Halep encuentra la paz

Rafael Plaza desde la ciudad de Nueva York

La presión ya es cosa del pasado. La osadía es la marca del presente. Simona Halep jugará su primera semifinal en el Abierto de los Estados Unidos tras superar 6-3, 4-6 y 6-4 a Victoria Azarenka en un partido competido con cabeza, garra y buenos golpes. La rumana, que mira de reojo a Serena Williams (citada con la italiana Vinci por la otra plaza en la final, a dos triunfos de completar el Grand Slam), se enfrenta a Flavia Pennetta tras dejar atrás un puñado de decepciones hiladas en el primer tramo de 2015 (segunda ronda en Roland Garros o primera en Wimbledon). Encadenada sus fantásticos resultados de 2014, Halep no fue Halep hasta que empezó desde cero para levantar el vuelo en Nueva York.

“Cuando empecé aquí, sabía que estaba jugando muy bien”, aseguró la rumana, inspiradísima durante los cinco partidos anteriores. “Me siento genial y estoy con una buena mentalidad. ¿Por qué? Llegué sin expectativas ni presión”, se respondió. “Así que por eso estoy jugando tan bien. Estar en las semifinales es una gran sensación. Hoy tengo un partido muy duro, pero espero luchar para ganarlo”, prosiguió la número dos, que ha perdido tres de los cuatro encuentros con Pennetta. “Tuve un largo parón después de perder en Wimbledon que me ayudó mucho a relajarme. Sinceramente, tenía mucha presión que me puse a mí misma cuando jugué Roland Garros”, confesó sobre el segundo grande del curso, donde defendía la final de 2014. “En mi mente tenía la sensación de que debía repetir el resultado del año pasado. No lo hice. Entonces, me relajé y empecé a jugar agresiva de nuevo, llegando sin expectativas a todos los torneos. Todo fue en el camino correcto”.

Azarenka, por momentos de la mano de su versión mas reconocible, se quedó asombrada tras sufrir el ritmo de pelota que impuso su contraria, constante casi toda la tarde y vertiginosa durante la tercera manga. ”No soy fuerte, no tengo grandes músculos y no soy alta”, fotografió Halep, que mide 1,68m y compensa la falta de envergadura con lo que ha encontrado para conseguirlo, que es mucho. “Ttengo poder en mi interior. Peleo. Cada punto es como un gran reto para mí. Corro a por cada pelota y eso me hace más fuerte. Es natural, no lo trabajo. Tal vez, es algo que me viene de mis padres, pero lo tengo de forma natural”, se despidió la rumana, que en Cincinnati reveló que le gustaría ver a Serena completando el Grand Slam y en Nueva York modificó ese discurso (“si no lo gano yo, claro”) horas antes de jugarse el pase a la final.

Mientras Halep reflexionaba sobre su meritoria evolución, Italia celebraba que por primera vez en la Era Open (desde 1968) dos de sus jugadoras están en semifinales de un grande. El reto, sin embargo, es mayúsculo: Vinci se mide a la número uno y Pennetta desafía a la dos. En el Abierto de los Estados Unidos, y si la caprichosa lógica del ránking se impone, la hora de la verdad se acerca cargada de astillas: la lucha por la copa podría quedar entre las dos mejores jugadoras del planeta. Eso, en cualquier caso, todavía está por ver.

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