Diario de viaje: Valencia, 24 de octubre

Rafael Plaza desde la ciudad de Valencia

“Esto es un dron, un aparato no tripulado dirigido desde tierra con el cual puedes ofrecer todo tipo de tomas aéreas, ya sea foto o vídeo en HD”. José Carlos Zarzero de la empresa Airworld es el encargado de manejar la vanguardista máquina que vuela estos días por la Ciudad de las Ciencias y las Artes de Valencia ofreciendo tomas impresionantes para TVE. “Es un hexacóptero porque tiene seis hélices”, dice señalando los brazos del objeto volador; “pero existen distintos modelos en función del número de hélices que tenga”, aclara. “El dron se utiliza para cualquier cosa que puedas llegar a imaginar si quieres tener una bonita toma desde el aire. Sirve para cine, anuncios, televisión y pruebas deportivas. Las posibilidades son infinitas”, analiza el encargado de pilotarlo.

“Funciona con un control remoto. No lo confundamos con estos bonitos helicópteros que están vendiendo ahora por 300 o 400 euros porque no es eso”, señala. “Esto es un equipo profesional y bastante más caro. Funciona con una radio de verdad, de gama alta, y necesita de seis a ocho canales mínimos para poder volar. Tienes control tanto de vuelo como de cámara desde tierra”.

El dron se utiliza para espacios abiertos o cerrados, pero no es lo mismo trabajar con él en ambos entornos. ”No tiene nada que ver volar en una ciudad, o en un sitio tan cerrado como este con edificios a los lados, puentes y coches, porque debes ir con mucho más cuidado y puede haber accidentes. Volar en el campo es más fácil. En una prueba deportiva al aire libre, donde puedes hacerlo más libremente y tener sólo cuidado de los árboles”, explica. “Dentro de un espacio cerrado hay que tener muchísimo cuidado. No hay corrientes de aire, pero cualquier cosa puede afectar al vuelo manual. Hay paredes, techos, lámparas o incluso personas. Tienes que ir con mucha más prudencia que en un espacio exterior, donde además tienes la ayuda del GPS. Estos aparatos están controlados por GPS y se le digo que se pare, se para. En un interior no hay GPS y se le digo que se pare, sigue andando por inercia”.

Estos días, en el Ágora, el reto está siendo importante. “Volar dentro del Ágora es complicado”, reconoce Zarzero. “Sinceramente, yo no lo haría, aunque acabo de hacerlo, pero no me ha gustado demasiado. Sin gente no está mal, no corres ningún riesgo, pero con espectadores es arriesgar demasiado para tener una bonita toma. Ahora mismo estoy capturando tomas exteriores para que TVE pueda tenerlas, pero el Ágora es el sitio más complicado donde he volado. Además, he tenido un pequeño percance porque se me ha enredado una pata en una silla y ha caído de forma un poco estrepitosa. Justamente por eso, porque las inercias no son las mismas en exteriores e interiores”, concluye.

“No habría tantos problemas en una pista de tenis abierta, lógicamente. Serían las mismas tomas que podrías tener con un helicóptero de verdad con las ventajas de poder bajar mucho. Un helicóptero no puede bajar de 500 o 300 metros, depende de las ciudades, con esto puedes llegar a bajar mucho, estar a la altura del público y moverte por la grada. El único problema que encuentro en tenis es el ruido que hace el propio aparato, ya que es un deporte en el que se requiere mucho silencio”. En Valencia

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