Nadal se dispara

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

La grada acabó gritando su nombre de forma acompasada igual que la orquesta que regala al público su mejor espectáculo: Rafael Nadal se clasificó para las semifinales del torneo de Buenos Aires tras tumbar a Federico Delbonis  (6-1 y 6-1 en 62 minutos) y se citó con Carlos Berlocq (6-1 y 6-3 al eslovaco Rola) para pelear por estar en su primera final en nueve meses (Roland Garros 2014). El mallorquín lo celebró con el puño cerrado, como un animal que ha conseguido arrancarse las cadenas que lo mantenían preso: después de caer en las semifinales de Río en un encuentro que tenía dominado, el número cuatro se ganó la oportunidad de echar un pulso que le podría llevar a discutir por la copa. No hay mejor bálsamo para sanar sus heridas que la ocasión de competir otro día más. No hay ninguna cura más eficaz que la tranquilidad de celebrar un título. No hay otro remedio para el enfermo que vuelve a caminar que ganarle cada día medio metro al pasillo que recorre en plena rehabilitación.

“Nunca había sentido algo así en una pista de tenis fuera de España”, dijo el campeón de 14 grandes tras notar desde las butacas el incondicional apoyo del gentío, al que no le importó que Delbonis fuese un tenista de la casa para animar con vehemencia a su contrario. “Ha sido un partido positivo para mí. Con respecto a los últimos meses, la actitud fue buena y la movilidad también”, afirmó Nadal, que si supera las semifinales se medirá por el título al ganador del Almagro-Mónaco. “Si trabajo con intensidad y pasión, sé que tengo opciones de volver a competir bien”.

Por primera vez en semanas, Nadal abrochó un partido que dominó sin perder la continuidad, manteniendo siempre la regularidad que tanto busca desde que volvió en enero. El número cuatro, que se movió fantásticamente, pegó golpes increíbles, esos que durante toda su carrera se han ganado día tras día un hueco entre los mejores puntos del día. A Delbonis solo le quedó agarrarse a la ilusión para intentar frenar ese vendaval. Fue imposible: cuando el número 59 mundial se quiso dar cuenta, el español ya tenía más de medio triunfo construido.

Nadal jugará ahora con Berlocq, al que ha derrotado en los tres precedentes. El partido, sin embargo, está por encima del rival: el mallorquín se enfrenta a sí mismo para comprobar si es capaz de enlazar dos buenas tardes a un nivel adecuado para llegar a su primer duelo por el título desde el pasado Roland Garros. Todo un reto.

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