El purismo choca con la innovación

Rafael Plaza desde la ciudad de Roma

¿Qué pasaría si Stefan Edberg pudiese bajar a hablar con Roger Federer en mitad de un partido? ¿Cuál sería el mensaje que Toni Nadal le transmitiría a Rafael Nadal en un momento de apuro? ¿Cómo reaccionaría Novak Djokovic al escuchar los consejos de Boris Becker durante un descanso? De momento, son preguntas sin respuesta en el circuito masculino, donde los entrenadores tienen prohibido dialogar con los jugadores durante los encuentros. Hacerlo desde la grada, de forma velada y siempre mediante palabras clave o gestos, conlleva una multa (miles de euros) si el juez de silla lo descubre. No sucede así en la WTA, que temporadas atrás aprobó una regla por la que el técnico puede bajar a la pista para estar con la jugadora una vez por set y ayudarle en lo que sea necesario. Es la evolución (WTA) contra el purismo (ATP) que otorga ventaja a las mujeres sobre los hombres.

“Me parece fantástico”, se posicionó Nadal tras derrotar 6-2 y 6-0 al turco Ilhan en su estreno en el Masters 1000 de Roma. “Nunca entendí la regla esta del año tururú de que el entrenador no pueda decir nada”, confesó el mallorquín. “En el pasado, cuando solo podían viajar algunos jugadores con entrenador, que eran los que realmente tenían posibilidades económicas de ir con un técnico, comprendo que era lógico que no se pudiera hablar en los partidos para tener las mismas condiciones para todos. Pero seamos a claros: a día de hoy, no hay ningún jugador en el circuito que no tenga a su entrenador en la pista”, siguió el número siete, acostumbrado a ser sancionado por los árbitros. “Tener a un entrenador, pagarle y que en el momento más importante que no te pueda decir nada me parece una tontería. Las reglas están ahí. La WTA tuvo un cambio y la ATP de momento no”, sentenció el campeón de 14 grandes.

“Está claro que es una contribución muy positiva al jugador”, le siguió Pablo Lozano, entrenador de Sara Errani. “Al menos, mínima o parcial y seguro que no perjudicial. Es una colaboración desde dentro para ver algo que no se puede entender o comprender en la pista. Es una ayuda. Sea mayor o menor espectáculo para el público, es una ayuda para el jugador”, prosiguió el técnico de la italiana, que cedió 4-6 y 4-6 frente a la estadounidense McHale en tercera ronda del Premier italiano. “Lo mismo que sueles hacer a diario en pista cuando entrenas, lo haces durante los partidos, que es donde esa información es más útil. Ahí es realmente el lugar en el que cuenta porque se pueden asumir ciertos riesgos que cambien el partido. Muchos encuentros pueden cambiar con una pequeña ayuda, pero la cabeza del jugador es solo suya. El entrenador no sabe realmente el 100% de lo que piensa el tenista. No es tan fácil, pero claro que puede haber un cambio en el marcador”, cerró el valenciano.

Pese a que la mayoría de las jugadoras aprovechan la regla para solicitar la presencia de su entrenador en la pista, hay otras que se guían por sus principios. Serena, la número uno del mundo, nunca ha solicitado la ayuda de Patrick Moratoglou, su técnico. A diferencia de casi todas sus compañeras, la estadounidense entiende que una vez el partido ha comenzado es obligación de la jugadora arreglar lo que pase con la bola en juego, que lo contrario es pegarle una patada a la historia de un deporte receloso a darle la mano a la evolución.

“Yo estoy con Serena”, contó Francisco Fogués, entrenador de David Ferrer. “Es un deporte individual y el jugador ha hecho el trabajo antes. Además, debe aprender a resolver problemas solo dentro de la pista, a pensar por sí mismo, a saber salir de esas situaciones”, prosiguió el exnúmero 137 mundial. “En un momento determinado creo que la ayuda puede ser corta, más clara, que igual entrar a dar un discurso”, añadió. “Una vez dentro de la pista, depende más de los jugadores. El apoyo nuestro lo sienten igual. Las dos o tres cosas puntuales las dices en un momento en el que te oyen igualmente”, se despidió el técnico del número ocho, que ayer superó 6-4 y 7-5 al francés Gasquet.

“El tenis es un deporte individual, pero todos tenemos un equipo detrás y esto hace que sea un deporte colectivo”, argumentó Carla Suárez tras su victoria (6-1 y 6-1) sobre Heather Watson. “A mí, me beneficia mucho porque me puede dar toques de atención, hacerme reaccionar o darme confianza”, desgranó la canaria. “Cuando una persona ve un partido desde fuera, las cosas se ven más claras. Un entrenador ve también a la rival. Yo estoy en pista y muchas veces no estoy pendiente”, añadió la número 10 mundial. “Es más, puede llegar a cambiar a un partido. Tuve un encuentro con Venus [Williams] en Miami y las palabras de Xavi [Budó, su entrenador] me fueron muy bien, me sirvieron mucho”, recordó sobre su duelo de cuartos, donde perdió 0-6 la primera manga y acabó remontando. “No es solo que te pueda cambiar un partido, es que haces que juegues más tranquila y relajada, que le quites importancia a cosas que por dentro le estás dando muchas vueltas. El técnico tiene esa capacidad de hacerte ver que no es tan importante lo que está pasando. El entrenador está para ayudar”, remató. “¿Serena? Ella se siente muy superior. Lo acepto y lo respeto. Pierde muy pocos partidos al año, tiene mucho orden y se conoce bien a sí misma. Quizás, que alguien le haga cambiar sus pensamientos o le diga de jugar de forma distinta… seguramente por eso prefiere que no baje nadie”, remató Suárez, que mañana cruzará con la canadiense Bouchard buscando los cuartos.

“No me parece mal que pueda bajar, me parece mal que se escuche por televisión lo que le dice el jugador al entrenador”, explicó Marc López, que superó su estreno en dobles junto a Marcel Granollers (6-4 y 6-4 a Almagro y García-López). “Es algo innecesario. Tu entrenador puede ver cosas que otro no y alguien desde casa se puede enterar. Un ejemplo: un conocido de la rival escucha lo que le dice el entrenador y le manda un mensaje al otro comentándole las instrucciones que le ha dado”, analizó el catalán, criticando que los espectadores puedan conocer el intercambio de palabras entre jugadora y entrenador. “Está bien que se pueda bajar, pero que se escuche en abierto me parece mal. Mi posición es clara: haría como en Copa Davis, que el entrenador pueda sentarse en el banquillo si quiere”.

“Estoy de acuerdo con Nadal”, le continuó Granollers. “Es de los pocos deportes en los que el entrenador no puede intervenir en el partido. Haces todo el trabajo con él, todos los días y durante el año entero, y a la hora de la verdad esta prohibido que te ayude. Y encima te multan”.

Así, y según piensa el vestuario, no es solo una cuestión de tradiciones inamovibles: el dinero que los organizadores del circuito masculino reciben como consecuencia de las sanciones es importante. Dar luz verde a la regla que la WTA aprobó hace años sería renunciar a esa fuente de ingresos… y romper con el purismo que lleva décadas envolviendo a un deporte especial como pocos hay en el mundo.

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