Carla y el valor de la simplicidad

Javier Méndez desde la ciudad de Madrid

Apenas una hora fue suficiente. Esta vez no hizo falta la brega de otras tardes, pelear a vida o muerte en la tercera manga como casi siempre esta temporada sobre césped. Esta vez todo fue aparentemente más fácil o, al menos, más sencillo. “Intenté hacer las cosas lo más simple posible y me fueron saliendo bien”, aclara Carla Suárez nada más salir de la pista ante Marina Erakovic. La española superó 6-2, 6-2 su duelo de tercera ronda en Wimbledon.

“Empecé el día pensando que jugaría después de un partido masculino, pero a la 1:00 pm me dijeron que me cambiaban de pista y todo fue un poco precipitado”, inicia su análisis la canaria. “A lo mejor al principio me costó un poco tantearla, pero luego me sentí muy bien, muy cómoda. No era fácil, porque hacía viento, también la pista en la que estaba jugando no era del todo cómoda”.

Carla encontró un pasadizo hacia los octavos de final, la mejor marca que hasta ahora había registrado en el tercer Grand Slam del curso (2013). Con un 70% de puntos ganados con el primer servicio y 21 golpes ganadores contuvo a una rival valiente que terminó con 24 aproximaciones a la red. Pero ni la agresividad de Erakovic, ni las nubes londinenses evitaron un paso más de Suárez, que ya es la mejor española en Wimbledon.

Después de siete partidos consecutivos a tres mangas en esta superficie, la número 12 del mundo firmó su primera victoria del año en dos sets. “La hierba tiene muy poco margen de error y cuando te despistas un poco te hacen un break, todo va muy rápido. No había conseguido ningún partido a dos sets, llevar una misma línea en un partido, siempre tenía pequeños bajones, pero el partido hoy ha sido totalmente diferente. Desde que me puse por delante en el primer set todo fue bastante rodado”.

Precisamente esos pequeños bajones son los que han marcado la carrera de la canaria, cuando desaparecen se convierte en una jugadora brillante. ¿Cómo hacer, entonces, para borrarlos para siempre? “Es una cosa que me pase inconscientemente. Cuando entro a un partido intento ser lo más regular posible mentalmente. A veces no es fácil, hay muchas emociones, hay tensión y lo que hay que intentar es que no me influya, que pueda ser capaz de estar dos horas con la misma intensidad mental”. Carla ya conoce la lección.

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