Nadal se presenta en Río

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Si la actitud tuviera cara y ojos se le parecería demasiado. Tras más de dos meses apartado de la competición por una lesión en su muñeca izquierda, protegida por una ligera venda bajo la muñequera, Rafael Nadal irrumpió en los Juegos Olímpicos firmando un estreno lleno de pundonor, marcado por la intensidad desde el primer momento. El balear superó con contundencia la primera oposición del torneo (6-1 6-2 sobre el argentino Federico Delbonis), se citó con el italiano Andres Seppi para buscar una plaza en los octavos de final, y mandó un mensaje al vestuario: a ganas de competir, a ilusión por adentrarse en la cita olímpica, nadie le va a marcar el límite.

Así, y para meterse de lleno en dinámica de torneo, el español se abrió paso en un encuentro con varias capas de óxido por apartar: la inactividad competitiva desde su retirada en Roland Garros (transcurrieron 83 días desde su último partido oficial); la incomodidad de competir en un ambiente de gran humedad (al calor de Río de Janeiro se sumó una jornada de cielos cubiertos, incluso una fina lluvia que llegó a detener unos minutos el choque) y la emoción en su regreso a una cita olímpica (disputó su primer partido individual en unos Juegos desde que conquistara la medalla de oro en Pekín 2008).

En ese maremágnum de emociones surgió un competidor superior a cualquiera circunstancia. Aunque el arranque del partido ofreció una fase de acoplamiento (amenaza de quiebre en su primer turno al servicio; hasta cuatro break points desaprovechados antes de la primera rotura, y pérdida inmediata del primer break del partido), la ascensión del balear no encontró freno en un rival que golpeó con dureza en el tramo inicial del encuentro.

Rápido de piernas, y con voluntad de pasar de la defensa al ataque a la mínima opción, el mallorquín dejó detalles de actitud evidentes: trató de pegar junto a la línea de fondo en cuanto pudo (16 tiros ganadores en 15 juegos), manejó con alegría sus pies en la defensa del fondo de pista (ni 5 winners colocó el argentino en la segunda manga) y coloreó el partido con un festival de passing shots con su derecha (un golpe que refleja la intención ofensiva y la velocidad motora, con capacidad para colocar el cuerpo a tiempo en la posición correcta).

Con una intensidad gestual reservada a la etapa inicial de su carrera, en aquellos tiempos donde afirmaba sentirse capaz de correr durante dos días, o a los grandes encuentros de una trayectoria de oro, para remarcar la autoridad en escenario especial, el balear se abrió paso hasta la segunda ronda de los Juegos Olímpicos.

En Río de Janeiro, donde se pone en juego el mayor evento deportivo creado por el hombre, la voluntad de Nadal para impulsarse de nuevo.

Ferrer y Bautista dan el primer paso

Inmaculado fue el balance del contingente masculino español en la jornada del domingo en Río de Janeiro. David Ferrer comenzó la aventura olímpica a toda velocidad, firmando uno de los partidos más rectilíneos de la temporada sobre pista dura (6-1 6-2 al uzbeko Denis Istomin) para acceder a la segunda ronda del torneo y citarse con el ruso Evgeny Donskoy. Más removido fue el debut olímpico de Roberto Bautista, que obtuvo el pase a la siguiente fase ante la retirada de Andrey Kuznetsov cuando el choque había quedado igualado al cierre del segundo set (6-7 6-2). El de Castellón, décimo cabeza de serie, buscará los octavos de final ante Yen-Hsun Lu o Paolo Lorenzi.

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