Nadal respira

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Lo vio Guillermo Vilas, el jugador con más títulos en arcilla de la historia: Rafael Nadal debutó en Buenos Aires ganando 6-4 y 6-0 a Facundo Arguello y se clasificó para los cuartos de final, que jugará el viernes contra Federico Delbonis (6-4 y 6-2 al italiano Lorenzi). Lo vio Gastón Gaudio, verdugo del número cuatro en 2005: en su segundo torneo sobre tierra batida de 2015, tras caer en las semifinales de Río ante Fognini después de malgastar una clara ventaja y acabar acalambrado, el mallorquín superó el estreno frente un jugador que removió sus dudas en el arranque y terminó diluyéndose con el marcador en contra, aplastado por la leyenda del mejor de siempre sobre albero. Lo vieron el resto de jugadores argentinos, que se citaron en la grada motivados por la presencia del legendario competidor: como en las últimas semanas, el campeón de 14 grandes fue incapaz de consolidar la primera ventaja que logró (break cedido en el arranque del primer parcial) y tembló cuando tuvo la oportunidad de abrir brecha en el duelo. Pese a eso, ganó y el triunfo le permitió desempatar con Boris Becker, quedándose en solitario como el último tenista del top-10 histórico de victorias (714), y llenar de aire sus pulmones. En mitad de la tormenta, Nadal respiró profundamente.

“Nunca es fácil cuando vienes de perder un partido como el de Río”, dijo Nadal sobre la pista entre los aplausos del graderío, que una década después vivió el regreso del español como una fiesta. “He empezado nervioso. Arguello venía de hacer un torneo muy positivo granando cuatro encuentros seguidos y ha jugado un primer set muy bueno”, prosiguió, felicitando a su rival. “Estoy feliz de la victoria. Quiero jugar como terminé el partido: siendo más agresivo”.

El pulso se jugó en una pista húmeda y pesada. La lluvia obligó a detener el partido entre Leonardo Mayer y Juan Mónaco, que se disputó justo antes. Las consecuencias fueron claras: a Nadal le costó horrores mover la pelota, que pocas veces describió los tremendos efectos que tanto temen en el vestuario. El español empezó varios metros tras la línea de fondo, tocando mal la bola (sucia, que dicen los tenistas), y celebró el triunfo con una derecha cruzada  afiladísima que resumió el camino a seguir para acabar de subir la escalera que tanto repite para responder a las preguntas de los periodistas sobre su situación actual.

La prueba de salida no fue suficiente. En su primer partido ante un top-10, Arguello aterrizó con ganas de demostrar que el escenario no le quedaba grande. El argentino, un rival con muy poco para hacer daño a Nadal (1,78m, saque atacable y revés endeble) perdió su servicio en el juego inaugural del encuentro y casi sin hacer nada se encontró con el marcador igualado (break para 2-2), porque el español volvió dilapidar lo que había logrado con cuatro errores impropios que nacieron entre las descoordinación y la precipitación. Que el mallorquín consiga romper el servicio de su contrario no es garantía de nada actualmente, tan pronto es capaz de acelerar como de enredarse inmediatamente después. El ganador de 14 grandes compite a tirones, sin una regularidad constante que le permita apretar cuando sea necesario, cualidad que distingue a los mejores del circuito.

Nada mejor que su primera manga para explicar qué es Nadal hoy: el español cometió los mismos errores que Arguello (15), conectó un golpe ganador menos (dos por tres) y acabó echándole el lazo al parcial. Como el hambre es imposible de negociar en un animal competitivo de su altura, como la pasión no se puede apaciguar, el mallorquín ganó con lo que tuvo (momentos grises y otros muy buenos, como la segunda manga donde su oponente sacó bandera blanca) para pelear el viernes ante Delbonis por estar en semifinales y seguir dando pasos al frente.

Que Nadal sigue buscándose quedó claro en Buenos Aires. Su saque no le proporciona la tranquilidad necesaria para asegurar el terreno conquistado. Con la derecha puede hacer los tiros más asombrosos (de línea en línea) y los errores más clamorosos (bolas estampadas contra la red después de enganchar la pelota entre las cuerdas de la raqueta). El revés no funciona, como quedó probado ante Arguello, que volcó sus embestidas sobre esa zona de la pista. En consecuencia, el número cuatro del mundo explota su corazón de campeón y compite agarrándose a la victoria mientras termina de ajustar todo su argumentario. No hay otro remedio que enfrentarse a los problemas de la competición para volver a ser el de siempre.

  • Eva

    Creo que no hacía falta tanto discurso para decir que Nadal está fuera de trainning,fuera de competición, necesita muchos partidos, caray, es un ser humano….jejeje

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