Azarenka, de los pies a la cabeza

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Es el dilema del tenis profesional. Levantar mínimamente el pie del pedal significa verse adelantado. Una tensión permanente entre lo que se tiene y lo que se puede dejar de tener. Una máxima aplicable en especial a competidores lisiados. Es la tesitura que rodea a Victoria Azarenka, derrotada de manera extraña y dolorosa (6-0 7-6) por la estadounidense Lauren Davis (número 66 WTA) en su partido de apertura en Indian Wells. La bielorrusa, que admitió haber vuelto con cierta premura al circuito tras lesión, recibió material para la reflexión en California.

Azarenka se lastimó el pie izquierdo tres días antes de comenzar el Australian Open, donde bregó entre dolores hasta los cuartos de final, cayendo ante Agnieszka Radwanska para ver cortada una racha de siete victorias estirada durante dos años ante la polaca.

Desde aquel momento, debido a una lesión en los nervios situados entre los dedos del pie, exiliada de competición. Se ha visto obligada a vestir una bota en su pie izquierdo durante tres semanas, renunciando a los eventos pérsicos y apenas pudo entrenar unos días antes de llegar a Indian Wells. Para más inri, antes de comenzar el torneo admitió seguir sintiendo dolores en la zona afectada, indicando que la mejor noticia era poder estar en el desierto californiano. Un augurio extraño en uno de los mayores torneos de la temporada.

“Soy demasiado tenaz para eso” espetó cuando se le preguntó si los médicos le habían asegurado que no habría riesgos de agravar la lesión en caso de competir en la primera semana de marzo. Decidiendo aceptar el dolor en lugar de optar por esperar a la remisión de síntomas. “Quiero aprender a atravesar la dureza de esto, dar lo mejor de mí en la situación más dura” comenta una tenista que el pasado fue objeto de crítica por sus frecuentes retiradas.

“A veces lleva tiempo. Es un proceso a superar. Tienes que aprender a ganar en circunstancias adversas e incómodas. Es parte de nuestro trabajo”, afirmó una mujer que ya remó hasta ceder ante Li Na en el último WTA Championships, soportando entre alaridos una lesión de espalda en lugar de enarbolar la bandera blanca.

Lo cierto es que la participación en Indian Wells se probó prematura, como ella misma reconoció, para una de las mejores tenistas sobre cemento. “Quería jugar este torneo. Quería probarme. Porque en algún momento tienes que testarte. Lo miro ahora y quizá fue pronto. Pero no lo sabría sin haberlo intentado”. Y lo supo entre trago amargo. En los últimos tres años, la doble campeona de Australia construye su autoridad bajo un 80% de efectividad como abrigo. Nadie le había colocado un rosco en los últimos cuatro años y enlazó dos entre Melbourne y California.

“Básicamente luché con todo mi espíritu. Cuando estoy en pista intento dar cuanto pueda, incluso sobre una pierna”. Realidad que se prueba espinosa para una jugadora que hace de la cobertura de pista una virtud prioritaria. Cojeando, llegando a solicitar la asistencia del entrenador (poco habitual en una mujer que jamás hace uso del coaching en pista). Haciendo caso omiso de un Sam Sumyk que le recomendó abandonar si de veras sentía dolor. Optó por seguir cayendo sobre sus rodillas, destrozando una raqueta, soltando lágrimas,… hasta ceder -con 11 dobles faltas y más de 40 errores no forzados- ante una tenista que jamás había batido a una top25 y que definió como “surrealista” la hazaña.

La caída en la apertura de California supone un resultado poco habitual en el expediente de Azarenka. Una cesión en el primer peldaño de un evento en superficie dura que en los últimos tres años sólo encuentra espejo reciente en la pasada gira asiática, con sendas derrotas en Tokio y Pekín atribuidas a una mala preparación física tras disputar la final del US Open. Detalles de planificación que le han hecho perder terreno, pudiendo salir del top4 al cierre del evento californiano.

Su participación en Miami dentro de 10 días queda en el aire. La consecuencia es clara. El top2 que entregó tras Melbourne y que supone apartar del horizonte a Serena Williams hasta hipotéticas finales, se aleja ya a más de 1.000 unidades. Una brecha difícil de recuperar con ausencias en grandes eventos. Y no comparecer en Crandon Park, otro torneo obligatorio que no disputó en 2013 por problemas físicos, supondría perder oportunidad de recortar terreno y un tercer Premier Mandatory consecutivo (Pekín, Indian Wells, Miami) sin botín que echarse a la bolsa.

Pese al discurso de resistencia, una aspiración evidente. “Quiero jugar sin dolor porque no es lo ideal salir ahí fuera en estas condiciones”. Cuando se aproxima el corazón de la temporada, donde los torneos se amontonan como fichas de dominó, llegan momentos de decisiones para Azarenka. De los pies, a la cabeza.

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