El trampolín de Pennetta

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Cielo e infierno. Blanco y negro. Rosas y espinas. Contrastes para explicar cómo resucitar una carrera impulsándose desde las catacumbas. Nunca antes había llegado Flavia Pennetta a semifinales en Indian Wells. Remontar un 1-3 en el tercer set ante la estadounidense Sloane Stephens (6-4, 5-7 y 6-4) la convirtió en la primera italiana clasificada para la penúltima ronda en el primer Premier Mandatory de la temporada. Hace un año, sin embargo, la misma mujer que hoy encontraba la felicidad, paladeando el dulce sabor de la victoria en el árido desierto, se planteó seriamente la opción de retirarse. ”El año pasado, exactamente aquí, estaba pensando en parar. Fue muy duro hasta Wimbledon”, confesó la número 21 del mundo, que meditó dejarlo porque los resultados no llegaban y el cuerpo ya pesaba. “Tuve una mala temporada. Estaba tratando de encontrar la motivación y entrenar. Y lo hice bastante bien. Después de Wimbledon, me empecé a sentir un poco mejor y desde ese momento las cosas están saliendo bien”.

En 2013, Pennetta no ganó dos partidos seguidos hasta mayo, cuando asaltó las semifinales de Estrasburgo llegando desde la fase previa. Ese vórtice de derrotas le señaló el punto y final de su carrera. ¿Había llegado el momento de dejarlo? ¿Era hora de decir adiós, hasta luego, aquí termina todo? ¿Marcaban los 30 años la barrera insuperable a la que tanto miedo tienen las jugadoras en el vestuario? La italiana se concedió una prórroga hasta el Abierto de los Estados Unidos. Después, y en función de sus sensaciones, los resultados y el ránking, analizaría la situación para actuar en consecuencia. De la Flavia que se quedó clavada en la primera ronda de Indian Wells ante Schiavone a la que abandonó Flushing Meadows en semifinales después de inclinar consecutivamente a cuatro cabezas de serie (Errani, Kuznetsova, Halep y Vinci), solo frenada por Victoria Azarenka, la número dos del mundo, no quedó nada. Dos jugadoras distintas en un mismo cuerpo. Una recuperación fabricada en las tinieblas. Una cabeza fuerte para superar la adversidad. La decisión, claro, era continuar peleando. No había opción a bajar los brazos después de escalar el Himalaya.

“Creo que fue porque seguí trabajando. Nunca paré. Cuando todo marcha en la dirección incorrecta piensas: ‘ok, no quiero practicar’ o ‘no quiero hacer esto o lo otro’. Pero si lo sigues haciendo, en algún momento y aunque no sepas por qué, sucede”, reconoció Pennetta, que no encuentra una explicación a su alto rendimiento en Grand Slam, donde no ha bajado de cuartos en los tres últimos disputados (Wimbledon y Abierto de los Estados Unidos 2013 y Abierto de Autralia 2014). ”Trato de dar lo mejor en los torneos grandes y en los pequeños. No hay diferencia para mí porque trato de solo jugar mi tenis. Trabajé duro y todo está saliendo bien en los últimos siete u ocho meses, así que estoy realmente feliz por eso”.

Pennetta, que se subió con trabajo al trampolín que la catapultase hacia la cima de nuevo, buscó en su entorno la protección necesaria para coronar ese salto. “Cuando los años te llegan, empiezas a entender lo que tienes que hacer mejor y te das cuenta de lo que es realmente importante”, explicó la italiana, que con 32 años guía la mirada hacia las diez mejores del planeta, donde busca un hueco. “Ahora viajo con mi fisioterapeuta [Massimo Tosella]. Antes no viajaba con él todo el año pero ahora lo estoy haciendo. He trabajado con él durante siete años y este año decidimos hacerlo a tiempo completo porque lo necesito. Para mí, es importante tener un buen equipo. Tengo un buen entrenador en la pista y fuera de ella. Pasamos más tiempo fuera de la pista que dentro, así que es importante tener buena gente alrededor, y que la gente te diga lo bueno cuando es bueno y lo malo cuando es malo. A veces, no tenemos ese tipo de cosas. Tengo una familia fuerte. Siempre están felices por mí pero realmente mi madre es muy dura”.

Ahora, y buscando la final del torneo, Pennetta desafiará a Na Li, la campeona del Abierto de Australia a la que ha ganado en dos ocasiones y que la apeó esta misma temporada en los cuartos de final del primer grande del curso. Antes ganó a Stephens, que desde su reputada victoria ante Serena en Australia el año pasado se desangra cuando juega contra alguna de las 30 mejores (4 victorias y 15 derrotas). ”No nos divertimos mucho hoy. No fue un buen partido. No realizamos nuestro mejor tenis”, reconoció Flavia, que acabó el cruce con 47 errores no forzados por los 65 de Stephens, 112 en total (en 222 puntos disputados). “Quizás, al principio jugamos mejor, y en el segundo algo, pero el tercero fue un desastre para ambas. Estoy feliz por salir adelante, pero no tengo una gran sensación en estos momentos”. Hoy, una oportunidad para borrar esa sensación volviendo a pelear por un título por primera vez desde Acapulco en 2012.

Li reina en el caos

La reedición de la final del Abierto de Australia, que enfrentó en los cuartos de final a Indian Wells a Na Li y Dominika Cibulkova acabó siendo una guerra de escopetas con los cañones torcidos. 110 errores no forzados en 219 puntos jugados, más de 3,92 por cada turno de servicio completo. Un disparate al que sobrevivió la china (6-3, 4-6 y 6-3) para cruzar con Penneta en las semifinales del Premier Mandatory californiano.

“Fue un partido diferente al de Australia”, explicó Li. “Creo que hoy ella jugó de forma más agresiva. Sentía que ella entraba y se metía más en la pista para pegarle. En el segundo set bajé un poco y le di más oportunidades chances. Ella logró muchos tiros ganadores”, cerró la china. “Y sí, fue un partido muy estrecho”, se lamentó Cibulkova. “Estoy un poco decepcionada de no haber podido ganar porque tuve mis oportunidades hoy. Estuve 1-0 con mi servicio y tuve una o dos pelotas para el 2-0. Pudo ser una historia distinta. Son las chances de debes aprovechar contra una jugadora así y hoy no lo logré. Me voy un poco triste”.

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