Rarezas de la raqueta

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Madrid

San Petersburgo. 15 grados a la hora del partido. Bastantes más de los habituales en esta época. Pista extraña. Naranja sobre azul. Público extrañado. Un letón y un español se juegan un trofeo que antaño ganaron Kafelnikov, Safin o Youzhny. O incluso Kukushkin, un ruso nacido en Volvogrado reconvertido en kazajo por el oro negro. Y partido extrañísimo.

Sirva como ejemplo la secuencia de los cinco primeros juegos. Break de García López. Break de Gulbis. Break y saque en blanco de Guille. Saque en blanco de Ernest. Disparidad. Locura. Extrañeza. Tenis. Y así, entre buenos saques de García López y un festival de errores de Gulbis llegamos al final del primer set. 6-3 para el tenista de La Roda, con otro break final que sellaba los cinco servicios del letón: break, break, saque en blanco, saque en blanco, break.

Arranca el segundo parcial y se repite la historia. Los 7 primeros puntos son para Guille y un nuevo error infantil de Ernest con el revés le da el primer break. 2-0. Por fin tira de engranaje mental Gulbis y utiliza un par de dejadas para cambiar la dinámica. Funciona, pero el revés vuelve a sangrar. 4-2. García López insiste sobre ese revés como Nadal sobre el de Federer. Sin cansarse. Sin aburrirse. Ya se aburre el rival.

Guille ya sueña con su tercer título. Kitzbuhel, Bangkok y San Petersburgo. Vuelta al mundo. Y cuando las crónicas, incluida ésta, adornaban los elogios al español y afilaban las críticas al letón, el partido gira 360 grados. Vuelta al partido. Gulbis empieza a meterse en pista y a abrir ángulos. 4-4. Ya mueve a García López y ataca su segundo servicio. 4-5 con caña de Guille. 4-6 con saque imparable de Ernest.

El carrusel de errores no forzados gira ahora en contra de García López. Imposible de frenar. Imparable. 0-3 vertiginoso con doble falta final. Ayudan los problemas físicos de Guille, que busca consuelo y un nuevo cambio de dinámica en la atención médica. Imposible. 0-6. Gulbis se lleva 24 de los 29 puntos jugados en el tercer parcial.

El mismo jugador que en el primero cedió tres veces su servicio. El que destrozó una raqueta y tenía ganas de irse a la ducha por la vía rápida. El que iba a llevarse todos los palos de esta crónica. 6-3 4-6 0-6. 11 juegos consecutivos. Un partido nuevo. Locura. Extrañeza. Tenis.

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