Torró se queda a un paso

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

El vendaval muere al final. Tras la amenaza de voltear el marcador y dejar a España a un solo punto de las semifinales de Copa Federación, Tita Torró se inclina 3-6, 6-2 y 1-6 contra Klara Zakopalova en un pulso donde la experiencia y el vértigo tienen mucho peso. En consecuencia, la eliminatoria queda empatada (1-1) y la número 34 volverá a pista a continuación para discutir a Carla Suárez, la primera raqueta de La Armada, el tercer punto de la serie. Después, los capitanes tendrán 10 minutos para decidir las elegidas que saltarán a batallar el último punto individual. El programa dice que serán Torró y Strycova. La lógica, sin embargo, indica que Safarova, la número uno del equipo checo que no entrenó durante toda la semana por un virus y esta mañana se preparó a conciencia, cargará con la responsabilidad de cerrar o empatar de nuevo el cruce, según el resultado del partido previo.

Antes, efectivamente, nace un partido diferente. Por la mañana no hay ni rastro del temporal. Hoy hace sol y no hay viento. Esas dos circunstancias, inexistentes durante toda la semana, acunan los golpes de la alicantina, impulsada por el banquillo español hacia una remontada imposible. Y Torró que arranca inspiradísima rompiendo en el blanco el saque de Zakopalova. Y Torró que engulle el segundo set en un suspiro ganando seis juegos (del 0-2 al 6-2). Y Torró que atropella a la número 34 con los pelotazos que salen de su derecha, que bien podrían ser balas de cañón porque destruyen una y otra vez las trincheras rivales. Y Torró que desespera a la checa, negándole la línea de fondo desde donde debería escribir el triunfo con sus golpes planos y directos. Y Torró que sueña con poner a España 2-0, cuando el partido ya se compite entre puños cerrados y gargantas encendidas.

“En el tercer set, ella ha dado un cambio, una marcha más”, explica la española tras la derrota. “Ha jugado más metida en la pista, peleando más, defendiendo mejor. En la segunda manga yo he estado tirando y a ellas las bolas se le quedaban cortas. Luego no. Y ha sido un detalle que me ha costado más. Yo he bajado un poco cuando he visto que tenía posibilidades de ganar. Es difícil aguantar todo el partido al 100%”.

Zakopalova digiere ese intento de rebelión con una madurez extraordinaria. Durante el tiempo que juega maniatada, atrapada en un laberinto que amenaza con sepultarla, la checa deja síntomas horribles. Para mantener la bola en pista juega muy corto, entregando la iniciativa a la española que transforma cada duda en un golpe ganador. Además, pena cuando es exigida, obligada a tirar en posiciones incómodas, por lo que manda pelotazos a morir junto a la valla, desarbolada por el peso que trae la bola de Torró. Cuando se calma, cuando aprovecha que su rival pierde la inercia con la que aparece, aplacada la tormenta, la checa le hinca el diente al partido porque huele sangre. En el parcial definitivo, pone a correr a Torró, que de vértice a vértice se desespera, ahogada en los desplazamientos. La joven de 21 años claudica, superada por una tenista que empieza peleando desdibujada y acaba ganando con todas sus armas afiladas, preparada para lo que viene.

Los gestos de la española reflejan su desesperación. Después de dominar claramente, imaginando ya el triunfo, se marcha llorando de la pista pidiendo perdón a Conchita Martínez, la capitana española que luego deberá decidir si el cuarto punto de la eliminatoria lo juega de nuevo la alicantina o Silvia Soler, la número 77 del mundo, que formaría pareja con Carla Suárez en un hipotético punto decisivo. En Sevilla, además de con la raqueta, se juega con la cabeza.

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