El bautismo de Kozlov

José Izquierdo desde la ciudad de Valencia

Stefan Kozlov (Skopje, Macedonia; 1998) es la máxima promesa del tenis estadounidense pero también un adolescente que muestra dos caras. En la pista se observa a un pequeño diablo capaz de plantar cara y poner en apuros a todo un top40 como Martin Klizan. Concentración, desparpajo, capacidad de lucha y talento técnico son cualidades en el debe del joven americano pero fuera del tapete, cuando los focos no apuntan, el cuarto jugador del ránking ITF Junior se expresa con la timidez y prudencia necesarias del que es un recién llegado y tiene mucho que aprender. Pocos minutos después de finalizar su partido, el número 441 de la clasificación mundial atiende a TENNISTOPIC y resume en una pequeña charla su debut en una de las grandes plazas del circuito.

“Obviamente jugar en Valencia, en pista cubierta, es difícil. En la fase previa del US Open pude encontrar mi juego y cada día estoy jugando mejor”, relata el joven Kozlov tras caer derrotado en su debut ante el eslovaco Martin Klizan (3-6 y 3-6). La fulgurante trayectoria del estadounidense de origen macedonio dio un giro de 180º hace un par de semanas en Sacramento, cuando alcanzó la final de un torneo Challenger batiendo por primera vez en su carrera a un tenista encuadrado dentro de los top-100. Instalado en ese momento en la posición número 763 del ránking ATP, el joven Stefan superó cuatro partidos que se alargaron hasta la tercera manga, demostrando que no solo tiene tenis sino también fortaleza mental y resistencia física para aguantar semejantes batallas sobre el abrasador cemento californiano.

En el Ágora, con la mirada de los aficionados madrugadores que quieren ya ver tenis en Valencia desde el lunes, Kozlov parece volar sobre la pista en los primeros juegos. Un servicio muy solvente, mucho mejor que de lo que por su envergadura se podía esperar, al que se une un afán constante de atacar la bola y terminar el punto con un golpe ganador, dejando a su oponente sin capacidad alguna de respuesta. En unos minutos la invitación otorgada por la organización ya estaba más que justificada. Al otro lado de la pista se encontraban Klizan, reciente verdugo de Nadal en Pekín, capaz de mandar sobre cualquier oponente con su derecha de zurdo, que le hace envolver la bola y dotar a su mejor de tiro de un ángulo capaz de quebrar a las piernas más resistentes. El estadounidense, que reside en Florida desde que tenía un año de edad, no le perdió en ningún momento la cara al partido a pesar de que su juventud e inexperiencia le impidieron afrontar con garantías los momentos calientes de los parciales.

“Conectó muchos tiros ganadores y en general jugó muy bien. En ningún momento tuve el control del partido”, relata Stefan, acostumbrado a lidiar con tenistas de su edad en el circuito junior y con jugadores de ranking y talento mucho menor que el de su rival de hoy en los Challengers y Futures. Sin nada que perder en la primera ronda de todo un torneo ATP 500 su primer gran evento, la sensación que recorría todo el Ágora es que Kozlov poseía en su raqueta algo especial. Detalles que van más allá de la garra o de cualquier gesto técnico. Quizá sea aquello que algunos llaman ‘aura de campeón’. Lo cierto es que si hoy la victoria del estadounidense no estuvo ni mucho menos cerca, no parece que vaya a tardar mucho en progresar y poder presentar más pelea en este tipo de encuentros.

Estados Unidos, que desde la retirada de Andy Roddick no disfruta de un número uno del mundo ni de un campeón de Grand Slam, tiene en la camada de 1998 la esperanza de recuperar el trono del circuito mundial que perdió hace demasiado tiempo. Una nación reservada para la gloria que hoy en día sufre por colocar a uno de los suyos en la segunda semana de un major. Francis Tiafoe y Michael Mmoh son los escuderos de Kozlov, pero este último no quiere galones ni para él ni para sus compañeros. “El futuro de nuestro país no está garantizado con ninguno de nosotros. Hay que seguir trabajando, progresando y ojalá algún día podamos estar arriba”. Así, con un discurso plagado de humildad, abandona Stefan la ciudad de Valencia rumbo a Charlottesville, para disputar un torneo Challenger. Sigue siendo un chico de 16 años que sueña con poder llegar a la élite. Un partido más de experiencia en su mochila. Perder para, en un futuro, poder ganar.

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