Adrenalina

Blanca Bernal desde la ciudad de Londres

Bullicio en la sala de fisioterapia de un torneo cualquiera. Todavía no has terminado con un tratamiento, y otra jugadora necesita estar lista para salir a pista. Calentamiento manual, vendaje… De pronto, suena el walkie: “trainer is needed on court 1″. Llamada a pista, urgencia inmediata. El tiempo apremia. Dejas el tratamiento a medias, y la jugadora que necesita prepararse para salir a pista tendrá que esperar a que otra fisioterapeuta pueda atenderla. Coges el court kit (la mochila-botiquín con la que se realizan las salidas a pista) y vuelas a la pista.

Por el camino, haces memoria de las lesiones recientes de la jugadora que ha pedido ayuda. ¿Estaba bien antes de salir a la pista? ¿Ha venido esta mañana a vernos? En ocasiones, has sido tu la encargada de los tratamientos previos a la urgencia. En otras ocasiones, no. Para estar al día, hay reuniones diarias sobre estado físico y las lesiones de cada jugadora que está en competición, pero la imprevisibilidad juega un papel fundamental en este deporte. La realidad es que cuando el fisioterapeuta se dirige a la pista, la mayoría de las veces no sabe a qué se enfrenta hasta que está allí. Por el camino, esquema mental de las posibilidades y planificación de las acciones para poder ayudar a la jugadora en los tres minutos que el reglamento te concede.

Lo primero es siempre una evaluación de la situación; una corta charla con dos objetivos: saber qué le ocurre y, en el caso de que haya sido algo repentino y doloroso – una caída, un esguince-, intentar relativizar la situación y que la jugadora esté lo más calmada posible. Siempre con el reglamento en la cabeza, rápida mirada al marcador para saber en qué situación se ha detenido el partido y si está permitido o no que la jugadora reciba tratamiento en ese momento. (Si es juego impar y están en un descanso no hay problema, pero si es al final de juego par o el partido se ha detenido en mitad de un juego, la cosa cambia. A no ser que haya ocurrido una emergencia que imposibilite a la jugadora seguir compitiendo, no debería atenderse a una jugadora antes de un descanso.)

Realizaremos una exploración física de la zona afectada, que no entra en el tiempo estipulado para el tratamiento. Es decir, podemos tomarnos todo el tiempo que necesitemos para explorar. Incluso, en caso de dudas, podemos solicitar la presencia del médico del torneo. Una vez tenemos claro qué lesión tiene la jugadora y qué tratamiento tenemos que aplicar, se pone en marcha el cronómetro. Tres minutos. Adrenalina pura. Más vale no equivocarse porque no tendrás tiempo para enmendar el error. Si el tratamiento implica sólo técnicas manuales, es más sencillo que si implica vendajes. Cuando tienes que vendar, no te sobra ni un segundo. Ya sea un vendaje muscular, articular o proteger una ampolla. Vas al límite.

Puede parecer estresante, y en ocasiones lo es. Pero son esos momentos los que hacen que sea un trabajo tan bonito. La responsabilidad de poner solución inmediata a un problema, la eficiencia llevada al límite. El ya. El aquí y ahora. El no poder fallar. La adrenalina, al fin y al cabo. Siempre la adrenalina.

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