Kyrgios se desata

Rafael Plaza desde la ciudad de Madrid

Pidiendo silencio con un dedo en los labios, Nick Kyrgios celebró (6-4 y 7-6 al canadiense Raonic) el pase a las semifinales del torneo de Miami. El joven de 20 años, que el próximo lunes estrenará su mejor ránking de siempre (número 20), aterrizó en la penúltima ronda de un Masters 1000 por primera vez en su carrera y tomó el testigo de Lleyton Hewitt, el último australiano en hacerlo (Cincinnati 2007). La recompensa llegó además en forma de una nueva oportunidad para aspirar a completar una semana fabulosa: solo Kei Nishikori (4-6, 6-3 y 7-6 a Gael Monfils, salvando cinco bolas de partido) le separa de estar en la final.

“Me siento como si fuera capaz de hacer más cosas desde el fondo de la pista”, explicó Kyrgios tras la victoria, que consiguió gracias a su capacidad para bajar al barro y competir, sin renunciar nunca a un punto. “He aprendido cómo restar este año”, aseguró el australiano, que en el primer juego del encuentro rompió el servicio de Raonic, un golpe directo a la moral de su contrario. “Estoy restando realmente genial y moviéndome muy bien. Me estoy dando más oportunidades. Hoy he competido de forma fabulosa”, añadió. “Me noto más sano, más fuerte, con más experiencia. Mis dos últimos años en el circuito han sido como una montaña rusa, pero he aprendido mucho”.

Kyrgios levantó en febrero su primer título como profesional en Marsella. Aquella victoria (derrotando a Richard Gasquet, Tomas Berdych y Marin Cilic de forma consecutiva) fue un aviso. Centrado en el juego, y eso quedó claro, el australiano puede aspirar a cualquier cosa, sin importar cómo se llame su contrario. Pese a que luego cayó a la primera en Indian Wells (contra Albert Ramos), Kyrgios atacó Miami con decisión después de ver que el cuadro se abría (derrotas de los principales favoritos prematuramente), atisbando la ocasión de coronar un gran resultado. Dicho y hecho: cuidado, este jugador tiene mucho peligro.

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