ejemplo”, prosiguió Orsanic sobre Mayer. “Pese a que estaba acalambrado, pudo mantenerse lúcido para saber lo que sucedía en la pista. Al final, estaba muy cansado, jugaba muy atrás, corría mucho y se desgastaba. Se animó a dar un paso adelante, a restar más encima de la línea. Terminó siendo una buena decisión que tomamos”, se felicitó, superviviente al sufrimiento.

Lo padeció hasta Del Potro. El campeón de un grande, que canceló su vuelo a Indian Wells (previsto para el domingo por la noche), se llevó las manos a la cara después de ver cómo Souza salvaba más de una decena de puntos de partido y saltó de alegría tras el resto ganador que le dio la victoria a Mayer, dejándole muerto y reviviendo a Argentina. El lunes, Delbonis tiene la oportunidad de cerrar una serie espeluznante.

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