Los villanos se convirtieron en héroes

José Izquierdo desde la ciudad de Madrid

Las cámaras captan a Fabio Fognini en uno de sus muchos gestos. En esta ocasión, la cara del tenista italiano es de sorpresa. Se ríe. Su compañero Simone Bolelli está sirviendo para cerrar la final del Abierto de Australia y Fabio no puede creerse el último golpe que acaba de realizar el tenista que tiene a su lado. Una derecha cruzada, potentísima, que Nicolas Mahut no puede ni ver. Los transalpinos están a solo tres puntos de ser los primeros tenistas de su país en ganar un Grand Slam en la modalidad de dobles en toda la Era Abierta. Los franceses intentan reaccionar. Primero un buen resto de Herbert, y luego otra gran acción del joven galo, que tira de orgullo tras una final en la que rindió muy por debajo del rendimiento mostrado durante el torneo. Sin embargo, no habrá opción para la remontada, Bolelli está tocado por una varita mágica. Conecta un saque directo para conseguir la primera bola de partido, que la dupla italiana convierte tras un error con el revés de Herbert. La bola se va fuera. Los villanos son campeones.

Los villanos son campeones, sí, pero en la Rod Laver Arena se comportaron como héroes. A priori perjudicados porque la central de Melbourne Park tuvo que techarse debido a la lluvia, no empezaron con buen pie la final pero fueron capaces de sobreponerse. Fognini perdió su servicio en el cuarto juego pero inmediatamente lo subsanó, rompiendo el saque de Herbert con un gran globo y  ofreciendo buenos intercambios desde el fondo de pista. En ese momento comenzaron los malos de la pareja francesa. Cada servicio era un suplicio. Los italianos pegaban muy cómodos atrás, y la incapacidad tanto de Nico como de Pierre Hugues de conectar el primer tiro les impedía acercarse a la cinta con ventaja y cerrar los puntos en la red. Mahut lideró a la pareja durante el primer set pero no fue suficiente ya que un errático Herbert cometió un par de inoportunas dobles faltas, lo que obligó a los galos a ir a remolque en el segundo parcial tras ceder el primero por un marcador global de 6-4.

En el segundo parcial los papeles se intercambiaron. Los héroes se convirtieron en villanos y los villanos en héroes. Quinto punto del primer juego del juego inicial. 30 iguales en el marcador. Los franceses se encuentran en la red y Fognini ejecuta un pasante que parece desbordar a Mahut. Nico, de manera forzada, estira su brazo para volear con su mano derecha. Golpea hasta en dos ocasiones la bola con la raqueta, empujándola en segunda instancia, que acaba botando en el campo de los italianos sin oportunidad de réplica. Carlos Ramos, incomprensiblemente, interpetó que el doble toque de Nico no fue intencionado y le dio el punto al combinado galo. Los italianos, no daban crédito. “No puedes cometer ese error con treinta iguales, eres malísimo”, le espetó un cabreado Fognini al juez de silla. Tanto Fabio como Simone se dirigieron a Mahut para que reconociese su error pero el de Angers lo negó.

La ambición le hizo pagar un alto a precio a Mahut. Quedar como un tramposo delante de todos los espectadores que vieron la final parecía compensar si acababa alzando el título junto a su compañero. Pero eso no ocurrió. Los franceses, a años luz de sus prestaciones en las rondas anteriores, agonizaron con el paso de los minutos. Fognini, tan díscolo e irregular como siempre, sufría con su saque pero lo sacaba adelante. En el noveno juego las esperanzas de remontada se esfumaron. Bolelli, que no perdió el servicio en todo el encuentro, se mostró infranqueable también al resto, siendo un auténtico dolor de cabeza para Herbert, que cedió hasta en tres ocasiones su saque. No fueron los más espectaculares ni los más ortodoxos, pero fueron los más eficaces. Esta vez sí, Simone Bolelli y Fabio Fognini fueron los héroes.

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