Las decisiones de un campeón

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Las decisiones retratan a los competidores y descifran sus éxitos para que incluso un niño pueda entenderlos. David Ferrer ganó el torneo de Acapulco, alzando dos títulos en siete días (conquistó antes Río de Janeiro) y convirtiéndose en el primer jugador desde Thomas Muster (1985) capaz de celebrar copas en tierra batida y cemento consecutivamente, e inmediatamente se puso a pensar en su viaje a California, donde disputará el primer Masters 1000 de 2015 (desde el próximo 12 de marzo). Para el español, protagonista de un fantástico inicio de año, no es un torneo cualquiera. El número ocho ha jugado 11 veces en Indian Wells, seis perdió a la primera, solo una llegó a cuartos (2007) y en tres de las últimas cuatro temporadas se despidió sin ganar un partido. A los 33 años, y con casi todo hecho, el alicantino no cambió ni una letra de su plan, pese a los dos títulos en Sudamérica. Allí donde otros habrían buscado más días para descansar, Ferrer ha elegido viajar sin alterar lo previsto, llegar con tiempo suficiente para aclimatarse y pegarle un mordisco a una cita tradicionalmente amarga. Eso es como enviar un mensaje para lo que lea el mundo entero: si alguien tiene más ilusión, que lo demuestre; si alguien puede presumir de una ética de trabajo más depurada, que lo pruebe ahora.

“Está muy motivado para Indian Wells”, confiesa Francisco Fogués, el entrenador del alicantino. “Históricamente, ha hecho una buena gira en Australia, una buena gira por Sudamérica, pero Indian Wells nunca se le ha dado bien. Uno de sus retos es hacerlo bien allí. Quiere hacer un buen resultado en Indian Wells antes de terminar su carrera”, añade sobre el siguiente torneo del calendario, donde se reunirán los mejores jugadores del planeta y al que Ferrer llega embalado. “Estoy un poco sorprendido de todo lo que ha conseguido en tan poco tiempo. Ya fue una sorpresa empezar ganando en Doha porque era el primer torneo del año y con rivales de la talla de Djokovic, Nadal o Berdych”, prosigue el técnico valenciano, recordando el triunfo de Ferrer en Catar, donde nunca antes había levantado el trofeo. “Pero lo que ha conseguido estas dos semanas es aún más difícil. Río era el primer torneo en tierra desde Roland Garros y son muchos meses sin pisar esa superficie, aunque sea su terreno favorito. Las condiciones en Brasil eran muy duras, extremas, con demasiado calor y humedad. Al final, fue de menos a más y terminó jugando muy bien. Acabar en Río con todo el desgaste, hacer esa misma noche el durísimo viaje hasta Acapulco, llegar el lunes y jugar el martes en otra superficie… Lo pasó mal los dos primeros partidos, pero luego fue a más otra vez. Para mí, los dos mejores encuentros que ha jugado en esta gira han sido las dos finales”.

Ferrer encara la parte más dura de la temporada (gira por Estados Unidos primero, temporada de tierra batida europea después) tras firmar un arranque meteórico: ha jugado cuatro torneos y ha ganado tres, disparándose hasta un récord de 18 victorias y una sola derrota. Por encima de los números, el peso de los triunfos. Si en Doha derrotó a Berdych en la final, en Acapulco apagó a Nishikori, posiblemente su victoria más importante de los últimos meses por las consecuencias que la misma debería tener. “Ese partido tiene mucha importancia”, asegura Fogués sobre el duelo de México frente al japonés, con el que había perdido los últimos cinco pulsos, cuatro de ellos en la manga decisiva. “El año pasado tuvo derrotas en torneos grandes con él, partidos muy apurados en Miami, Madrid, París-Bercy y la Copa de Maestros”, continúa, detallando la historia de una rivalidad torcida. “La que más daño hizo fue la del Abierto de Australia hace unas semanas, porque literalmente nos pasó por encima. Aunque fue una gira muy positiva, perder con Nishikori de esa forma le dolió. Tenía esa espinita clavada, en Acapulco jugó muy bien y es un partido que le va a dar mucha confianza”, insiste. ”Arrancar así da una tranquilidad muy grande para el resto de la temporada. Nosotros seguimos con los pies en el suelo, sabemos cómo funciona el tenis y llegarán rachas no tan buenas como esta. Pero vamos a seguir trabajando con la misma intensidad. Estoy muy ilusionado y motivado por las ganas que tiene David”.

La llegada de Fogués es la última decisión de Ferrer, el paso definitivo para acabar su carrera en familia, rodeado de los suyos, que son los que más le conocen y también los que mayor tranquilidad le aportan tras tantas andanzas juntos. ”Somos un equipo y hay mucha confianza”, cuenta el exnúmero 137 mundial, que no estuvo en Río y Acapulco y también descansará dos semanas en el mes de julio. “Javier [el hermano del alicantino] está haciendo un gran trabajo. La semana de Río estaban allí Javier, Rafa [su fisioterapeuta] y Albert [su agente], que fueron las tres personas que más le ayudaron en el tramo final del año pasado cuando David lo estaba pasando mal. Fue un momento duro. Ya había terminado con Altur, también hubo un cambio de preparador físico con David Andrés después de 12 años de relación, y se estaba jugando la Copa de Maestros”, rememora Fogués sobre el último tramo de 2014, lleno de turbulencias emocionales. “Fueron semanas complicadas, sobre todo la gira asiática. Me alegro de que hayan podido vivir ese momento en Brasil. El trabajo está ahí y David puede funcionar con cualquiera de nosotros”.

Antes de Indian Wells, Ferrer y sus decisiones, las que explican por qué es un campeón de los más grandes.

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