Impasible y Serena

Redacción desde la ciudad de Madrid

Un estreno impecable. Sin fisuras. Como lo viene haciendo desde 2007, año en el que se inicia una racha aplastante en sus inicios en el Abierto de Australia. Y es que desde esa fecha jamás ha cedido más de seis juegos en su partido inaugural. Frente a la belga Alison Van Uytvanck no fue una excepción. En solo una hora, Serena barrió a su rival de la pista por un severo 6-0 y 6-4.

Un 86% de puntos ganados con el primer servicio y un alto porcentaje de éxito para desbordar a su rival en el resto, firmando cuatro roturas resumen un partido en el que la estadounidense fue superior de principio a fin a la joven promesa del tenis belga de 20 años. No obstante, la menor de las Williams se rinde ante la proyección de la número 106 del ránking WTA. “Creo que jugó realmente bien. Tiene un buen servicio y un buen primer golpe, que es lo que distingue a la gran cantidad de jugadoras jóvenes que están surgiendo ahora”.

A pesar de la contundencia del marcador y de la impasible muñeca de Serena que celebró 21 golpes ganadores durante todo el partido, se esconde un secreto aún en el vestuario…

- Patrick, estoy un poco nerviosa.

- Tranquila, asegúrate de mantener tus pies en movimiento.

La confidencia transcurre entre la número uno y su entrenador. Mientras Mouratoglou daba las últimas directrices antes de que su pupila saltase a la pista, la estadounidense hizo una confesión habitual. Cada vez que se presenta la primera batalla de un Grand Slam, los nervios atacan su raqueta. Mover las piernas y “otra serie de pequeños trucos” le ayudan a dejar esas sensaciones amenazantes a un lado.

“¿Es cuestión de la presión de ser la número uno?”, lanzó un periodista tras el partido. “No, no, es algo de siempre”, rebatió Serena.

Con nervios o no. Con tensión o sin ella. Serena entro en la cancha en condición de número uno del mundo. Sin concesiones. Enmascarada como una superheroína, para demostrar que es la mejor jugadora del circuito y la máxima candidata a levantar la corona, endosando un set en blanco. “Me centré en mantener mi servicio y en romper el suyo. Así que no me concentro en mis nervios. Sólo pienso: ‘Vale, quiero conservar mi saque y quiero romperle’. Esto es todo. Este tipo de ayuda me sirve para superarlo”.

Desvela la norteamericana que esos nervios que le aterran antes de estrenarse en un Grand Slam son incluso superiores a los que aparecen antes de una final de un gran torneo. A pesar de todo, hoy destrozó a su víctima. Que se prepare la próxima: Vera Zvonareva. “En segunda ronda no va a ser fácil. Va a ser duro. Ella hace muchas cosas bien”, advierte. Prudente y Serena.

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