La promesa de Donald Young

Javier Méndez desde la ciudad de Madrid

Gorra blanca ligeramente girada hacia el lado izquierdo, el mismo desde el que empuña su nueva Tecnifibre T-Fight 315. Cadena de oro al cuello y perilla perfectamente perfilada decorando su tez morena, a la vez que escolta una contagiosa sonrisa. Así es uno de los ‘looks’ más características del circuito: el de Donald Young. A sus 25 años, el estadounidense está completando el mejor inicio de su carrera, presentando más de un 70% de victorias en los dos primeros meses de competición.

Salvo en el Abierto de Australia, donde se quedó en segunda ronda ante Milos Raonic, el de Chicago ha alcanzado, al menos, los cuartos de final en todos los torneos en los que ha participado esta temporada: Auckland, Memphis y Delray Beach. La pista dura al aire libre –la misma superficie que le vio crecer–, su madurez y su nueva raqueta han sido las claves de un estreno de curso notable que le permite acercarse al mejor ránking de su carrera (top-38).

“En doce meses me gustaría haber podido ganar mi primer título y jugar bien mis partidos. Me encantaría estar en el top-20, pero trato de centrarme en cada partido. Ahora siento que estoy aprendido a sacar lo mejor de mí mismo. Sé lo que me gusta y lo que no, y lo que hago bien y lo que no tan bien”, reflexiona el estadounidense en declaraciones a la ATP.

Si se remonta la vista diez años atrás, esta lista de objetivos sonaría a poco, a estas alturas de su carrera, para un jugador que batió todos los récords de precocidad. En 2005 se convirtió en el más joven en escalar hasta el número uno del mundo júnior con 16 años y 5 meses, batiendo la marca que registraba Richard Gasquet (2002) y logrando un hito que no conseguía ninguno de sus compatriotas desde Andy Roddick (2000). Además, levantó el Abierto de Australia y Wimbledon en esta categoría.

Todos estos galones obligaron a Young a convivir con la presión. En su muñeca colgaba la etiqueta de ‘heredero de Roddick’, de referente de la nueva generación de talentos americanos de la que también forman parte otras jóvenes promesas como Ryan Harrison o Jack Sock. Pero nunca pudo cumplir las altas expectativas: “De todo esto aprendí a seguir compitiendo y trabajando duro. Siento que llegará mi momento”.

Ahora ha recuperado un elemento que se había esfumado tras su salto como profesional: la confianza. Acostumbrado a pasearse por las pistas antes de cumplir la mayoría de edad, no pudo encajar las derrotas frente a los mayores. Una década más tarde, Donald Young empieza a pintar aquellos tintes de amenaza que esbozó en 2005.

Además, el cambio de raqueta ha sido decisivo para dar un paso al frente: “La Tecnifibre T-Fight 315 es asombrosa, me encanta. Fue una especie de amor a primer vista desde el primer golpeo de la bola. Me permite hacer lo que quiero, cuando quiero. Tengo mucho control con ella”. Donald Young vuelve a ser una amenaza: “Si compito bien cada semana, el ranking llegará”. De promesa a promesa.

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