Amenaza en el patio trasero

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Entre cielos grises como humo de chimenea, un plan de emboscada en el patio trasero. Serena Williams medirá a Li Na por la corona de Miami en terreno doméstico, con el riesgo implícito a rendir rodeada de cercanos. Crandon Park es el salón de juegos de la americana, residente apenas a unas millas del complejo. El escenario perfecto para que la número 2 china, la mejor tenista del año, organice el lanzamiento de un dardo venenoso. Un partido que puede ser clave a nivel psicológico, porque es el primero que las enfrenta en 2014 y tiene lugar en una víspera de altura. Justo antes de abordar la gira de tierra y lanzarse al corazón de la temporada. Las dos mujeres que encabezan la lista, dos veteranas que caminan en tercera década, situadas ante el reto de un gran torneo.

Dentro de su compostura risueña, con misivas de corte siempre pragmático, muestra Li Na en Miami un discurso plagado de mensajes retadores. Digno del que con nada se conforma. Propio del que va a por todo sin reservas. “Es mi primera final aquí, pero no la última” espeta una mujer enfrentada a alguien que roza la decena de compromisos en tales lides. Pero lo hace con una actitud renovada, tras quitar a capas las dudas en los últimos meses. Como el que se despoja las prendas en pleno verano.

En esa semifinal ganada a Cibulkova, reedición del pulso decisivo en Australia, emerge una de las virtudes crecientes de la asiática. La compostura ante el tormento. Es una batalla de control interno contra el frío y el viento. Una pelea contra los elementos tal vez no soportada en años previos. “Quizá todos estarían callados en esta sala escuchando por qué perdí el partido” indica cuando se le pregunta si una Li más joven hubiera resistido al desafío. “Al envejecer no todo es malo. También una aprende. Adquieres más experiencia y te conoces más a ti misma.”

En esa faceta endurecida toma peso su sombra de los últimos dos años. “Empecé a entrenar con Carlos (Rodríguez). Comenzamos con tema físico, pero también mental”. Es el primer entrenador que le habla antes y después de cada partido, una experiencia en principio aterradora para una mujer antaño enclaustrada en su interior. “Era muy extraño, pero me he acostumbrado”. Y el vuelo en altura es una prueba de ello. Lejos del bache de resultados de 2011 tras coronas su primer grande, Li mantiene el pistón con el Australian Open aún caliente. Peleó por la final de Indian Wells y en Miami lo hará por la corona. Rendimiento óptimo coloso tras coloso.

Li Na, no obstante, sabe del rescoldo mental que puebla su cabeza. Porque buena parte del partido ante Williams debe jugarse sentada en el banco. Y sabe que la Race que le sitúa como mejor tenista del año, no le ha visto encarar una sola top10. De repente, tendrá delante a la número 1. Su némesis. El convencimiento, pues, será clave para optar a algo en una pelea contra el recuerdo. “Todo el mundo tendría mucha confianza si llegara a la final con al menos un par de victorias” reconoce la china, con un 1-10 en el balance particular, incluyendo los nueves pulsos competidos en las últimas cinco temporadas. “Es un partido duro. Pero tendremos que ver quién juega mejor sobre la pista”.

Porque la asiática es una tenista convencida de que puede romper sus propios moldes. “Primero dije que, tras ganar Roland Garros quería el Australian Open. Pocos me creyeron. Aquí lo tengo. Otro de mis objetivos era subir al top3. Pocos me creyeron. Aquí estoy” confesaba tiempo atrás la hoy número 2 del mundo. “Y quiero volar más alto”. Entre líneas, todo un mensaje a navegantes. Un mensaje tal vez para la número 1, ante quien descarta un papel aspirante. “Es un buen desafío. La última vez que jugué contra ella fue en el WTA Championships” todo un aviso indicador de estar preparada para rendir de enero a noviembre. “Por tanto, han pasado tres, cuatro meses. Aquí realmente podremos ver cuánto he mejorado en este tiempo”.

Porque 2014 le presenta como mejor raqueta de la temporada. Como la tenista con el arranque de curso más potente, conjugado por 21 victorias en 23 partidos. Y como la principal alternativa a la estadounidense en el largo plazo del circuito. Y el reto inmediato para por incomodar a Serena en la puerta trasera de casa. Tan cerca que su padre va y viene en coche cada día desde la residencia que los Williams en Palm Beach, apenas a unos kilómetros del complejo. Quizá no haya otro escenario como Crandon Park para lanzar un mensaje directo.

Serena, que opta a ganar su séptima corona, guarda las llaves de Miami. No sólo es la vigente campeona. No sólo es el cetro, los seis que pueblan la vitrina, el más repetido en su expediente. Opta a convertirse en la tenista con más títulos de Miami, en ambos circuitos rompiendo el equilibrio que le une a Andre Agassi. Miami es una cita imperdonable para ella. “Tengo muchísimos amigos aquí. La peor sensación que una puede tener es perder delante de los suyos y recibir un abrazo de compasión. Yo no quiero simpatías. De alguna manera sólo contemplo una opción. Y esa opción es ganar”.

El año pasado ambas colisionaron en la ronda de cuartos de final. Pese a volver de lesión, con un mes de inactividad en las piernas, la china perdonó la opción de un tercer parcial, echando por tierra una ventaja amplia en el segundo acto. Es la historia de su rivalidad: una sucesión de actos no consumados. Pocas jugadores miran a Serena con un margen tan estrecho como la china. En sus nueve primeros duelos, sets ganados o mangas estiradas por encima de los diez juegos. Ninguna otra tenista había logrado jamás eso ante Williams, carente de una figura que le pare los pies con regularidad sus colisiones.

“Pienso que siempre hay rivales. Siempre he sentido que cuando juego a mi mejor nivel, es complicado que me batan. Pero tengo que salir ahí fuera, y es complicado mostrar siempre tu mejor versión. Eso es lo especial. Por ello hay tantas rivales”.

Ella, que comenzó la semana entre partidos sufrientes ante la kazaja Shvedova o la francesa García, platos entrantes en circunstancias normales, pasó a rendir con cierta holgura ante Kerber y Sharapova, tenistas que miran con la llama del top10 en los ojos. “No pensé estar aquí sentada conforme comencé jugando el torneo. Estoy feliz de seguir en este lugar”.

“No he jugado contra ella desde hace un tiempo. Pone en pista un gran juego. Se viene a la red. Disfruto de eso en estos momentos. Me gusta la gente que puede jugar a buen nivel. Siempre me he dicho lo mismo. Tienes que estar preparada tengas delante la número 200 o la número 2 del mundo”. Eso es lo que tendrá precisamente al otro lado de la cinta. Una tenista con ambición desmedida. Entre arañazos, saliente de lesión, ya insinuó en 2013. Totalmente lanzada, como número 1 del curso, amenaza en 2014. Serena sabe lo que viene, y lo que necesita. “Si no estoy preparada, voy a ser mi peor enemiga”.

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