Ferrer desafía al tiempo

José Izquierdo desde la ciudad de Madrid

Bien entrada ya la noche, en México se corona a un antiguo rey. Es David Ferrer, que alza el trofeo en Acapulco, ese que le acredita como campeón en 2015 tras derrotar a Kei Nishikori (6-3 y 7-5 en 1h49m). El alicantino, que cierra el mes de febrero invicto con dos entorchados de manera consecutiva -ganó la semana pasada en Río, sobre arcilla- se tumba sobre el tapete azul y se cubre el rostro con las manos. Es una larga travesía la que ha tenido que recorrer para volver a ser el que era. La pasada temporada fue dura para el flamante número tres de la Carrera de Campeones, pero ya forma parte del pasado. La mejor versión de David Ferrer, camino de los 33 años, ha vuelto. Y quiere quedarse el mayor tiempo posible.

Kei Nishikori, que será número cuatro del ránking mundial el próximo lunes, sufrió en sus propias carnes el empuje del de Jávea. El japonés, que había vencido a Ferrer en los cinco enfrentamientos previos, entró al partido con la ventaja mental de haberse llevado los últimos duelos al zurrón. Su rival, por el contrario, puso en la balanza intensidad y un brillante juego de piernas para desequilibrar el marcador en los primeros instantes. El pupilo de Francisco Fogués se llevó los tres primeros juegos del encuentro y aunque Nishikori igualó el luminoso hasta el 4-4, acabó claudicando en el décimo juego con su servicio, cediendo el set inicial ante el español, que dominaba desde el fondo de pista, llevando la batuta con su drive y provocando el error en carrera de su rival.

El Ferrer de 2015 es un Ferrer mejorado. No solo físicamente, sino también en el apartado mental. David disfrutó de una ventaja de 3-0 con dos breaks en la segunda manga. Llegó a servir para finiquitar la final, pero Nishikori igualó a cinco el marcador. Sin embargo, lejos de venirse abajo por lo ocurrido en los anteriores duelos, volvió a quebrar el saque del japonés, cerrando posteriormente el partido, convirtiéndose en tetracampeón de Acapulco, igualando los cuatro títulos de Thomas Muster, aunque la hazaña del alicantino es más meritoria, ya que es el primer jugador que gana el Abierto Mexicano en dos superficies diferentes. Los tres primeros entorchados llegaron en arcilla (2010, 2011 y 2012) y este último en cemento, tras el cambio de superficie al que asistimos la pasada temporada.

El tercer título de la temporada para Ferrer -el número 24 de su trayectoria profesional- coincide con uno de los mejores arranques de su carrera. Con el triunfo en Acapulco se coloca en la tercera posición de la Carrera de Campeones con un total de 1430 puntos, a tan solo 160 unidades del segundo clasificado, el suizo Stan Wawrinka. El alicantino, el mejor tenista español del momento, acumula un balance de 18 victorias y una sola derrota en 2015, siendo Kei Nishikori en la cuarta ronda del Abierto de Australia el único tenista capaz de vencerle en los dos primeros meses de curso. La pasada semana triunfó en la arcilla de Río. Esta semana en el cemento mexicano. Parece que los cambios de superficies, a sus 32 años, no le afectan demasiado. David, indudablemente, ha vuelto por sus fueros.

¿Hasta dónde es capaz de llegar David Ferrer? Seguramente hasta dónde su ambición le permita. Se dudaba de que pudiese ganar un Masters 1000 y triunfó en París. También se puso en tela de juicio su rendimiento en Grand Slams y acabó alcanzando el último partido en Roland Garros. Del top-10, tan solo Roger Federer es más veterano que el tenista de Jávea. El 2015 debe ser un año para disfrutar. Para lograr lo que se le escapó antaño por un motivo u otro. Precisamente el curso en el que se pronosticaba como el de la despedida como jugador de élite está siendo el de su recuperación como un perfil de referencia. Ferrer desafía al tiempo. Veremos quién acaba ganando la partida.

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