Sara sigue siendo Errani

Javier Méndez desde la ciudad de Madrid

Dice el refranero popular que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Algo parecido es lo que le ocurre a Alejo Mancisidor, entrenador de Garbiñe Muguruza. Mientras el partido se juega en el alambre, el coach advierte, aconseja y vaticina. Adopta el papel de guionista improvisado. Y no falla. Cada punto es cuestión de centímetros y deciden los pequeños detalles. Ni siquiera el tiempo acompaña. El viento pretende ejercer de juez en cada disparo desde la lona, pero Sara Errani le gana al pulso a Eolo. Y también a Garbiñe Muguruza (4-6, 6-4 y 6-1).

La española y la italiana encarnizan una de sus clásicas batallas, las que casi siempre terminan en el último set, donde cada pelota se debate como si fuese la última. Pero Errani cada vez se parece más a aquella jugadora que habitaba entre las ocho mejores del mundo, precisamente en una época en la que consiguió su mejor marca en Cayo Vizcaíno (cuartos de final). De momento ante la española firmó su pase a octavos por segunda vez en su carrera.

De nada importa que Muguruza tenga una conexión especial con la pista dura de Miami, el escenario donde se presentó al mundo hace tres temporadas. Y eso que su idilio amagó con permitirle igualar su mejor marca en Crandon Park. En el sexto juego del partido (2-4), Garbiñe interpretó la partitura, para componer una melodía de notas cautivadoras. En palabras de Alejo Mancisidor, fue el momento en el que su pupila “había entendido el partido”. Hasta entonces, vivía maniatada a las órdenes de su rival.

Pero Garbiñe reaccionó en forma de dardos envenados. Desde la derecha, pero sobre todo con el revés. Golpes imposible, aliados con las líneas e inmunes a las direcciones que imponía el viento. Su bola, potente y precisa, sirvió para encadenar cuatro juegos consecutivos y cerrar el primer parcial por 6-4. Sus 13 errores no forzados se remendaban con otros 13 ganadores. “Con todo en contra te has llevado el set”, le susurró su coach en el banco. Eso sí, antes de marcharse le dejó un último mensaje: “No te puedes ir de cabeza”.¿Visionario o sabedor?

Desde el otro banquillo también un español, Pablo Lozano, hacía una última recomendación a Errani: “Necesito que la muevas con la derecha, que tu bola sea poderosa. Siempre se va al cruzado. Necesito que la saques fuera, no tengas miedo de irte a la red. Sé valiente”. Y ocurrieron la dos cosas. La española desconectó por momentos y la italiana aprovechó para firmar un break. En medio de la tempestad, Garbiñe volvió a solicitar una llamada a la calma y, entonces se encomendó a los ojos de su entrenador. Y a su discurso…

- Hay muchos puntos en los que te estás parando, Garbiñe. Vamos a afrontar.
- ¡No puedo!
- Sí puedes.
- ¡Que te juro que no puedo!
- Esto es lo que hemos dicho que no queremos.

Sin mediar más palabras, Muguruza pareció haberlo entendido. Una dosis de actitud podía ser suficiente para sacar adelante el partido. “De atrás no es mejor que tú”, le había recordado anteriormente Mancisidor a su pupila. Pero para entonces, el quiebre inicial en la manga de la italiana fue suficiente para mandar el partido al tercer set (6-4).

En el terreno de las imprecisiones se sucedieron las alternativas. A un break inicial de Errani, respondía Garbiñe con otro entregado por la propia transalpina con una doble falta. Pero como un bucle la historia se volvió a repetir. Tres juegos, tres roturas. La italiana se hizo fuerte sobre sus virtudes y deterioró a su rival, percutiendo en sus defectos. Los 49 errores no forzados de Muguruza hicieron el resto. La española se fue diluyendo, tras dejar escapar dos oportunidades de break, a la vez que Sara demostró que sigue siendo Errani.

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