Nadal se reencuentra con la bóveda

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

El retorno es exigente. Cuatro años después, Rafael Nadal vuelve al Masters 1000 de París-Bercy, derriba a Marcel Granollers (7-5, 7-5) y cierra su pase a tercera ronda, donde se medirá al polaco Jerzy Janowicz, finalista de la pasada edición. La trabajada victoria avisa de lo que viene: el mallorquín, que será matemáticamente número uno a final de año si gana el torneo, busca en Francia uno de los dos trofeos de la categoría que no tiene. En el penúltimo acto del esprint final, al que llega después de renunciar a Basilea para resguardar sus piernas tras un curso que le ha visto 74 veces sobre la pista, Nadal se encuentra titubeando ante un rival que le mira a los ojos. En un duelo de sensaciones negativas, el español demuestra una vez que su capacidad para ganar sin jugar bien es determinante.

El número 39 del ránking vende cara su derrota. Escudado por el saque y a lomos de su revés, el catalán plantea un partido completamente distinto a los dos anteriores que le miden a Nadal, ambos en 2012 y con resultados muy claros (1-6 y 1-6 en Roma y 1-6 y 4-6 en Indian Wells), donde acaba desdibujado, sobrepasado por la figura del campeón de 13 grandes. En París, amparado por la cubierta, Granollers mantiene su propuesta hasta el final: tan pronto se lanza a la red, especialista en esa zona de la pista, como araña las líneas con el golpe a dos manos, pegando recto, surcando el aire como el rayo la noche, evitando el debate desde el fondo de la pista. Así roba el ritmo a Nadal, que se encuentra anulado, sin soluciones para cambiar los acontecimientos. El mayor mérito de Granollers, pese a la derrota, es no bajar nunca los brazos, mantener la cabeza en el partido, creer que es posible.

“Ha sido un partido muy igualado. Marcel no me ha dado ritmo, ha intentado acortar los puntos y yo no he conseguido cambiar la dinámica”, explica el mallorquín en Teledeporte. “He jugado un partido tirando a flojito, pero es el primero en mucho tiempo en esta superficie. Esta noche debo pensar qué hacer mañana, porque será imposible ganar si no cambio”.

Antes de examinar su duelo ante Janowicz, el número uno del mundo reaparece maniatado bajo techo, la superficie que más le cuesta y en la que peor porcentaje de victorias atesora (65%). La primera manga se decide por seis puntos. Nadal, que apaga la alarma en dos ocasiones (3-4 y 30-30 y 4-5 y 0-30), rompe el saque de Granollers cuando el desempate ya se intuye en el horizonte. Se encuentra entonces con la primera bola de rotura en contra, sirviendo para cerrar el set (6-5 y 30-40). Falto de recursos, el servicio corre a auxiliarle. Son tres saques para solucionar el problema y hacer suyo un parcial lleno de claroscuros, salpicado de los tiros de siempre con los fallos de nunca. Así discurre también el segundo asalto, donde el español vuelve a lograr romper el saque del número 39 mundial antes de asaltar el desempate, cerrando la victoria tras caminar por la cuerda con la que trabaja el equilibrista en los espectáculos del circo.

A falta de limar sus golpes, errante durante algunos tramos del encuentro, carente de ritmo, Nadal descubre dos buenas noticias. Su servicio nunca le abandona. Con él gana el 86% de los puntos cuando sirve con primer saque (38 de 44), reduciendo a Granollers a una discreta bolsa de 20 puntos sumados al resto. “En días como hoy, donde desde el fondo de la pista no encuentro las sensaciones que necesito, es una buena noticia que el saque sí funcione”, analiza luego en Teledeporte. Además, sus movimientos bajo la bóveda de Bercy demuestran que la coraza está preparada para el arreón final, frescas las piernas, liberados los pulmones. El balear, no obstante, analiza ahora qué hacer para que sus tiros, sin el picante necesario, vuelvan a ser dagas afiladas. Ante Janowicz, un bombardero que competirá abrigado por el techo, serán indispensables para seguir peleando por una recompensa doble: un Masters 1000 que no tiene y la posibilidad de asegurarse el número uno a final de año antes de viajar a Londres para disputar la Copa de Maestros.

Avanzan Ferrer y Almagro

El alicantino, vigente campeón en París, comenzó la defensa del título tras tumbar al checo Lukas Rosol en tres mangas (6-0, 2-6 y 6-3). Ferrer, que entregó el servicio cuando sacaba para ganar el partido en la última manga, mostró una línea irregular durante el encuentro que le llevó a gobernar con solvencia en el primer set y a inclinarse con facilidad en el segundo. En tercera ronda cruzará argumentos con el francés Gilles Simon.

Por otra parte, Almagro se deshizo con facilidad del croata Ivan Dodig por 6-4 y 6-3. El número 13 del mundo encontró en su servicio un fortín inexpugnable (72% de puntos ganados al saque) y volvió a derrotar al croata tras la victoria de este año en el Conde de Godó de Barcelona. El murciano se enfrentará en la siguiente ronda al suizo Stanislas Wawrinka en el primer partido del jueves en la pista central.

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