El regreso de Mardy

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

“Quiero recuperar mi vida”. Simple y directo. Es el mensaje del estadounidense Mardy Fish tras atravesar un camino de sufrimiento en la sombra. Pasar de ser uno de los 10 mejores jugadores del mundo a no poder competir por palpitaciones y cuadros de pánico. Figurar como una de los primeros rostros de un deporte itinerante, que recorre todos los rincones del planeta, a no poder salir de casa sin la supervisión de un tercero. Labores cotidianas como dormir por la noche, dar un paseo u hojear un libro convertidas en una auténtica montaña de miedos. El estadounidense, que llegó a ser número siete mundial antes de que problemas de corazón y consecuencias emocionales le apartaran de la práctica profesional, regresa a competición en Indian Wells tras casi dos años después del último impacto. El tenis, sin embargo, no podría ser más secundario.

Mardy, un talento tardío porque encontró su mejor nivel camino de la treintena, al desterrar de su dieta comida rápida y optar por un régimen de alimentación y entrenamientos más estructurados, fue operado de arritmias en 2012 hasta salir de la élite de manera aterradora. “Fue para asustarse”, reconocía a USA Today después de permanecer lejos de las pistas durante tres meses, entregar su puesto entre los 10 mejores y renunciar a la opción de disputar los Juegos Olímpicos, una experiencia jamás disfrutada. “Sentía que se me salía el corazón del pecho”, relataba al describir las arritmias que forzaron su paso por el quirófano para controlar el ritmo cadíaco. “Durante el día estaba bien, pero cada vez que me iba a la cama pensaba, ¿qué pasará esta noche? ¿Será otra noche de esas? Era difícil dormir”.

Lejos de zanjar la cuestión, su experiencia frente al cirujano dio paso a trastornos psicológicos y nuevos latidos fuera de control. En el Abierto de los Estados Unidos de 2012, presto para competir ante Roger Federer en la cuarta ronda, uno de los grandes partidos de su carrera, Fish desapareció por motivos de salud. Una etapa de pánico, tal que no logró, como él mismo ha confesado, volar de regreso a casa desde la Gran Manzana, abandonando el avión una vez embarcado. Entre palpitaciones, no volvió a pisar las pistas durante siete largos meses. Tras un 2013 que fue una agonía, una temporada con apenas 10 partidos y una retirada mediado agosto como desenlace, el estadounidense cerró la puerta al deporte profesional.

“Había tocado fondo”, reconocía días atrás ante ESPN. “Me encontraba en un lugar complicado. No sentía que fuera cuestión de un poco de medicación y un par de sesiones de terapia para estar recuperado”, recuerda Fish mientras relata los vaivenes de su quehacer, convirtiéndo las tareas más comunes en auténticos retos personales. “Hubo momentos en los que sentí que mi vida nunca más me pertenecería. ¿Volveré a ser un tipo normal? ¿Podré salir con mis amigos y tomarme una cerveza sin pensar que voy a despertarme a las tres de la mañana con ansiedad pensando en qué haría la gente normal? ¿Podré dormir sin ayuda de medicamentos? ¿Podré viajar por sin compañía?” recuerda hilando preguntas que ilustran la mera normalidad como el más grande de los tesoros.

“Yo era un tipo al que le encantaba estar sólo de vez en cuando y viajar. Algunos de los momentos más placenteros de mi carrera se produjeron en la soledad de algún vuelo al extranjero, donde puedes apagar tu teléfono y evitar que cualquier entre en contacto contigo durante 10 horas. Ese era un lugar muy cómodo para mí”. Fish, que no tomó una raqueta durante los nueve meses siguientes a su retirada en Winston Salem, encontró el refugio en el golf,  la calma en la soledad de los green y el bálsamo a su hambre competitivo.

Su regreso al circuito es una cuestión interior, cuya altura reside en el fondo más que en la forma. “No me importan los resultados, francamente”, reconoce Fish cuando se le cuestiona por su reinserción en el circuito, un vestuario donde los veteranos son legión y las carreras cada vez más largas, un escenario que le otorga cierto oxígeno con 33 años.“Esto es un triunfo personal para mí y para la gente que está a mi alrededor y conoce la situación. La gente que sabe dónde estuve y cuán mal me encontré, el tiempo que me llevó superar esto y todas aquello por lo que he pasado. Pero también por todos aquellos que valoran la dirección hacia la que me encamino”, reconoce en ESPN.

“Este deporte me ha dado mucho. Me siento muy afortunado por practicar un deporte como modo de vida. Pero al mismo tiempo siento que el deporte me debe el lujo de marcharme cuando esté preparado. No lo dejé por que estuviera lesionado, no tuve un problema en el tendón de Aquiles, ni un ligamentro cruzado. Fue algo caótico y extraño”, rememora Mardy, que reside en Los Ángeles y se prepara para volver a competir apenas a unos kilómetros de casa. “Quiero recuperar mi vida, y el siguiente paso es hacer esto. Instruir a la población que ha padecido trastornos mentales y a la gente que ha atravesado ansiedades, cuadros de pánico o depresión. Estas cuestiones se infravaloran en nuestras sociedad. Es importante decirle a la gente que está padeciendo esto que yo también. Ojalá puedan identificarse conmigo y ver en ello una historia de éxito”.

  • david sorribas

    Enorme, Grande Mardy Fish!!

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