Más controles que nunca

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

“Es un paso en la dirección correcta. Los tramposos se lo van a pensar dos veces ahora”. Así celebró Roger Federer un año atrás la decisión de la Federación Internacional (ITF) de introducir el pasaporte biológico, un archivo individual que reúne todos los resultados de los análisis de sangre realizados a los jugadores. Esos datos son utilizados para crear un perfil con los valores hematológicos y urinarios de cada tenista que muestra las posibles alteraciones que esos parámetros puedan sufrir a lo largo del tiempo. El pasaporte, analizaron encargados del programa contra el dopaje que rige el tenis mundial, es una importante herramienta que permite comparar la conducta de la sangre (niveles de hematocrito o hemoglobina, entre otros) y la orina (perfil de esteroide) de forma personal, posibilitando el análisis de variaciones sospechosas en esos umbrales y poniendo sobre aviso de alguna posible anomalía que sería imposible detectar mediante los métodos de siempre. Para que sea útil, sin embargo, es necesario reunir una gran cantidad de muestras. Formar una base de datos sólida. Deben pasar años, opinan algunos expertos, hasta que las pruebas biológicas se asiente sobre cimientos que puedan servir para declarar culpable a un jugador. Buscando acortar los plazos, ganarle la batalla a un problema que crece con los años, los agentes de ITF iniciaron una carrera la temporada pasada: aumentaron los controles para poner impulsar el crecimiento del documento biológico de cada uno de los profesionales de ambos circuitos.

Desde marzo, los jugadores vieron cómo los controles aumentaban de forma considerable, poniendo el acento en dos escenarios concretos: las muestras de sangre, vitales para dar vida y alimentar el pasaporte, y las pruebas realizadas fuera de la competición. Los ‘vampiros’ se pusieron manos a la obra. Primero, visitando a los tenistas en las direcciones que tienen que facilitar a través del sistema electrónico ADAMS en función de su paradero (deben estar localizados los 365 días del año durante una hora del día, modificable a través de internet). Luego, se lanzaron a por ellos en los torneos. Durante Wimbledon y el Abierto de los Estados Unidos, los dos últimos grandes de la temporada, numerosos agentes se dedicaron a tomar más muestras de las habituales, llamando la atención del vestuario porque nunca antes habían sufrido una vigilancia tan estrecha.

Los controles aumentaron notablemente: más muestras de sangre y tests a domicilio

El resultado quedó reflejado en la estadística. Los tests de sangre realizados a domicilio aumentaron más de un 700% con respecto a 2012 y casi un 300% en los propios torneos. Según los datos oficiales, la pasada temporadas se realizaron 449 controles sanguíneos fuera de la competición (226 a hombres y 223 a mujeres) por los 63 del año anterior (34 y 29) y otras 364 pruebas de sangre en los torneos (218 y 146) por las 124 de 2012 (81 y 43). Además, en 2013 se controló a los jugadores más que nunca en los últimos cinco años: 2752 controles entre (1545 en el circuito ATP y 1207 en WTA). Entre 2008 y 2012, jamás se habían sobrepasado las 2200 pruebas, oscilando siempre entre las 2000 y 2100 muestras recogidas. La llegada del pasaporte biológico disparó los números el pasado curso y cumplió las promesas de la Federación Internacional: más muestras sanguíneas y un seguimiento mucho mayor sin la pelota de por medio.

A Rafael Nadal, por ejemplo, le realizaron siete o más controles cuando no estaba compitiendo, el máximo establecido por ITF (nadie fue requerido en más ocasiones en 2013), y entre cuatro y seis durante los torneos. Idéntico seguimiento que el mallorquín recibieron Roger Federer, Jo-Wilfried Tsonga, Richard Gasquet, Benoit Paire, Jarkko Nieminen, Sabine Lisicki, Kaia Kanepi, Yaroslava Shvedova, Francesca Schiavone, Lucie Hradecka, Marion Bartoli, Mona Barthel, Julia Goerges, Lourdes Domínguez y Tsvetana Pironkova. Todos ellos recibieron siete o más visitas alejados de las pistas y entre cuatro y seis en alguna de las pruebas del calendario.

Nadal y Federer pasaron siete o más controles sin competir y entre cuatro y seis en torneos

Meses después de anunciar la apuesta por un sistema implantado en otros deportes (ciclismo o natación), dos positivos azotaron al corazón del circuito masculino. El serbio Viktor Troicki (sancionado un año por evadir un control sanguíneo en Montecarlo, que según su versión fue bajo permiso del médico) y Marin Cilic (exceso de glucosa, volvió a competir en París-Bercy a finales de año y en 2014 ha firmado un arranque espléndido) alumbraron las grietas de un asunto envuelto en demasiadas cuestiones sin respuesta. ¿Por qué el croata definió como una lesión, cuando se retiró en la segunda ronda de Wimbledon ante Del Potro, lo que era un positivo del que había sido notificado semanas atrás? ¿Cómo es posible que dejasen al serbio no presentar una muestra de sangre, alegando encontrarse mal, sin explicarle las consecuencias que aquello podría reportarle? ¿Por qué Djokovic, que es el número dos del mundo y uno de los jugadores más importantes del circuito, no confía en el sistema? 

Mientras, en silencio, los esfuerzos de ITF para formar una base de datos sólida, por trabajar para que el pasaporte biológico sea una realidad y no un simple proyecto de prometedor potencial siguen adelante, apoyados en los datos que son pasos firmes. De los 2752 controles que se hicieron el año pasado, 2159 se realizaron durante el transcurso de la competición (1795 de orina y 364 de sangre) y 593 fuera de ella (144 de orina y 449 de sangre). Un puñado de jugadores vieron cómo los agentes de ITF llamaban a sus puertas más que a las de ningún otro: ese fue el caso de David Ferrer, que pasó siete o más tests en competición y siete o más fuera de ella. Como él, Tomas Berdych, Stanislas Wawrinka, John Isner, Mikhail Youzhny, Nicolás Almagro, Milos Raonic, Jerzy Janowicz, Gilles Simon, Feliciano López, Andreas Seppi, Victoria Azarenka, Na Li, Petra Kvitova, Sara Errani, Carla Suárez, Kirsten Flipkens, Roberta Vinci, Lucie Safarova, Shuai Peng y Jie Zheng, para formar un total de 22 deportistas regulados de forma pronunciada.

Es solo el principio. Aunque ITF anunció durante el Abierto de Australia que el pasaporte biológico estaría completamente implantado en septiembre de este año, la realidad dice que aún deberán pasar un tiempo para que sea completamente efectivo. El tenis, mientras tanto, sigue mirando de reojo un tema lleno de aristas: el mundo de los tramposos. Un problema al que se buscan soluciones.

Un aumento buscando alimentar el pasaporte biológico 

Total de controles realizados en 2013: 2752 (1545 a hombres y 1207 a mujeres)

Controles de orina realizados en competición: 1795 (1020 a hombres y 775 a mujeres)

Controles de sangre realizados en competición: 364 (218 a hombres y 146 a mujeres)

Controles de orina realizados fuera de la competición: 144 (81 a hombres y 63 a mujeres)

Controles de sangre realizados fuera de la competición: 449 (226 a hombres y 223 a mujeres)

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