La escalera de Nadal

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Sucede el primer día de diciembre. Rafael Nadal acaba de volver a los entrenamientos en Manacor después de que los puntos de su operación de apendicitis estén preparados para aguantar el esfuerzo. El mallorquín, lesionado antes en la muñeca derecha, pone un pie en la pista e inmediatamente se siente extraño. Le faltan horas en las piernas (siete partidos desde Wimbledon) y días de competición con la raqueta en la mano. Son las señales de una realidad evidente. Otra vez, y van varias en su carrera, el campeón de 14 grandes está a los pies de una escalera que debe subir. Cada escalón le exige tanto esfuerzo como paciencia, un proceso tardío para cabezas de hierro. Viaja a Doha y cae a la primera frente al alemán Berrer, un tenista casi retirado que desde entonces no ha vuelto a ganar un partido. Juega el Abierto de Australia y cede en cuartos contra Berdych, al que había ganado 16 veces consecutivas. Ni Río de Janeiro, el regreso a la tierra, basta para que la recuperación sea total, eliminado por Fognini en la penúltima ronda, algo que nadie lograba desde Carlos Moyà en Umag 2003 (52 semifinales consecutivas había conquistado sobre albero). Ahora, Nadal se prepara en el torneo de Buenos Aires para continuar esa ascensión con una certeza: cada vez le quedan menos peldaños para llegar a la cima.

“Hay una escalera que tengo que volver a subir y no lo voy a hacer corriendo”, explicó el mallorquín antes de debutar contra el ganador del cruce entre Albert Montañes y Facundo Argüello. “Lo haré poco a poco, paso a paso y con el trabajo diario”, insistió tras conocer que no se cruzará con Tommy Robredo, el segundo favorito, hasta una hipotética final. “La motivación es simple: quiero recuperar el tiempo que he perdido. No sé si voy a volver a ser el mejor Nadal, pero voy a dar lo mejor de mí lograrlo”.

Nadal, desde ayer número cuatro del mundo, regresó en Brasil a la tierra batida y estuvo acompañado de la misma incertidumbre que le rodeó en el Abierto de Australia. Mezclando ratos abrumadores con otros desconcertantes, el español fue lobo y cordero sobre la pista, tan pronto cazando como dejándose devorar. ”Físicamente estoy bien”, subrayó el campeón de 14 grandes. “En Río no he hecho una mala semana. Jugué dos partidos buenos, pero perdí un encuentro que quizás no tendría que haber perdido porque lo tenía controlado”, dijo sobre las semifinales ante Fognini, que dominaba 6-1, 1-0 y saque. “El día anterior fue muy complicado y me quedé desfondado. Tuve calambres, cosa que casi no me había pasado nunca en mi carrera y fue una sensación extraña para mí”, dijo sobre sus problemas físicos, que le hicieron hincar la rodilla sobre el albero en último juego del encuentro. “Al final, Fognini jugó mejor los momentos límite y se llevó el partido. Me noté un poquito peor de lo que esperaba y la única manera de recuperarse es trabajar. Me falta ser más regular en momentos del partido clave”, añadió. “Me habría gustado estar en la final porque me habría dado algo más de fe y confianza en todo lo que estoy haciendo, pero me parece que estoy haciendo las cosas correctas. Estoy más cerca del nivel al que quiero llegar. Siento que voy dando pasitos hacia delante”, confirmó esperanzado, confiando en que la arcilla le termine de dar el empujón que necesita.

“Tras la lesión de la rodilla [2012], intentamos coger torneos en tierra batida, que es un poquito más agradable para mi cuerpo y para mi tenis”, explicó Nadal, que desde 2005 hasta 2013 no incluyó en su calendario las citas sudamericanas de arcilla, eligiendo el cemento (Rotterdam y Dubái) o el descanso tras el primer grande del año. “Uno tiene diferentes fases en su carrera y diferentes sentimientos en cada una de ellas”, continuó. “2005 para mí era un año en el que todo era una novedad, todo era positivo. 2015 es una situación un poco distinta”, comparó. “Obviamente, lo que ha pasado durante estos 10 años han sido cosas muy positivas”, recordó sobre la década donde ha levantado una carrera histórica. “También tengo una motivación distinta. Tuve un 2013 fantástico y un 2014 en el  que empecé muy bien en los primeros torneos. Desde que jugué la final del Abierto de Australia, donde me lesioné la espalda, pasé una época complicada. Luego volví a recuperar mi mejor nivel y me lesioné en la muñeca después de Wimbledon. He pasado unos últimos siete meses difícil, con muchos accidentes que me han impedido tener una continuidad en el circuito y en los entrenamientos”, repitió.

En Buenos Aires, la última parada antes de competir en los dos primeros Masters 1000 del año (Indian Wells y Miami, allí estarán los mejores), Nadal tiene un objetivo a corto plazo (sumar triunfos) y otro en el horizonte (la copa) que abrochar en Argentina. “Ganar es ganar y para cualquiera es importante hacerlo”, confesó el número cuatro del mundo. “Cuando vienes de una época sin ganar, de un período sin llegar a las finales, hacerlo te da mucho, pero para conseguir ganar lo mejor que puedes hacer es no pensar en ello. Pensar solo en el siguiente partido y en el próximo entrenamiento”, aseguró. “Con eso, se pueden presentar las oportunidades. Cuando uno lleva tiempo con problemas físicos como los míos y se pone a pensar más de la cuenta en ganar, al final se crea un estado de ansiedad que va en contra”, se despidió el español, que no celebra un trofeo desde Roland Garros, cuando conquistó su Grand Slam número 14. Todo un reto para un competidor sin fronteras.

 Con Gaudio en el recuerdo

El próximo miércoles, Rafael Nadal volverá a jugar en el torneo de Buenos Aires por primera vez en una década. El mallorquín, que cayó en los cuartos de final de 2005 con Gastón Gaudio (6-0, 0-6 y 1-6), construyó desde ese pulso los hitos más brillantes de una carrera que ya forma parte de la leyenda.

“Fue un partido un tanto extraño por el resultado”, rememoró el campeón de 14 grandes. “Recuerdo un ambiente fantástico y que Gastón era el vigente campeón de Roland Garros. No jugué un mal partido, pero en aquel momento desbordar a Gaudio era una tarea complicada para mí”, explicó. “Era un tenista duro y complicado. Hubo un momento dado en el que yo no tenía la forma de hacerle daño. A partir de esa derrota, empecé a conseguir una racha de victoria muy importante para mi carrera, que fue el comienzo de todo. Aunque perdí el partido fue positivo”.

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