Guerreros entre nubes

Rafael Plaza desde la ciudad de París

La lluvia de París obligó a los jugadores a superar una jornada para valientes. Entre nubarrones, chaparrones e interrupciones, se consumió el lunes en Roland Garros, lleno de paraguas por las calles y de tenistas desesperados en el vestuario, pendientes del tiempo. En un deporte rodeado de tantos factores, marcado por mínimos detalles que cambian la dirección del encuentro tan rápido como la veleta de posición, los jugadores se enfrentaron a un enemigo habitual en el segundo grande del curso: la lluvia y sus caprichosos vaivenes.

“Ha sido duro porque ha habido varios parones”, reflexionó Feliciano López, que de lluvia y suspensiones sabe algo porque en su carrera ha vivido mil situaciones de ese tipo. “He entrado en la pista, ha sido cuando ha llovido más y hemos tenido que irnos al vestuario, no hemos ni empezado. Y luego cuando hemos entrado a jugar, con 4-3 ha vuelto a llover, un lado se ha puesto peligroso y han tenido que venir a arreglarlo. Ha sido otro rato de parón más. Hay que mentalizarse para estos días”.

“¿Por qué no secan la lona?”, se preguntó en voz alta Nadal

Nadal, que compitió en las condiciones menos agradecidas con su juego, superó la prueba como si en lugar de nubes brillase el sol más reluciente del mundo. “La pista estaba muy pesada, la bola se ponía con agua por la lona de detrás. Esto si que no lo entiendo. ¿Por qué no la secan?”, se preguntó el mallorquín. “Si está lloviendo entiendo que esté mojada, pero si ha parado de llover, ¿por qué no cogen cuatro toallitas y la secan? Esto hace más complicado que la bola pueda saltar más”, concluyó. “Y yo no entiendo cómo puede estar lloviendo fuerte durante 10 minutos y que no tapen la pista”, le siguió Feliciano. “Luego estaba mucho más lenta. Con días así de frío, en estas condiciones, la pista rápida no estaba, pero estoy feliz por la victoria. En días así, a veces ni juegas y tienes una jornada más de retraso”, sentenció el toledano, satisfecho con haber superado una jornada difícil.

“Al principio no he jugado mi mejor tenis”, aseguró Robredo, que se encontró sorprendido por el joven Ward y en la interrupción por lluvia halló una solución para enderezar el inicio del encuentro. “Estos partidos hay que sacarlos. La primera ronda siempre es complicada. Me ha ido bien el parón porque he ido al vestuario, he hablado con mi entrenador y hemos visto lo que estábamos haciendo bien y lo que estábamos haciendo mal. Luego he entrado a la pista más tranquilo. Sabíamos que no iba a parar mucho. Tenía que sacar el partido, jugando bien o mal. Habría ganado el partido igualmente quizás, pero cuando vas perdiendo estás interrupciones por lluvia van bien para calmarte. El partido es muy largo, tengo más experiencia que el otro y sabía que el partido podía caer de mi lado”, prosiguió el catalán. “Un set a cero es un trocito de partido. En un torneo normal tienes que ir con más cuidado, pero aquí el otro sabe que ha ganado un trocito de partido y queda mucho. Al final, todos saben que Tommy Robredo en pista de tierra y a cinco sets es duro, que hay que estar mucho rato sobre la pista para ganarle, juegue bien o mal. Esto lo tenía claro”, expuso mientras tomaba un par de barritas energéticas para recuperar tras el desgaste.

“Todos saben que hay que estar mucho rato para ganar a Robredo en tierra a cinco sets”

“Para mi juego no es muy bueno que este así de lento, pero era lo que había”, se lamentó Bautista, un amante de los golpes incisivos y la velocidad en los intercambios, algo complicado de lograr con las plomizas condiciones reinantes en la capital francesa. “Ha habido un momento en el que la pista estaba muy pesada. Las bolas se mojaban en la lona verde de detrás de la pista, pero ninguno de nosotros quería volver a parar. Todos queríamos seguir jugando y acabar el partido cuanto antes”.

Temor a una suspensión distinta sintió García López, que una vez pasada la tormenta vio cómo la luz natural se agotaba, planeando una inoportuna tregua que habría dejado su triunfo en el aire. “Con 4-1, pensaba que me podía liar en algún juego, él mete dos palos que le entran, se pone 4-2, quizás lo suspenden para mañana y es otra cosa distinta”, dijo el jugador de la Roda. “Tenía miedo de que llegara la suspensión. Veía que estaba empezando a oscurecer. La suspensión, el día de mañana… ya habrían sido demasiados pensamientos”. Al final, todos pusieron la misma buena cara: esa que deja una victoria en Grand Slam.

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