La espera de Vera

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Es la huella en el camino. Mirar atrás y saber que ya hay una pisada fresca cimentando el siguiente paso. Cuando Vera Zvonareva sale de Indian Wells lo hace con un galón adherido al hombro. “Pienso que mi juego es mejor de lo que fue en Australia, no me puedo quejar demasiado”. Allí, con el verano de Melbourne templando los tobillos, la rusa se deshace a manos de la 120 del mundo con apenas 4 juegos en la bolsa. Días más tarde su botín se reduce a la mitad, dos ínfimos games que subrayan el camino por recorrer, al encarar un perfil top-30. Dos meses después, un partido ajustado ante la china Peng Shuai (6-4 0-6 5-7) no es una actuación menor. Un pulso decidido en las profundidades del set decisivo ante la actual número 1 en dobles y ex top-15, supone una plataforma de confianza. Sensación de avance en tiempos de encajar duros golpes (1-3 en 2014) y rascar botines pequeños (triunfo ante la 357 del mundo).

Por primera vez en dos años Vera ha hecho suyo un parcial. Igualmente, desde 2012 desconocía lo que era resistir dos vueltas al reloj en nivel WTA. Sobre el cemento de California, enclave que en 2009 contemplaría la mayor conquista individual de su vida, la rusa rema contra los elementos.

Porque es la brega de un regreso. De una atleta que se vio exiliada del deporte en la fase álgida de su trayectoria. Cuando el hombro derecho le indica el quirófano forzándole a parar en el verano de 2012, justo después de los Juegos Olímpicos de Londres, Zvonareva tiene el brazo a gran temperatura y una hoja infestada de méritos. Reciente queda su condición de top2 durante un período de entreguerras: la regencia de Wozniacki. Imposible olvidar sus cuatro presencias consecutivas en torneo de maestras, acta no firmada por ninguna otra raqueta entre 2008 y 2011. Apenas un partido le priva de hilar tres finales de Grand Slam, cediendo únicamente ante campeonas entre Wimbledon 2010 y Australian Open 2011.

Con tales techos casi como últimos servicios, un golpe moral que tumbaría al más frío. De tenerlo casi todo a deber regresar a los cimientos. En septiembre Zvonareva cumplirá 30 años. Lleva dos temporadas sin rendir semana a semana y se encuentra una élite más estable que la presente en su adiós. Son muros que podrían hacerle dudar. Bajar los brazos y dar por concluidos sus esfuerzos. Pero es uno de los espíritus más guerreros del circuito femenino. Y su voluntad de regreso sirve para subrayar la contestación a las dudas que siempre suscitó su comportamiento. Una mujer cuyo sufrimiento suele ir ligado a llantos en pista. Hundir bajo tensión la cabeza en la toalla, un sello identitario. Aspavientos al banquillo en fases ásperas. “Mis lágrimas o mis gestos, no reflejan debilidad. Soy una persona emocional, que es diferente”.

La debilidad desaparece al observar el contexto. Firma Vera de esos currículos que viran cabezan y silencian estadios. Los partidos que desperezan Indian Wells se disputan cerca de lo clandestino. Abrigados por el Valle de Coachella, la no cobertura televisiva arrebata el espectáculo a todo aquel no presente en el mastodóntico recinto. Los allí presentes, sin embargo, destacan la sensación de estos primeros días. Entre aspirantes a salvar primeras vallas y raquetas de fase previa se encuentra una mujer cuyo expediente lleva tiempo recitar al speaker, ofreciendo un acto de conciencia colectiva.

Cuatro veces campeona de Grand Slam, dos veces finalista individual en majors, subcampeona de WTA Championships, ex número 2 del mundo, medallista olímpica, dobles figuras en su cuenta de títulos WTA, medio centenar de finales,… sobran dedos en las manos para encontrar perfiles similares.

Pensando con anticipación, pocos asuntos parece tomar por sorpresa a la rusa. Lejos de espirales desesperadas, aprovechó su ausencia para completar estudios universitarios, con doble titulación en Educación Física y Relaciones Económicas Internacionales. Como un paralelismo con su habilidad dentro de pista, priorizando la acción a la reacción. Preparando el terreno para lo venidero. Suele decirse que se juega como se entrena y se entrena como se vive. Zvonareva siempre destacó por meditar con margen. Una tenista de tremendo talento para lo instintivo, de manos privilegiadas en la cinta y gran movilidad en el fondo. Capaz de anteponerse a casi cualquier escenario.

Molestias quizá crónicas en el hombro no le han hecho desistir, con ilusión por recuperar el nivel que una vez le hizo rozar la cúspide del circuito. “Tengo que seguir trabajando. Todos los partidos que pueda sumar serán buenos para mí, ya sea en individual, dobles,… lo que sea”, indica una versátil Vera que, junto a la eslovaca Husarova, también pisa la modalidad por parejas en California. Una mujer que sabe ganar a todas las raquetas que dominan el escalafón actual, mérito muy poco extendido en el circuito, quiere mirar de frente las circunstancias. “Competir ahí fuera con las mejores jugadoras del mundo es la manera para recuperar tu juego. Puedes entrenar cuanto quieras, pero jugar es diferente. Simplemente necesito partidos”. En Miami, nueva oportunidad.

Dejó escrito Immanuel Kant una máxima aplicable ahora a Zvonareva: ‘La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte’. Pese a verse hundida en el 637º peldaño, con la pausa y perspectiva de una cabeza amueblada, Vera quiere retomar el testigo.

  • Carlos

    Que tenista estamos perdiendo. Es una grande pese a que siempre le ha costado ganar a ciertas rivales pero sus números y juego antes de su lesión hablan por si solos. Este es un ejemplo más (Del Potro auque él estuvo parado menso tiempo) de lo complicado que es parar un largo tiempo por lesión y volver a ponerse al nivel de sus rivales.
    La gente se piensa que es fácil pero no, es muy complicado Se pierde físico y sobre todo ritmo de competición que es lo que les hace ser competitivos porque el tenis y los golpes los tiene. Claro, también se pierde confianza y eso es tenis es muchísimo.
    Se echan de menos a jugadoras como Vera y a jugadoras como Kuznetsova que está jugando pero está muy verde y dudo mucho que vuelva a meterse entre las 10 primeras porque no parece muy motivada.
    En Vera con trabajo sí confío pero tiene que trabajar muy duro y tener paciencia. Grande Vera!!!

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