El otro diamante suizo

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Tu entrenadora, la mujer que te ha encendido la llama por la competición, es la madre y mentora de la primera gran figura del tenis de tu país. Quien además, en los últimos días y tras años de sequía, ha vuelto a levantar los brazos. El referente nacional en el bando masculino es considerado por muchos como el mejor jugador de todos los tiempos. El último campeón de Grand Slam también defiende la bandera que tú proteges. Suiza se encuentra ante una gran oportunidad de conquistar por primera vez la Copa Davis. Y tú, que te encuentras ese festín de éxito desmedido en un país con un fondo de armario justo, que el pasado curso con apenas 16 años subiste más de 400 puestos, eres la mayor exponente de tu generación y la primera raqueta mundial de categoría júnior. El que observa éxito no se sacia. Quizá aún no te estén mirando pero afirmar que te van a observar con lupa y que todo podrá parecer poco, roza el eufemismo.

En una época de pistas más ralentizadas, de materiales que favorecen la construcción de intercambios más largos, de competidores cada vez más trabajados desde el punto de vista físico, la irrupción de perfiles realmente jóvenes se encuentra aprisionado entre muros demasiado gruesos. Campeonas absolutas de Grand Slam en fase teenager es un grifo que quedó cerrado con María Sharapova en Wimbledon 2004. Pronto se cumplirá una década de tal suceso. La no materialización temprana, sin embargo, no exime la presencia de talento emergente. Por eso Belinda Bencic, el gran talento de futuro suizo a sus 17 años, llama la atención. Muy de vez en cuando, con insinuaciones de mucho trabajado y todo por confirmar, surge un perfil joven que parece contar con el arsenal lleno.

Kimiko Date-Krumm ha vivido más tenis que ninguna jugadora en activo. No es una mujer que regale halagos. En más de una ocasión ha subrayado de manera crítica, siendo una mujer cuyas piernas han tocado varias décadas, la escasa variedad presente hoy día en circuito. Anhelando realidades de otro tiempo. Es un radar fiable y sin necesidad alguna de labrar simpatías. De Bencic, su verduga en Melbourne, sólo dejó buenas palabras. “Cuando estuve luchando ante ella, no tuve la sensación de que fuera una niña de colegio. Jugó exactamente como Martina Hingis”, concedió la japonesa, mayor que la propia madre de Belinda, tras su refriega en el último Australian Open. El primer Slam absoluto de la suiza. “Mi fortaleza es que juego algo diferente al resto de tenistas” resumía entonces la helvética tras triunfar en su bautismo de fuego ante una mujer 28 años más veterana. “Creo que mis rivales encuentran problemas con esto. Porque tomo la pelota antes que las demás y estoy mejorando el servicio”.

En plena efervescencia del tenis suizo, Bencic tiene el mejor ranking de la cosecha 1997

El vínculo con Hingis no se reduce a una cuestión de nacionalidad (ambas tienen raíces en Eslovaquia, donde nació Martina y desde donde emigró el padre de Belinda antes de que ésta naciera). Bencic ha crecido al abrigo de Melanie Molitor, muñidora de Martina. Durante ocho años, en la academia que regenta en Wollerau, ha escuchado las indicaciones de quién construyó a la primera gran figura del tenis suizo y hoy le ayuda de manera puntual. Con su padre Ivan, que ha pasado a tomar los mandos de entrenamiento, observando cada sesión. Y, pese a insinuar mayor vigor ofensivo que Martina, comparte aspectos como el toque y la riqueza de recursos de la ex número 1. Pese a que ella muestra halago aunque no aceptación en tal comparativa. “No es apropiada porque aún no demostré nada”.

Sus padres contemplaron de inmediato su potencial. A los cuatro años, ya estaba en la academia de Molitor, quien le inculcó la pasión por el juego. Con apenas siete ya estaba de vuelta en Suiza tras pasar por la academia de Nick Bolletieri, un nido de campeones, donde respirar un ambiente entre niñas de mentalidad centrada a la competición. Su padre Ivan, con´ánimo de crear un proyecto deportivo, contactó a Marcel Niederer, jugador de hockey y amigo de infancia, en labores de inversión para su desarrollo. Hoy es el agente que ha rodeado a Belinda de sponsors, más de una decena sin llegar a la mayoría de edad. Un portfolio con productos financieros, tecnológicos, deportivos,… con que sustentar una prometedora carrera hasta la llegada de grandes resultados. Y algunos, sostenidos con sesiones de entrenamiento en Florida, en la academia de Chris Evert, van insinuando.

Campeona junior de Roland Garros y Wimbledon en 2013 -algo que logró Martina Hingis con 14 años-, firmando una racha de victorias por encima de los 40 partidos, méritos que le han aupado al número 1 en la categoría, Belinda ha venido girando cabezas de cara a una temporada 2014 donde va rompiendo costuras. Primero, en su debut absoluto en Grand Slam. Superando la previa en Melbourne Park, batiendo a la veterana Kimiko-Date Krumm en su primera incursión de cuadro final, sólo para ceder ante la vigente finalista y postrera campeona Li en su primera visita a una central major. Después,estrenando papel individual, lidera a Suiza en Copa Federación en territorio francés, cerca de ganar ella sola la eliminatoria con triunfos ante Cornet (top25) y Razzano (top80). Por último, esta semana en Charleston, su séptimo cuadro final WTA, busca unos cuartos de final que, hasta la fecha, conforman es el mejor resultado de su carrera en el Tour.

Pasó 8 años en la academia de Melanie Molitor, madre y mentora de Martina Hingis

Sobre la verdosa arcilla de Carolina del Sur, de nuevo ese impacto emocional al cruzar por los pasillos con personas que cuelgan en tu habitación. Tener a María Kirilenko como mayor referencia, como la figura que forra las paredes de tu cuarto, y tumbarla en circuito. Una chica que puebla su pared de pósters de Sharapova, Federer,… que idealiza a contemporáneos encuentra en la convivencia con el ídolo la recompensa de su esfuerzo. Reconoce que alucina al cruzar con sus referentes. Debe de ser un tremendo choque de realidad. Tener al alcance de la mano perfiles que uno creció admirando. La compostura, el saber estar es una de las virtudes subrayadas por quienes le rodean. Un activo importante para llevar a cabo la transición a un mundo tan competitivo como la primera línea del tenis profesional. Un trabajo itinerante con exigencia de adaptación de difícil par.

A sus recién cumplidos 17 años, cuestiones de reglamento, la helvética no puede diseñar un calendario a tiempo completo. Tiene limitada cuantitativamente la participación en eventos del circuito. Pese a todo, siendo menor de edad, se encuentra a una distancia no muy generosa de los 100 primeros puestos. La jugadora más joven de ese estatus es la americana Madison Keys, un perfil de 19 años. Y Bencic, a quien una actuación brillante en Carolina del Sur le llevaría a cercar ese horizonte, camina con paso seguro. Con pulsos directos ante campeonas de Grand Slam como Venus Williams, rival en su debut WTA, Li Na, oponente en su primera visita a una central grande, Samantha Stosur o Petra Kvitova, va sumando experiencia en la forja de uno de los grandes proyectos femeninos. En Charleston, se sigue puliendo el otro diamante suizo.

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