Safarova frena a Carla

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Un ciclón en la media pista. Eso observó la primera semifinal del Premier de Doha, donde Lucie Safarova superó con solvencia a Carla Suárez (6-3 y 6-2), demostró su poderío superada la línea de fondo y se colocó a un paso de ganarse un puesto entre las diez primeras. La checa, un torrente de intensidad, se negó a repetir el pecado cometido en los cuartos de final por su compatriota Kvitova, que pagó ante la canaria un pestañeo con una brecha de 10 juegos y el cuerpo cosido a carreras. Por contra, Lucie siempre aceleró y gobernó un partido competido a puro ritmo -17 juegos consumidos en poco más de una hora-, con apenas margen para disputar los intercambios -la mitad de los puntos por debajo de los cinco golpes- y una tendencia imparable por competir metida en pista -más del 40% de los tiros con los pies por delante de la línea-.

Para Suárez, que buscaba su segunda final del año y la primera de su carrera sobre pista dura al aire libre, fue un encuentro respirado en el agobio. Sin encontrar la intensidad necesaria para frenar a una rival de fácil manotazo.  La checa, campeona de dobles en el último Grand Slam, planteó el partido volcada sobre la media pista, encontrando en los cuadros de servicio un hábitat natural para las zapatillas. Sin mordiente al resto en la española, carente de un segundo golpe decidido para abrir pista o cuestionar el golpazo de la checa, el encuentro marcha hacia lo fugaz, hacia el terreno de Safarova, que desata como patrón dominante una lluvia de voleas (15 de puntos 18 ganaría en la cinta). Un factor que echa para atrás a Suárez, víctima de un primer set de tensión constante -encara pelotas de rotura en cada servicio- y competido por rachas por rachas.

“En el 4-3 desapareces”, subraya Marc Casabó tras la entrega del parcial, testigo directo del vaivén de la canaria, capaz de resistir en un infierno (con 1-4 y Safarova desatada logra su único quiebre con un tremendo passing de revés cruzado), como de no ver la pelota cuando parece abrirse el cielo (ni un punto ganado  en el set tras recuperar la rotura). “Tenemos que hacer mejor lo que depende de nosotros. Si ella no puede dar el paso para delante, es otra jugadora. O le cuesta mucho más”. Safarova golpea a placer. Su derecha cruzada, un misil de trayectoria extraña por su componente origen zurdo, se dispara contra el revés de Suárez, rara vez liftado y casi siempre una fuente de pelotas cortadas, suficiente para que Lucie casi siempre gane pista. “Tienes que hacer más esfuerzo. Lo has hecho para llegar al 4-3, pero lo tienes que hacer durante más tiempo. Necesitas esa solidez, y si tenemos que tirar tiramos”, insiste Casabó a su pupila, doblada en golpes ganadores por su contraria, casi triplicada (9, por 24) al final del partido.

La canaria ilustra un perfil de angustia, apenas golpea el 7% de sus tiros toman cuerpo por delante de la línea y se aleja de ese patrón contundente que en los últimos tiempos moldea. La intensidad de Safarova, que apenas concede tres winners a Carla en todo el segundo parcial, termina por cerrar un encuentro bravo de principio a fin.

Para la checa es una impresión de madurez, porque pisa el techo de su carrera al tocar virtualmente el número 11 mundial, un puesto que sólo perdería -sería 12- si Venus Williams levanta el título. Para Carla, culminar una semana intensa tras sentar a dos top-15 y lamentar no entrar en una final Premier de cemento. La confirmación, pese al desenlace, de adentrarse en un nivel distinto.

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